Cómo organizar tu tiempo para estudiar unas oposiciones

Portada del libro Comentario literario y lingüístico. / Mundiediciones
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Después de estos años como preparadora de oposiciones, me he dado cuenta de que hay dos maneras de vivirlas: desde dentro, y desde aún más dentro.
Cómo organizar tu tiempo para estudiar unas oposiciones

Después de estos años como preparadora de oposiciones, me he dado cuenta de que hay dos maneras de vivirlas: desde dentro, y desde aún más dentro.

Cuando estudias, lo sufres. Pero cuando son tus alumnos los que de alguna forma representan tu trabajo, la tensión aumenta, y los nervios, para qué contar.

Tener un temario, ofrecer unos apuntes de gran calidad, habilitar una plataforma online que funcione con total garantía… son elementos que te pueden convertir en un gran profesor de academia de oposiciones. Pero para ser el mejor, no es suficiente con todo eso. Rotundamente, no. Es muy importante que escuches a tus alumnos, que empatices con la situación de cada uno de ellos, y que estés ahí para tenderles una mano en aquellos momentos en los que solo necesitan de ti unas palabras de apoyo.

Si sabes manejarlo todo al mismo tiempo, estarás preparado para ayudar a otras personas a alcanzar su meta de ser docentes. Si no, mejor no les hagas perder su tiempo, ni el tuyo.

En la academia, son muchas y muy variadas las dudas que les surgen a mis opositores en relación a las técnicas de estudio en general. Es decir, lo común es tener dificultades con los contenidos de la materia, pero cada vez es más frecuente unos correos electrónicos en los que me piden ayuda para organizar su tiempo. Todos sabemos estudiar, estaréis pensando. Sí. Pero no todos saben potenciar y aprovechar de verdad las horas dedicadas a ello.

¿Cómo podemos mejorarlo?

1. En primer lugar, y seguramente sea lo principal, hay que establecerse un horario diario de estudio, que se pueda combinar perfectamente con el horario laboral y, ante todo, que sea realista. Esa es la clave. No incorpores a tu día 14 horas de trabajo, si sabes que difícilmente vas a poder cumplirlas.

2. A continuación, buscar la mejor forma de organizar el contenido. No a todas las personas les funcionan los mismos métodos, por lo que es fundamental encontrar el tuyo: esquemas, subrayados… como si nos gusta llenar los apuntes con bolígrafos de mil colores.

3. Después, realiza siempre una lectura previa de lo que en ese momento has decidido trabajar. Esta vez, será sin bolis, sin esquemas, y sin nada. Familiarizarnos con el texto, acercarnos “sin miedo” a él.

4. Una vez que tienes tu mesa y tu entorno bien organizados, selecciona de manera definitiva lo que vas a estudiar, y descarta lo que te has dado cuenta de que no es útil, y no te va a servir.

5. Internet (con todo lo que esa palabra conlleva e incluye) es un elemento de apoyo fundamental, y nadie lo va a poner en duda. Pero recuerda, solo es eso: un apoyo. La originalidad, la creatividad, el estilo, lo pones tú. Consultar, sí, siempre. Copiar, no.

6. Si proseguimos en esta linealidad y este orden en nuestro estudio, descubriremos que igual de necesario va a resultar ir poco a poco anotando las dudas que nos van surgiendo, y resolverlas al final. Puedes pedir ayuda a tu profesor, o a tus compañeros, pero sin “romper” el ritmo ni la dinámica de trabajo. De lo contrario corremos el riesgo de convertir una tarde productiva en una charla de terapia, o algo así. Ay, el WhatsApp.

7. Finalmente, busca tiempo libre. Ratos de ocio, de expansión. Ojo, no lo confundamos con las horas de sueño (que también son importantes), sino con aparcar un rato el estudio, y distraernos. Si se consiguiera esto, supondría el verdadero equilibrio.

Vaya por delante que hay tantos métodos como opositores, o como academias, y que la conclusión de esta reflexión debe ser que la mejor forma de estudiar siempre va a ser la que te ayude A TI. ¿Lo demás? Solo son consejos. Eso sí, con cariño. @mundiario

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