Los niños me tiraban balonazos

Jane Eyre, Charlotte Brönte
Jane Eyre, Charlotte Brönte.

Creo que el sexismo imperante arruina el bienestar emocional de las personas. Es decir, que la sociedad está juzgando a las personas por su orientación sexual, y esto es brutal, nefasto, un error para mis modales.

Los niños me tiraban balonazos

Me agobia el deseo que impera sobre mí, no puedo cumplir ese tipo de expectativas habitualmente. Hallo devastador que la voluntad de todos sea acabar en la cama y joderlo todo... Hasta la vez siguiente, y así van pasando sus experiencias, como si los revolcones fuesen cromos.

Por eso, porque la gente es gobernada por la entrepierna, el feminismo generalizado se ha convertido en un guateque en el que la salida de emergencia es la marginación.

Los adultos parecen bestias aturdidas en su tiempo libre, mientras que solo entienden las cosas si tienen un precio.

La guerra de sexos es, hoy en día, un juego de seducción. Así, la moral feminista ha devenido en: 1) consentir la promiscuidad, 2) aportar violencia al comportamiento de la mujer.

Es un error considerar que las mujeres tengamos que ser menos femeninas para luchar por lo nuestro, ya que lo que la agresiva sociedad necesita es nuestra delicadeza.

Por mi parte, aunque fui pionera en la defensa de la emancipación de los géneros (y agradezco la diversidad y riqueza que los seres gays aportan a la cultura y la convivencia), creo que el sexismo imperante arruina el bienestar emocional de las personas. Es decir, que la sociedad está juzgando a las personas por su orientación sexual, y esto es brutal, nefasto, un error para mis modales.

Siempre tuve claro que soy libre y válida como mujer. Desde mis estudios, en los que nadie me superó, yo guardaba la noción de que las niñas éramos mejores que los niños.

Ante los acosos me salvó la pura inocencia, a pesar de que fui muy deseada y perseguida por los dos sexos.

Mi clave es la siguiente: para mí no existe el sexo, sino la afinidad. No procuro el interés carnal y cuido mi cuerpo, emergiendo de ello la paz espiritual. ¿Asexual? Rechazo nomenclaturas o dedos señaladores, sino que busco los puntos en común guardándome las conclusiones para la causa civil.

Sin embargo, no pude eludir los abusos sufridos a lo largo de mi vida, los cuales, ahora que los sé pelear, me confieren horribles pesadillas.

Creo que aquellos niños que me tiraban balonazos tenían complejo de inferioridad, querían atentar contra mi imperturbable femenino: el poder de la palabra y la no-violencia.

Así, a base de agresiones físicas, hoy mis conexiones cerebrales vibran de vida y fe, ahora que mi cabeza recuerda los traumas lejanos de los que se desplaza a la velocidad de un grito: "¡niña!"

Mi mente abierta y cosmopolita reverdece después de sus fases depresivas para mostrar su prodigio, su fluidez.

De lo fuerte que fui hasta ahora, siento que me puedo permitir llorar la toma de consciencia de los insultos, trabas impuestas, tretas desleales de mis rivales que no eran amigas ni compañeras.

Puedo enorgullecerme de haber confiado fraternalmente en otras mujeres aunque me traicionasen, porque con el tiempo lo entenderán. Así que perdono y miro al frente, cuando aquellos niños son ahora trabajadores cabizbajos que ocupan su lugar. Y, sobre todo, conscientes de que mi amor es tarea difícil y pocos lo merecen; un amor de linda muchacha... @mundiario

  

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