La pasión de lo imposible

Los miserables. / Mundiario
Los miserables. / Mundiario
Como la Mona Lisa o las pirámides de Egipto, Los miserables posee una magia especial que cautiva a novatos tanto como a eruditos. Así son las grandes obras de la mente humana: sencillas, profundas y hermosas. 
La pasión de lo imposible

Uso la columna semanal, y no la página literaria del domingo, para hablar de un libro que ha repercutido no solamente en el plano literario, sino también en el social e incluso en el político. Un libro que es, como su autor, tempestuoso y oceánico. Mi relación con aquella obra se remonta a marzo de 2015, cuando visité la Biblioteca de la Alianza Francesa y lo vi en los estantes… era una muy bonita edición con ilustraciones a todo color. Lo tomé, lo comencé a hojear y me propuse leerlo. En francés no me gustó, así que lo terminé dejando para las calendas griegas. Un año después, en 2016, mi padre lo leyó, pero en español. Lo habíamos conseguido en los libros usados del Mercado Lanza; era una edición Sopena muy bien trabajada y a dos columnas. Cuando mi papá terminó de leerlo, me lo recomendó encarecidamente y solo por esa insistencia lo comencé a leer nuevamente, ahora en español. Y lo leí sin parar hasta el final.

Este 2022 Los miserables cumple 160 años. Originalmente el libro debió llamarse Las miserias y ser mucho más breve de lo que terminó siendo. La historia del obispo D., que Victor Hugo pensó sería más o menos simple, terminó siendo la historia del convicto Jean Valjean, una novela total monstruosamente grande que crea un mundo tan rico y desmesurado como el que crean las grandes narraciones que dejan nuestro mundo real pequeñito, como un pobre remedo de lo que las posibilidades de la imaginación y el deseo humanos permiten.

El efecto literario —en cuanto al disfrute y el placer y los aportes técnicos y lingüísticos— de obras como ésta es bien conocido por los lectores y los académicos de las letras. Pero ahora cabe preguntarse: ¿qué efecto social y político provocan obras como la Ilíada, la Divina comedia, el Fausto, Cien años de soledad o Los miserables? Es muy difícil saberlo, pero de ninguna forma habría que dudar de que lo tienen, y en grado sumo. Sinceramente no creo que la historia —con todo lo bueno y malo que tiene— hubiera sido la misma de no haber existido la gran literatura. Solo por ella el ser humano se siente saludablemente insatisfecho frente al mundo y la sociedad reales en los que vive; solo por ella deja de ser pasivo ante las pequeñeces de la vida real y en ella encuentra, más que en las películas o en la televisión, un espejo donde ve proyectada su más íntima naturaleza. La gran literatura, como el buen periodismo, es el motor de la disconformidad y enciende la llama del espíritu crítico. En el caso particular de Los miserables, hay una anécdota reveladora de este efecto sociopolítico que provocó: cuando el libro ya se había publicado, el poeta Lamartine escribió un ensayo sobre él, en el cual, entre muchas otras cosas, dijo: “La más homicida y las más terrible de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible”. Lo dijo con un propósito de reproche, sin darse cuenta de que esa afirmación también puede ser un halago para una obra artística.

Y es que el arte, igual que la guerra, con toda su desmesura, con sus extremos, puede despertar aquellos instintos humanos que, si bien pueden en algunos casos ser nefastos (como los que despertó en la juventud de fines del siglo XVIII el Werther goethiano), también pueden ser sublimes. No otra cosa sino la pasión de lo imposible es lo que hizo que el ser humano llegue a las estrellas, descubra la relatividad, invente la bombilla eléctrica y la imprenta o cuelgue en el espacio satélites que permiten la comunicación instantánea. En último término, la imaginación científica está estrechamente ligada a la creatividad artística y la insatisfacción frente a la pobre realidad que nos circunda.

Los miserables es una obra que puede ser leída y disfrutada tanto por académicos y especialistas de las letras como por jóvenes y viejos profanos en literatura. Como la Mona Lisa o las pirámides de Egipto, posee una magia especial que cautiva a novatos tanto como a eruditos. Así son las grandes obras de la mente humana: sencillas, profundas y hermosas.

Como dijo Vargas Llosa en su ensayo sobre esta novela, “no hay manera de demostrar que Los miserables haya hecho avanzar a la humanidad ni siquiera unos milímetros hacia ese reino de la justicia, la libertad y la paz al que, según la visión utópica de Victor Hugo, se encamina. Pero no hay la menor duda, tampoco, de que Los miserables es una de esas obras que en la historia de la literatura han hecho desear a más hombres y mujeres de todas las lenguas y culturas un mundo más justo, más racional y más bello que aquel en el que vivían”. @mundiario

 

La pasión de lo imposible
Comentarios