¿Sana, pero vendible? Zara queda en medio del debate por la normalización de la delgadez

Un letrero de ZARA en una de sus tiendas. / RR SS.
La reciente retirada de imágenes por parte de Zara, tras las críticas de un organismo británico sobre la extrema delgadez de una modelo, reabre un debate incómodo para la industria de la moda: ¿hasta qué punto sigue siendo tolerable una estética que normaliza cuerpos poco saludables?

Zara, la joya de la corona del emporio Inditex, se ha visto obligada a rectificar. No por una revolución interna en sus criterios estéticos, sino por una queja formal emitida desde Reino Unido. La Autoridad de Normas Publicitarias (ASA) de ese país calificó de "irresponsables" varias imágenes publicadas en la tienda online de la marca, en las que una modelo mostraba, según el organismo, signos visibles de delgadez poco saludable. La respuesta de Zara ha sido rápida pero evasiva: retiraron las imágenes, sí, pero insistiendo en que las modelos contaban con certificados médicos que acreditaban su buen estado de salud. 

El caso va mucho más allá de una simple controversia sobre imágenes. Lo que está en juego aquí es la persistente incoherencia entre la imagen que las grandes marcas quieren proyectar —moderna, inclusiva, consciente— y los cánones que siguen perpetuando, donde los cuerpos visiblemente delgados no solo son aceptados, sino que siguen siendo la norma hegemónica para vender moda.

Zara se defendió alegando que sigue las recomendaciones del informe Fashioning a Healthy Future, que exige que las modelos cuenten con aval médico y hayan sido evaluadas por especialistas en trastornos alimentarios. Pero ¿es esto suficiente? ¿Hasta qué punto un informe técnico y una firma médica neutralizan el poder simbólico de una imagen que llega a millones de personas en todo el mundo?

La moda es lenguaje visual, es cultura y es aspiración. No se trata únicamente de la salud de una modelo —que, según Zara, estaba garantizada—, sino del mensaje que esas fotografías transmiten: que ese cuerpo, extremadamente delgado y huesudo, es el que hay que imitar, desear, vestir. Y ese mensaje no lo anula ningún certificado.

Es especialmente llamativo que la respuesta institucional haya venido desde Reino Unido y no desde dentro de la propia España, donde Zara es marca nacional y referencia global. Esto indica una falta de control interno que se ampara en la ausencia de escándalo local. La propia compañía reconoció no haber recibido quejas directas sobre los anuncios. ¿Nos hemos anestesiado ante este tipo de representaciones? ¿O simplemente no se tolera la crítica cuando se dirige a un gigante de la industria?

Imagen de la tienda online de Zara vetada en Reino Unido, donde alegan extrema delgadez. / Zara.

Además, el argumento de que las imágenes no fueron retocadas más allá de cuestiones lumínicas es, en el fondo, un reconocimiento implícito del problema. No se trata de que los cuerpos hayan sido manipulados digitalmente, sino de que los estándares de selección siguen priorizando una estética que muchos perciben como enfermiza. Que esa delgadez extrema sea real no debería tranquilizarnos, sino preocuparnos aún más.

Esta polémica no es un caso aislado. Es parte de un patrón que la moda no termina de romper. A pesar del auge de campañas de diversidad corporal, la representación de cuerpos fuera de los cánones tradicionales sigue siendo anecdótica o meramente testimonial. Las grandes marcas —incluida Zara— se han sumado a la narrativa de la inclusión más por conveniencia comercial que por convicción ética. Y cuando se trata de sus escaparates digitales, como es el caso de estas imágenes retiradas, la realidad es que los cuerpos “normativos” siguen dominando sin matices.

Resulta contradictorio que una marca como Zara, que presume de estar a la vanguardia de las tendencias y la sensibilidad social, continúe incurriendo en prácticas visuales que evocan a una moda de otra época, la de los noventa y los dos mil, cuando la extrema delgadez era vendida como un ideal incuestionable.

Imagen de la tienda online de Zara vetada en Reino Unido, donde alegan extrema delgadez. / Zara.

El mensaje que deja esta situación es preocupante. Las empresas parecen seguir actuando bajo el principio de que todo es válido mientras nadie se queje demasiado alto. Solo cuando un organismo público llama la atención, reaccionan. Pero la responsabilidad ética no debería depender de una denuncia formal, sino de una reflexión interna sobre el impacto que tienen sus decisiones estéticas en millones de jóvenes, especialmente mujeres, que consumen su contenido.

La moda tiene un poder simbólico inmenso. Las imágenes que proyecta no solo venden ropa, también modelan imaginarios, moldean identidades y determinan cómo nos vemos —y cómo queremos vernos—. Por eso, seguir mostrando cuerpos que parecen al borde del colapso, aun bajo la excusa de que gozan de “buena salud”, es una forma de irresponsabilidad que ninguna gran marca debería seguir tolerando. Mucho menos una que, como Zara, lidera la industria textil global.

Retirar unas fotos es fácil. Cambiar de verdad los valores estéticos que definen una marca, eso sí que requiere voluntad. Y hasta ahora, no la estamos viendo. @mundiario