La felicidad se encuentra, no se busca

Mujer feliz. Adam Winger en Unsplash
Mujer feliz. / Adam Winger en Unsplash
A menudo percibimos que se requiere una solución cuando aparece el problema. De ahí que el mundo empresarial ande preocupado por la llamada felicidad cuando en realidad su campo de influencia nos lleva al bienestar.
La felicidad se encuentra, no se busca

Esta frase del escritor Ignacio Errando Mariscal me dejó pensativo. Me impactó. ¿Sabe por qué? Porque a menudo el pensador es aquel que nos hace pensar.

Para entender la felicidad desde su origen, debemos echar un vistazo a la Genética del comportamiento. Una disciplina que relaciona esa parte “etérea” y volátil de las sensaciones, emociones y sentimientos con la expresión genética que, como bien sabe, es única e intransferible.

Al igual que no podemos modificar nuestro genes con solo desearlo, sí podemos activar ciertos recursos ambientales para orientar su expresión. Se trata de la acción epigenética que accede a la modulación de la expresión de los genes sin modificar el ADN, arbitrando ciertos interruptores on/off.

¿Felicidad o bienestar?

A menudo, percibimos que se requiere una solución cuando aparece el problema. De ahí que el mundo empresarial ande preocupado por la llamada felicidad cuando en realidad su campo de influencia nos lleva al bienestar.

Sabemos que las personas felices son más productivas, siempre y cuando los factores de dicha felicidad personal sean coincidentes y/o complementarios con los interruptores de aquellos con los que se relacionan.

Pero tenga en cuenta que también hay gente envidiosa y que su “felicidad” es inversamente proporcional a la percibida en otros.

Aun así y sin entrar de lleno en aspectos semánticos, usted y yo sabemos a lo que me refiero.

El caso es que si queremos hacer las cosas bien, debemos empezar por el principio. Los genes y su influencia en los sistemas neuromoduladores.

ADNe®

A día de hoy, únicamente existe una forma de medirlo. Se trata del sofisticado y complejo algoritmo que replica el modelo sináptico de las personas. Su nombre es ADNe®.

A través de dicho algoritmo se han podido desarrollar diferentes ecuaciones. Entre ellas, la propuesta por la Dra. Paloma Fuentes que indica la existencia de 20 habilidades mentales que nutren dicha felicidad.

También encontramos dicho algoritmo activando e interpretando la “Rueda de las emociones” bajo la propuesta de las psicólogas clínicas Natalia Pedrajas y Katya Vázquez, quienes nos llevan más allá de lo que nos llevó Paul Ekman al renombrar las emociones universales.

El caso es que parece ser que la felicidad “va por dentro” y que a través de los sentidos, las personas vamos recibiendo estímulos que nos hacen sentir más o menos bienestar.

Por ello, hay que ser comedido en la generación de un abanico de “herramientas” y “vehículos” que se ponen a disposición de los trabajadores. De hecho, un amplio espectro de actividades podría resultar contraproducente. Ya sabe… mindfulness, respiración, ejercicio, risas, aromas, colores, esa cervecita, etc...

De hecho, cada uno encuentra su “modo on/off” y no siempre la relajación es la mejor opción.

Durante el año 2.020 se realizó una medición a 100 alumnos universitarios que pretendía, en primer lugar conocer la felicidad de cada individuo (“al vacío”) y después, apreciar las oscilaciones de ésta en relación a cambios ambientales de impacto.

Tenga en cuenta que cuando nos referimos al ambiente, lo hacemos pensando en todo aquello que nos rodea y que en mayor o menor medida incide en nosotros a través de nuestros sentidos y de sus procesos neurobioquímicos posteriores. Aspectos tan aparentemente banales como la arquitectura en toda su extensión y no en la de “amontonar ladrillos” son de vital importancia. Lo que ocurre es que nos acostumbramos a percibir ese ambiente y por ello, generamos una rutina sensorial que debilita la percepción de nuevos estímulos y con ello, de nuevas experiencias.

Como puede imaginar, los alumnos poseían factores comunes como el campus, el clima, la localización geográfica, las aulas, los profesores, los contenidos, la cafetería, etc… Esto nos hacía pensar que la “metabolización” de dichos factores no generaría grandes modificaciones en la felicidad inicialmente medida.

El caso es que únicamente el 5% de los alumnos mostró estanqueidad con respecto al ambiente. Digamos que su Felicidad no variaba. En cambio, 45 individuos mostraron alteraciones negativas de diferente magnitud, mientras que 50 estudiantes incrementaron sus intensidades de forma positiva. Como sospecha, esta medición no se puede ni se debe denominar “felicidad” sino “bienestar”.

Todo empieza en el reclutamiento

Las empresas llevan muchos años trabajando es estos temas, así que este fenómeno no es nuevo aunque ahora venga importado del exterior.

Desde hace décadas, empresas tan icónicas como Mapfre o Catalana Occidente han venido preparando viajes “premio” para sus empleados y sus familiares. Algunos de ellos han llegado a comentar que la experiencia era excesivamente corporativista pero todos, sin excepción, se lo pasaron estupendamente.

Lo cierto es que este tipo de actividades refuerzan los vínculos personales aunque en algunos casos concretos donde la ambición, la rebeldía y/o la frustración son las señas de identidad de algunas personas, el efecto es el contrario.

También la conocida cervecera Mahou San Miguel lleva años desarrollando este concepto con resultados positivos.

Quizás, la función de los gerentes de felicidad o de bienestar sea que todas las personas encuentren su felicidad a través de la transformación ambiental, mientras que para RR. HH. sea encontrar personas felices.

Por ello, resulta necesario que la generación de dicho bienestar comience con la medición de la felicidad. Me explico… Todo empieza en el reclutamiento.

¿Hay ciudades y sociedades más felices?

A menudo se confeccionan rankings sobre “Ciudades felices” pero ya le digo que en todas ellas conviven todo tipo de personas.

A lo que se refiere este concepto es exactamente a los factores ambientales que, a priori, incrementarán ese bienestar. Desgraciadamente, estudios como el anteriormente comentado nos indican que esto no es así. Le pongo un ejemplo muy simple a la vez que coyuntural.

Los carriles “bici” hacen felices a los ciclistas urbanitas mientras generan cierta infelicidad a un número indeterminado de peatones. También, mientras que la diversión nocturna en una noche de Fallas es una constante, para algunas personas mayores o de profesiones esenciales que deben madrugar es un verdadero suplicio.

Lo cierto es que salud, dinero y amor son los 3 ejes del bienestar. Por ello, sociedades con una excelente cobertura sanitaria, generadoras de riqueza y… en este último caso tendríamos que definir “el amor”. Pero lo vamos a dejar para otro momento.

Le invito a pensar por un momento cuánta gente vive agobiada por la falta de alguno de estos 3 recursos. Personas en una búsqueda constante que a menudo genera desaliento, frustración, enfado, estrés, etc…

Como ve, la felicidad se encuentra pero no hay que buscarla. @mundiario

La felicidad se encuentra, no se busca
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