Vida de apariencias, superficialidad y vacío existencial

Mujer sintiendo tristeza. Pixabay.    Tereza Flachová
Mujer sintiendo tristeza. / Pixabay. / Tereza Flachová
Últimamente, una de las quejas más recurrentes de quienes buscan un trabajo psicoterapéutico es el vacío existencial. Los pacientes refieren falta de sentido en la vida, malestar producido por un sentimiento de falta de inclusión, fracaso e impotencia, corroborando en este discurso quejas de estados depresivos y ansiosos.
Vida de apariencias, superficialidad y vacío existencial

Parece que el vacío existencial ha plagado a la humanidad. Actualmente, vivimos en un patrón de comportamiento de momentos y placeres fugaces, de consumismo desenfrenado, de lo superfluo, de valorar las apariencias para sentirnos socialmente aceptados. Y en medio de tantos “espejos narcisistas” que se mezclan, quedamos atónitos e incluso perdemos el sentido de nuestra propia identidad. Vivimos en un mundo de incertidumbres, placeres fugaces, “tener” a expensas del “ser” y necesidades alienadas que nunca se satisfacen en un sentido más profundo, provocando una continua sensación de pérdida de valores y referentes. En este “contrato social” de la cultura de la comida rápida y la disponibilidad, el propio ser humano se convirtió en un producto del imaginario popular de uso y consumo.

Vivimos en tiempos impredecibles nunca antes vistos, donde la velocidad de los eventos no sigue sus significados e internalizaciones. Ya no hay espacio para profundizar en las raíces, arreglar dificultades, reparar problemas comunes del día a día. Hay un discurso que no se habla pero que se vive constantemente en el que todo pierde fácilmente su sentido, donde normalmente nadie está dispuesto a resolver los problemas a largo plazo.

Las experiencias actuales podrían metaforizarse como la búsqueda de un oasis, donde tenemos hambre y sed de una sensación de profundidad, pero al mismo tiempo huimos de ella. Y como todo oasis es un espejismo, nunca llegamos a la satisfacción de lo que debería ocupar una importancia real. Si bien queremos una vida que cumpla con una existencia significativa, nos contradecimos en el abismo de las superficialidades. Pero, ¿realmente queremos una existencia verdadera?

Somos realmente paradójicos. Vivimos en una sociedad en la que todos estamos interconectados por los medios, entre me gusta y compartidos. Las personas son nuestras amigas o nos siguen en las redes sociales, pero estas mismas personas, contradictorias cuando nos encuentran por la calle, apenas nos saludan. En otras palabras, preferimos vivir en la alienación de lo irreal que vivir relaciones reales, porque necesitamos nuestros espejos narcisistas, y no nos interesa el “rostro lavado” que la vida ofrece en su espontaneidad; esto destruiría nuestro sentido de omnipotencia en nuestros juegos del ego.

Y así permanecemos hambrientos y sedientos de significados reales, contemplando la superficialidad de una vida de apariencias para escapar de la soledad de nosotros mismos, buscando la plenitud en los bienes de consumo, en otro imaginario que colme nuestras expectativas existenciales igualmente con las apariencias. Aparte de este discurso nihilista y ante todas estas circunstancias, ¿habrá un poquito de genuino para salir de la matriz y (re) encontrarnos en nuestra "esencia"? @mundiario

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