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La impulsividad y sus consecuencias

Todos tenemos un cierto grado de impulsividad, siendo este comportamiento fundamentalmente protector, pero equilibrado. Conozca un poco sobre lo que les sucede a las personas impulsivas.
La impulsividad y sus consecuencias
Hombre preocupado./ Sammy Williams en Pixabay
Un hombre con gesto preocupado. / Sammy Williams en Pixabay

La impulsividad, cuando es negativa, es una respuesta conductual imprevista, instintiva, por lo tanto, no racionalizada y desproporcionada a un evento ambiental dado, percibida como estresante, que puede traer daños a la vida personal, relacional y social, y generalmente va seguida de arrepentimiento.

La impulsividad está relacionada con la dificultad de posponer la gratificación de algo, satisfaciendo el placer inmediato, por tanto, en detrimento de un bien mayor para el propio individuo o incluso para el grupo.

En la década de 1970, el psicólogo Walter Mischel, profesor de la Universidad de Stanford, realizó el famoso experimento "Marshmallow". Consistía en dejar al niño solo en una habitación donde le ofrecían un malvavisco. La regla se basaba en el siguiente aspecto: "Si el niño no se comía el caramelo, en 20 minutos, ganaría dos caramelos". Este experimento evaluó la capacidad de posponer la gratificación momentánea por algo mejor en el futuro. Walter concluyó, a los pocos años, que los niños que pospusieron el bono controlando el impulso de comer el caramelo, fueron precisamente los que tuvieron mayor desempeño académico y social, demostrando que el control de la impulsividad está directamente relacionado con la calidad de vida.

Entonces, cuando somos apresurados e impulsivos, tomamos decisiones sin planificar, hablamos sin pensar, actuamos sin ningún filtro que pueda predecir las posibles consecuencias. En otras palabras, actuamos contra nosotros mismos, nos disparamos en el pie. Después de un acto de impulsividad, casi siempre llega el arrepentimiento, pero la actitud ya se ha tomado, ya se ha dicho la palabra y se ha hecho el daño, y no hay vuelta atrás. Por eso, es necesario discernir la diferencia entre impulsividad negativa y autenticidad, espontaneidad o incluso sinceridad, ya que son cosas bastante distintas.

Todos tenemos un cierto grado de impulsividad, y este comportamiento es fundamentalmente protector, pero equilibrado. Esto se debe a que nuestros comportamientos emocionales fueron seleccionados filogenéticamente para poder sobrevivir. Tienen funcionalidad, no por casualidad. Citaré el miedo como ejemplo, una emoción que a menudo se considera negativa. El miedo, en la medida justa, tiene una función protectora, porque sin él podríamos comprometer nuestra vida. Por otro lado, este mismo miedo, cuando se agudiza, huye de esta propuesta de protección, provocando molestias, provocando pánico y deteniendo la vida.

Al ser una emoción disfuncional, la impulsividad negativa puede dañar las relaciones, además de ser la fuente de muchos daños sociales y sufrimiento personal en todos los ámbitos de la vida. Por ello, las personas que tienen este patrón de comportamiento tienen más probabilidades de no completar lo planeado, sabotear su dieta, entrar en juegos patológicos, adicciones y situaciones de riesgo en general.

Como todo tiene ambas caras de la moneda, la impulsividad también tiene su lado positivo, siempre corroborando la propuesta de equilibrio y basada en comportamientos asertivos. El comportamiento impulsivo nos motiva y alienta en el seguimiento y ejecución de nuestros proyectos y logros. Sin embargo, la palabra clave "saldo" nunca debe pasarse por alto.

Reflexión

Al actuar con moderación y tolerancia, se salva una vida, se evitan discusiones acaloradas, menos personas son agredidas física y verbalmente y ya no se lanzarán muchas flechas malignas. Necesitamos aprender a posponer la recompensa, a tener paciencia para esperar el momento adecuado para actuar, siempre basados ​​en el discernimiento. @mundiario