La chica del “Pronto”

Anuncio antiguo del limpiador Pronto. TC
Anuncio antiguo del limpiador Pronto. / TC

En castellano le denominan TOC (siempre me cabreo con las malditas siglas, pero...) y en inglés justamente al revés, o sea OCD. Obsessive-compulsive disorder. O lo que es lo mismo: Trastorno obsesivo-compulsivo. 

La chica del “Pronto”

En estos momentos en que, parece, va cesando la vorágine informativa de Ucrania (con sus perennes y repetidos sensibilerismos de niños y ancianos masacrados, que nunca faltan), de la subida de la luz, combustible y demás familia, de la huelga de transportes (que me ha dejado sin poder consumir, por agotamiento de producto, mis indispensables ‘bollycaos’ y mis inestimables ‘actimeles defensas’ contra mi tránsito vago, me ha parecido más adecuado romper los moldes informativos y describir someramente algún tema del oficio. En este caso, de categoría psicológica: El trastorno obsesivo-compulsivo y la Chica del “pronto”...

La cosa me asomó de una muchacha que fue amiga desconocida de una famosa red social y se hacía llamar “la chica de las fotocopias”; no llegué a conocerla personalmente, pero me gustaba lo que escribía; si bien no todo, si lo suficiente. Después desapareció; no sé por qué; tampoco que será de ella. De hecho, todavía desconozco su verdadero nombre.

De ahí el título que he decidido con el presente: La chica del “Pronto”.

Si bien nada en común la anterior (digo yo), con la chica que describo, a ésta si la conozco personalmente; no en su totalidad como es natural –es imposible conocer a alguien en su totalidad, por más cercana que sea, se diga lo que se tenga a bien decir– pero sí una pizca.

La chica del “Pronto” 

El término “Pronto” podría generar confusión por su prolijidad.

En este albur me refiero a una especie de limpia-muebles, envase cilíndrico, más o menos alto y ancho – en dependencia del precio, supongo-, con un botón superior que, al apretarlo, despide un chorro del contenido allá dónde lo dirijas. Es hartamente utilizado según tengo entendido, aunque apostaría mi alma que no en suficiente cuantía como lo es para la chica en cuestión.

La chica de ese “Pronto”, para mi que debe tener un bono de compra del producto señalado, o algo similar, con alguna tienda a la sazón, puesto que, en otro caso, no se entiende que sea mileurista –o eso dice ella– y gastar más de tres envases diarios, que a 3.95 € el frasco hace un total de 331.8 € a la semana, en tanto que -algo exagerado seré, que no digo yo que no– la media de consumo “prontiano-limpiador” viene a ser de tres envases al día, siete días a la semana, sin perdón ni menoscabo.

En mi respetable criterio, lo valoro como un poquito desorbitada, la limpieza casera. En comparación, claro está, con la media de limpieza efectiva y corriente que realiza la mayoría de la peña, como así tengo cotejado y contrastado.

No es que sea uno un experto en la materia, no. Un servidor es de esos solterones sin remedio, que vive solo, que se consideraba –hasta ahora– más o menos limpio (tanto en aseo personal como en habitáculo), que dispone de una chica limpiadora (mi querida Llanos) dos veces a la semana. Y estoy contento, y cómodo –no suelo soportar el desorden– pero entre Llanos y yo cumplimos sobradamente mis expectativas de limpieza.

Sí. Definitivamente, la actitud de la chica del Pronto me parece exagerada. Desmesurada, y hasta con una añadidura patológica.

Tanto así que, ni corto ni perezoso –haciendo una excepción en este caso, (que si no soy corto, algo perezoso sí... para qué me quiero engañar)- me voy a buscar en mi imprescindible “Scopus” posibles alteraciones psicológicas que asemejen o den en pleno clavo con las actitudes escritas.

Y lo encontré. Vaya que si.

En castellano le denominan T.O.C. (siempre me cabreo con las malditas siglas, pero...) y en inglés justamente al revés, o sea O.C.D. (Obsessive-compulsive disorder). O, lo que es lo mismo: Trastorno obsesivo-compulsivo (en castellano) o Desorden obsesivo-compulsivo (en inglés).

La muchacha del “Pronto” cumplía más del 99 por ciento de la descripción que hace del mismo la American Journal of Psychiatry, prestigiosa y rigurosa revista médica especializada donde las haya. Créanme.

trastorno obsesivo-compulsivo

Léase si tiene usted a bien, tal y como un servidor lo interpreta:

“El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una perturbación en la que las personas tienen pensamientos, ideas o sensaciones tan recurrentes e indeseables (obsesiones) que las hacen sentir impulsadas a hacer algo repetitivamente (compulsiones).

Los comportamientos repetitivos, como lavarse las manos, revisar las cosas o LIMPIAR (que es este caso), pueden interferir significativamente con las actividades diarias y las interacciones sociales, emocionales y sentimentales de la persona sufriente del mismo.

Muchas personas sin TOC (voy a utilizar las siglas para ahorrar palabras) tienen pensamientos angustiosos o comportamientos repetitivos (o sea, que todos tenemos nuestras manías; o casi todos).

Sin embargo, estos pensamientos y comportamientos normalmente no interrumpen la vida diaria. Ni sus emociones, sensaciones, sentimientos y relaciones sociales.

Para las personas con TOC, los pensamientos son persistentes y los comportamientos son rígidos.

No realizar los comportamientos comúnmente causa una gran angustia hasta llegar a la máxima ansiedad y desespero.

Muchas personas con TOC saben o sospechan que sus obsesiones no son realistas; otros pueden pensar que podrían ser ciertos (lo que se conoce como percepción limitada). Incluso si saben que sus obsesiones no son realistas, las personas con TOC tienen dificultad para desconectarse de los pensamientos obsesivos o detener sus acciones compulsivas. ¡En su inmensa mayoría, simplemente niegan taxativamente sufrir de tal trastorno y...¡Ay de ti, como se te ocurra sutilmente decírselo!

Un diagnóstico de TOC requiere la presencia de obsesiones y/o compulsiones que consumen mucho tiempo (más de una hora al día), causan una angustia significativa y perjudican el funcionamiento laboral y social del sufriente. El TOC afecta al 2-3 % de las personas; entre los adultos, afecta más a las mujeres que a los hombres.

El TOC a menudo comienza en la niñez, la adolescencia o la adultez temprana; la edad promedio de aparición de los síntomas es de 19 años…”

Eso, pizca más o menos, es en lo que consiste un TOC.

Y eso, pizca más o menos –francamente, he desorbitado bastante, pero no tanto– es lo que pude observar en esa chica del “Pronto”, en una lánguida, lluviosa y tediosa tarde de un viernes, cualquiera en la que tuvo el detalle de invitarme a un café en su casa. Tres o cuatro horas sentado en una silla de la cocina –también exagero en el número de horas, porque a la media hora, otra vez pizca más o menos, ya había yo tomado el portante, me había calzado mis eternos y ya viejos castellanos que dejé en la entrada de la casa, porque era imperativo descalzarse para el acceso (en Praga, también resulta preceptivo descalzarse para entrar los habitáculos, por ejemplo) y me había ido con viento fresco, asumiendo el riesgo de ponerme como una sopa por la lluvia-.

Y es que un servidor es de los que piensa que, tu casa, tu propia casa, es para estar relajado y recreándote en lo que has decorado a tu gusto –aunque haya gustos que maten- y hecho de ella tu templo de placer y asueto personal e intransferible. Con limpieza, sí, pero nunca excesivamente obsesiva.

Si un día de esos tienes que dejar la cama desecha, la taza en el fregadero o el cenicero petado –yo sigo fumando, y no me rechisten por favor– pues muy bien, sin agobios, angustias ni ansiedades. Que al día siguiente seguirá saliendo el Sol por Antequera y dejarás los desatinos de ayer cuál jaspe que se precie.

Paradójicamente, esta chica del “Pronto” es un verdadero encanto: cortés, cumplida, educada, solícita y servicial. Y con un físico para su edad que ya quisieran muchas.

No creo que una relación sentimental con ella llegase a ningún puerto. Ni bueno, ni siquiera regular. No, no lo creo. Que a un servidor, tales tipos de comportamientos obsesivos- compulsivos le dan un poco de grima y mucho yu-yu. Y si resultasen contagiosos, ya ni les cuento.

En fin. No pretendo zaherir a nadie que sufra un TOC, pero... si no me salpica le quedaría eternamente agradecido. Tan solo darles una idea muy aproximada de en qué consiste, al tiempo que alejarme de las noticias repetitivas del tema predominante, que no por ser ciertas son menos tendenciosas.

Y si alguien de ustedes lo sufre –el TOC, digo– mejor que tome conciencia de ello y ponga sus remedios. Remedios propios y ajenos.

¡Queda escrito! Y a su humilde y cierta disposición. @mundiario

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