¿Love wins?

Una campaña de HR en San Francisco. _ Wikimedia Commons
Una campaña de HR en San Francisco. / Wikimedia Commons

Porque el amor es una necesidad del intelecto, ante la desinformación generalizada. Se están reprimiendo los sentimientos en pos de la orgiástica expansión económica.

Cuando el amor se impone, surge el caos de la incomprensión. Los medios, poderes y organismos han estado promoviendo, en las últimas décadas, un trato cerrado: el sexo. Aseguran que el intercambio sexual es sinónimo de paz (como si el placer fuese el solo bienestar), habiendo extraído el “haz el amor y no la guerra” de tiempos pasados, sin embargo en unas manifestaciones exentas de conciencia social.

Así, tenemos el movimiento gay, la emancipación de la mujer y el progreso, en la actualidad, ejerciendo la danza de Mata Hari para el contrato social, para convencernos de que el deseo sexual es literalmente una ley a consumar, una ambición.

De este modo, en el mundo de los negocios, y en la vida social, cuando, antaño, el sexo era tabú, ahora una persona sellará sus tratos con los genitales, avanzará sus pasos y consumará sus éxitos con felaciones o noviazgos de interés.

Al tiempo que hemos ganado bienestar, los viejos valores que nos orientaban han sido limpiados de nuestras calles, en las cuales hay una pugna secreta por la libertad, como una ilusión reprimida, ya que las expresiones comunes nos han sido arrebatadas: corren de la mano de la autoridad.

¿Love wins? ¿Qué concepto del amor tienen nuestros estrategas?

En el transcurso de la vida de toda persona está el aprendizaje sexual, del cual los poderes se han querido apropiar, otorgando a la convivencia una lacra afectiva desde el momento en que nuestras emociones no responden al sentir popular que promueven. Manipulan desde cada confusión, inseguridad… Recato. La sociedad enarbola la libertad sexual con una actitud intimidatoria, y la condición moral es repudiada.

El sexo está en nosotros; sin embargo, la educación está ahí fuera. De modo que será fácil echar una generación a perder desde la normalización, el fomento de una nueva represión: el deseo de amar.

Porque el amor es una necesidad del intelecto, ante la desinformación generalizada. Se están reprimiendo los sentimientos en pos de la orgiástica expansión económica.

El acto de crear paz en el acto amatorio es la violación del alma, puesto que todo acto amatorio es una fase de una historia humana, la cual no se puede limitar ni retener en el placer (que, físicamente, tiene también sus fases y un equilibrio). El cerebro recuerda los momentos, y los amantes no pueden ser obligados a formalizar lo que sienten, porque la vida es mucho más.

¿Son acaso prácticas relatables? ¿Proviene de la ley y su trampa el alto índice de población descontenta? ¿Es justo progresar en el sistema a cambio de actos sexuales? ¿Y si esto ya existiese en la era patriarcal, desde cuando se establecen los matrimonios para mejorar la economía?

Para el “Love Wins”, el amor vence una batalla: en mi opinión, la liberación sexual es un suplicio que pervierte las mentes y banaliza con la simpleza de las cosas de la vida, puesto que “sexo”  y “amor” son conceptos diferentes, los cuales ellos, además, enfrentan.

Aquellas cosas que confieren felicidad, como el poder y el progreso no nos conceden; las que nadie ha de gestionar sino uno mismo, sino el misterio, el cual compete respetar, no pervertir.

La sociedad ha sido agredida física y mentalmente por una estrategia sin escrúpulos. @mundiario

  

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