Pensar a través de la escritura o un diálogo con Alejandro López Pomares

Alejandro López Pomares/ A.L.
Alejandro López Pomares/ A.L.
"El proceso de mi escritura no es pensar en la idea y ponerme a escribir, sino todo lo contrario, ponerme a escribir y dejar que la idea surja", Alejandro López Pomares.
Pensar a través de la escritura o un diálogo con Alejandro López Pomares

El poemario Fue voraz, de Alejandro Pomares, supone una reflexión sobre la importancia, no del recuerdo, sino del olvido en la realización de cualquier ejercicio poético. El recuerdo no es otra cosa que asirse a los últimos rescoldos de una vivencia que el olvido absorbe de manera funesta. A continuación, la siguiente entrevista revela algunas de las claves de este nuevo libro del autor oriolano, publicado por Olé Libros.

- El título obedece a un tempus fugit que es devastador. Sin embargo, tu juventud contrasta con el contenido de esa frase. ¿Cómo se explica algo así?

La juventud es relativa, en cambio, la preocupación por el tiempo es universal. La percepción del paso del tiempo es una de las cualidades que hacen al ser humano tan intrigante e indescifrable. Tiene el poder de permitirnos adelantarnos a los acontecimientos, con todo lo que eso supone para nuestra capacidad de supervivencia y progreso, pero al mismo tiempo, nos echa de golpe en un mundo imparable, metidos en un flujo acelerado, y esa imposibilidad que sentimos de no poder atrapar las cosas, también nos desconcierta.

Comprender que lo que nos ocurrió en algún momento, ya no volverá: el día en el que conociste a tu pareja, la primera vez que quedasteis, de todo aquello recuerdas imágenes o sensaciones, pero poco más. Además, el tiempo se percibe de forma subjetiva, incluso diferente en distintos momentos del día y de tu vida. Ahora, más que el tiempo, lo que me preocupa es el olvido.

- Te preocupa porque el recuerdo es una víctima de su acción.

Quizás sea porque siempre he considerado que tengo una memoria frágil, por lo menos para recordar los detalles, porque pienso que mi memoria es emocional. Pero hay algo en el olvido que sí que me lleva a sopesar el peso del tiempo. En este sentido, hace poco escuché una reflexión interesante en la presentación de un libro que vino a apoyar este pensamiento mío. Vino a Orihuela el famoso locutor de radio Javier Lostalé, presentador durante décadas de El ojo crítico. Y dijo algo así:

“Es más importante el olvido que el recuerdo, mucho más denso. Recordar recordamos algunas cosas, pero olvidar, lo olvidamos casi todo.”

Yo ya tenía mi libro publicado, si no, habría aparecido como cita en el mismo. Y sucede así, ya sea por un mecanismo biológico para defendernos del exceso de información y evitar que colapsemos, o por la razón que sea. La consciencia del olvido sí duele. Y eso aparece reflejado en muchos de los poemas.

- Hay un halo de nostalgia y melancolía en tus versos, la añoranza de un tiempo que no volverá. ¿Cómo se conjuga eso con tu presente, rebosante de proyectos y de vida?

Cuando sientes que el tiempo es fugaz, mucho más valioso es el que vives. Así que no dejo pasar un día sin avanzar en las obras que llevo adelante. Tanto es así, que me acuesto tardísimo todos los días y no sé si es bueno o malo. No podemos saberlo, ni qué consecuencias tendrá, pero día a día necesito avanzar como si fuera la lectura de mi propia novela. Además de que la nostalgia es un sentimiento muy poderoso y genera toda una serie de ideas e imágenes en la mente que estimulan la creación.

De hecho, la nostalgia para mí no es dañina. Es potente e impacta en nuestro pensamiento, pero no es nostalgia de lo perdido, sino de lo vivido. Muchas veces he tenido esta conversación con mi mujer. Lo que duele es la pena de no poder volver a sentir aquello que sentí una vez, de no poder retornar al día en que la conocí, a ese momento que guardamos en el recuerdo, no sé si me explico. Pero si me queda la consciencia de haberlo vivido, ya es mucho ¿no?

 

- Usas el versículo como una clase de monólogo interior. ¿Cómo se llega a elegir una estructura como esa para escribir?

Todo está en dos cuestiones. Primero que yo tengo la suerte o no, vete tú a saber, de que me fluyen muchos momentos de inspiración mientras camino por la calle. Luego, claro, no me pongo ahí en medio de la acera a escribir como un loco, sino que dejo pasar el tiempo, y en algún momento en casa, intento recuperar aquello que sentí, el recuerdo que eso ha dejado en mi mente. Eso es lo primero.

Lo segundo está en la particularidad de este libro. No he contado nada todavía, pero este poemario es en realidad un diario. En agosto del 2018, comencé con el propósito de escribir mi diario literario. Noche a noche, en el balcón de mi casa de verano, con su vista hacia el mar inmenso, empecé a tomar anotaciones obligándome a modo de ejercicio de escritura: pequeñas reflexiones, sucesos ocurridos ese día, breves reseñas sobre libros y películas, y una cosa y la otra fluyeron y cada día escribía algún poema, poemas que por formar parte de un diario eran más ágiles, más narrativos y en los que afloraban esas ideas que se me habían ocurrido caminando por la tarde o incluso semanas antes.

 

- Por experiencia, sé que la mayor parte de diarios fracasan.

Sí, de hecho, ese diario fracasó y, luego, de repente, tres meses después me volví a poner con él. Y entonces, vino todo de golpe. En ese paso del tiempo, viví acontecimientos intensos: el fallecimiento de mi abuela, las inundaciones, la incertidumbre por el COVID y los veranos sin pisar la playa, y, en todo ese tiempo, el diario siguió creciendo a intervalos irregulares. Hasta que, en agosto de 2022, después de un año duro en el que no habíamos veraneado y teníamos a mi suegro enfermo, fuimos a pasar un día en la playa. Por la noche, me volví con una idea que acabaría cerrando el poemario. Me di cuenta de que había un principio y un fin, y que lo que quedaba dentro encerrado tenía un sentido, así que, ahí fue cuando me puse a recopilar los poemas que consideré mejores, a compilarlos en su cronología original y a darle la forma actual. De modo que es un diario poético, es poesía narrativa.

- Tu poesía no tiene artificios ni es hermética. Sin embargo, está cargada de simbolismo. ¿Estoy en lo cierto?

Me interesa mucho el mundo del arte y de la poesía, me gusta escrutar las obras y buscar las relaciones que hay en ellas. En este poemario, hay un lenguaje directo, de corrido, una narración sin grandilocuencia, no como otras cosas que he escrito, pero en la normalidad del texto se cuelan muchas ideas simbolizadas en luces y colores, y sensaciones, que, diciendo algo, pretenden explicar otra cosa.

Las propias obras a las que hago referencia buscan eso. Está plagado de referencias de las películas, series, libros y música que escuchaba en cada momento, y de elementos que conectan poemas hacia detrás o hacia adelante continuamente.

- ¿Hasta qué punto es difícil encontrar en lo cotidiano la universalidad de los temas que a todos nos preocupan?

La poesía y el arte siempre han recurrido a las complejidades del lenguaje para alcanzar grandes ideas, igual que muchas veces necesitamos salir de la ciudad y dar una vuelta por el campo para vernos impresionados por lo que no estamos acostumbrados a ver. Pero, en realidad, las grandes ideas están en todo.

Si caminando por la calle, nos paramos un segundo, levantamos la vista del móvil y miramos el mundo con pausa, descubrimos también grandes sensaciones. Parece que costumbrismo ya nos retrotrae a otra época. Yo en mis poemas relato lo que pasa a mi alrededor, y ese relato de repente revela reflexiones profundas. El proceso de mi escritura no es pensar en la idea y ponerme a escribir, sino todo lo contrario, ponerme a escribir y dejar que la idea surja. No es algo único ni nuevo, ni es universal, sino que cada uno tenemos nuestra forma y, sin embargo, como te digo, en ese discurrir voy adentrándome en ideas complejas que, seguramente, ya llevaban tiempo rondando por mi cabeza. @mundiario

 

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