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MUNDIARIO

Cinco aspectos y detalles que cambian en una persona al viajar

Toda expedición a lugares nuevos, especialmente a otros países, cambia permanentemente nuestra percepción de las cosas. Nunca volvemos a ser los mismos tras descubrir un nuevo rincón.

Cinco aspectos y detalles que cambian en una persona al viajar
Imagen del Times Square en Nueva York. / Instagram: @bilderjager
Imagen del Times Square en Nueva York. / Instagram: @bilderjager

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Hay un proverbio que reza “el mundo es un libro y quien no viaja solo lee una página”. Nadie que viaje a donde sea puede regresar igual a su punto de retorno. La mente, los hábitos, la forma de pensar y un sinfín se ven afectados con cada travesía. A continuación, cinco cosas que no vuelven a ser nunca las mismas tras viajar:

1-    Atención a los detalles

Quien pasa toda su vida como un árbol en el mismo lugar jamás será detallista. Esto se dice en el sentido que cuando se va a algún lugar nuevo, especialmente a otro país, uno nota que las personas en este destino hacen cosas distintas al saludar, al hablar o al interactuar con los demás. Pasa lo mismo en las calles, pues en algunos lugares son más limpias que otras, por ejemplo. La cuestión es que viajar nos vuelve más atentos para detectar detalles en las personas y los lugares que antes no tomábamos en cuenta porque no conocíamos más que nuestro lugar de origen.

2-    Vencer estereotipos

Al viajar, especialmente si se hace por vacaciones, se pueden conocer personas de distintas religiones o etnias. Usualmente lo que conocemos precisamente de otras etnias y religiones lo conocemos gracias a medios de comunicación o películas, por lo que puede que tengamos una imagen muy sesgada de alguna específica. Al conocer a estas personas esos estereotipos cambian (bueno, en algunos casos lamentablemente se confirman) y eso nos hace personas con una mente más abierta y tolerantes a los demás.

3-    Descubrir qué pequeño es el mundo

Pues cada país y cultura tiene sus propias características que los hace únicos, sí, pero es que también al viajar uno se da cuenta de lo realmente pequeño que es el mundo y qué parecidos somos todos, por más que suene irónico. Es que hay cosas que son iguales en todas partes. Por ejemplo los regaños de una madre. Una mamá va a exigirle al niño de cinco años que se ponga una chaqueta al salir a la calle porque puede que llueva; el niño responderá de que no está lloviendo y de que no es necesario. El intercambio de argumentos terminará con el niño enojado con la chaqueta puesta y la mamá tranquila de que hizo lo correcto aunque su hijo no la entienda. Esa escena será así en cualquier rincón del mundo.

4-    Nos hace más desvergonzados

Viajar nos obliga a hablar con nuevas personas, especialmente si es un viaje a otro país. Ya sea porque alguien nos parezca atractivo o atractiva o porque nos perdimos y nos urgen indicaciones, lo cierto es que un viaje es la excusa perfecta para perder la pena de hablar con los demás. También eventualmente haremos el ridículo durante una expedición, pero total, nadie nos volverá a ver entonces ahí se desvanecerá la vergüenza también.

5-    Disfrutar algunas series y películas

Pues cuando se ve una serie o película grabada en una locación que ya se ha visitado, la producción automáticamente adquiere un sabor especial. Hay un placer oculto en poder ver algo en la pantalla y decir “¡Yo he estado ahí”. Suena absurdo, pero quienes han viajado entienden este punto. @mundiario