De Barcelona a Metrópolis: el tejido catalán que viste al nuevo Superman

Superman. / DC.
Detrás de cada superhéroe hay una historia. Y, en el caso del nuevo Superman, también hay una tela. No una cualquiera, sino una pieza de ingeniería textil firmada por una casa catalana con décadas de excelencia a sus espaldas.

A menudo olvidamos que el cine no solo vive de guiones y actores: también lo hacen posible las manos expertas, los oficios tradicionales y la excelencia silenciosa de empresas que, desde el anonimato, construyen parte del imaginario colectivo. La última película de Superman, dirigida por James Gunn y protagonizada por David Corenswet, no solo supone una nueva relectura del superhéroe por excelencia: también es un escaparate inesperado del talento textil europeo, y más concretamente catalán.

La icónica capa roja de Superman, ese símbolo de poder, nobleza y justicia, ha sido confeccionada con un tejido de crêpe diseñado por la firma barcelonesa Gratacós, una casa especializada en textiles de alta gama que opera desde 1940, según confirma El País. Lejos del escaparate ruidoso de la moda de consumo, Gratacós ha cultivado un perfil bajo, pero con impacto global. ¿Su secreto? Una combinación de innovación técnica, tradición y sentido estético que ha seducido a la élite del diseño internacional y a las grandes producciones audiovisuales.

El tejido concreto que luce el nuevo Superman no es un hallazgo casual: se trata del modelo Ebro, uno de los más codiciados de la firma. Aparentemente sencillo —un crêpe doble teñido en rojo intenso—, este textil esconde una ingeniería sutil. Su composición incluye un porcentaje de poliuretano, lo que le proporciona una elasticidad ideal y una caída majestuosa. No es solo una tela, es una herramienta narrativa: permite que la capa vuele, se agite y abrace al personaje como parte viva del propio mito.

Lo notable del caso Gratacós es cómo una firma sin estridencias ha conseguido —en un mercado feroz— posicionarse como referente absoluto en el suministro de tejidos de lujo. Tras abandonar en 2014 su tienda histórica en el Passeig de Gràcia, muchos interpretaron el gesto como un repliegue. Sin embargo, fue exactamente lo contrario: desde entonces, la empresa ha apostado por crear dos colecciones propias de tejidos al año, elevar su presencia internacional (con showrooms en Nueva York y Madrid) y abrir nuevos canales de distribución en más de 80 países.

Los nombres que compran a Gratacós no son menores: Chanel, Carolina Herrera, Balmain, por citar solo algunos. Y las clientas que lucen sus tejidos en galas y recepciones son aún más visibles: la reina Letizia, Kate Middleton o celebridades de Hollywood han vestido diseños construidos sobre telas firmadas por esta casa catalana. También sus tejidos han dado cuerpo a los fastuosos vestuarios de series como Los Bridgerton, donde el exceso decorativo se sustenta sobre telas bordadas, con textura y presencia.

Superman. / DC.

Pero el verdadero éxito de Gratacós no reside en su visibilidad, sino en su coherencia. En un tiempo dominado por la inmediatez, la firma ha apostado por un modelo de negocio en el que la calidad, la sostenibilidad y la trazabilidad no son lemas de marketing, sino criterios estructurales. Sus tejidos se diseñan en Barcelona y se producen en Italia, en fábricas especializadas en el textil de alta gama, como las que aún sobreviven en la región de Como. Esta alianza mediterránea —Barcelona-Milán— es una de las claves del equilibrio entre creatividad y técnica que caracteriza sus colecciones.

Resulta curioso que, en un mundo dominado por los superhéroes digitales y los efectos especiales, lo que más destaca en pantalla sea una capa real, de tejido noble, confeccionada a la antigua usanza. Y es aún más llamativo que esa capa sea fruto del talento de una empresa que, sin estridencias, ha demostrado que la alta artesanía textil tiene aún mucho que decir, incluso cuando se trata de vestir a un mito como Superman.

Gratacós no necesita volar ni salvar al mundo. Le basta con hacer bien lo que sabe: diseñar telas que hablen por sí solas. Y, mientras el héroe surca los cielos, en cada pliegue de su capa viaja también un pedazo de Barcelona. @mundiario