Dios no juega a los dados: el secreto de Spinoza

El secreto de spinoza, de José Rodrigues Dos Santos. / RR SS
El secreto de spinoza, de José Rodrigues Dos Santos. / RR SS
El periodista y profesor portugués José Rodrigues Dos Santos publica una magnífica biografía del filósofo holandés del siglo XVII que inventó el mundo moderno.
Dios no juega a los dados: el secreto de Spinoza

Cuando le preguntaban si creía en Dios, Einstein respondía que creía en el Dios de Spinoza. Precisamente su famosa frase: "Dios no juega a los dados, se refiere a que, en la naturaleza, ordenada divinamente, según el filósofo holandés, no   hay lugar para la incertidumbre y el azar. Atacaba así a Heisenberg y a la mecánica cuántica basada precisamente en la incertidumbre.

Este hijo de judíos portugueses de origen español se había declarado panteísta: Dios y la naturaleza son lo mismo, ha pasado a la historia como: “el Hombre que mató a Dios".

Baruch fue un niño superdotado criado en la hermética comunidad judía portuguesa de Ámsterdam que aprende hebreo para poder interpretar las sagradas escrituras y la tradición oral y que está destinado a ser el gran rabino. Desdé muy joven se pregunta: ¿Quién escribió los libros sagrados?, ¿y si la Biblia estuviera equivocada? Para él queda claro que la Torá, el Pentateuco para los cristianos, no tiene origen divino, sino que es obra de los hombres que así crearon a Dios. Primero le excomulgan los judíos prohibiéndole cualquier relación con la comunidad, lo que le obliga a mudarse a La Haya. Luego le persiguieron los cristianos.

Como otros filósofos contemporáneos tiene también que aprender latín para escribir libremente, puesto que las autoridades hacían la vista gorda con los escritos en esa lengua de escasa difusión.

Spinoza niega la inmortalidad y se opone a la unión de Iglesia y Estado abriendo el camino al liberalismo.

Spinoza enseña que para llegar a la verdad hay que usar la razón que nos dice que cuerpo y alma es lo misma y que cuando el cuerpo muere también lo hace el alma. No existe la inmortalidad. Lleva al límite el racionalismo de Descartes que no se había atrevido a llegar tan lejos, que complementa con la aplicación del conocimiento científico desarrollado recientemente entre otros, por Copérnico, que culminará con Newton.

En ese mundo no tiene sentido la unión existente entonces entre Iglesia y Estado, idea que recoge su discípulo, el padre del liberalismo, John Locke, y a través de él Thomas Jefferson que es la que inspira la primera enmienda de la constitución americana: “El Congreso no hará ninguna ley que establezca una   religión oficial o que prohíba el libre ejercicio de cualquier religión“.

Spinoza es el inventor del mundo moderno. Entre sus seguidores, Kant es el primero que defiende que no es necesaria una autoridad sobrenatural para explicar el mundo o para dictar las normas de la conducta humana que se deben regir por la ética y la moral: el imperativo categórico. Dios había perdido su lugar histórico.

La filosofía de Spinoza, bien conocida, y la corta vida (1.632-1.677) de Baruch, Bento o Benedicto, de la que se sabe muy poco, es el objeto de la magnífica obra: El secreto de Spinoza de José Rodrigues dos Santos, periodista muy conocido en el país vecino, presentador del informativo más importante de la televisión pública y profesor universitario. Sin embargo, es desconocido en España, donde rara vez miramos al oeste.

Dos Santos nos presenta un personaje valiente intelectualmente, aunque atemorizado personalmente, enfermo de tisis, agravada por el trabajo con el que modestamente se ganaba la vida: pulía lentes para telescopios.

Baruch abandonó judaísmo ibérico y se integró plenamente en la cultura holandesa, la más liberal de Europa durante el gobierno de Johan   de Witt, pero luego tan represora como la española con el gobierno calvinista de Guillermo de Orange, tras el horroroso asesinato del líder progresista y de su hermano Cornelius.

Con lo poco que se sabe de la corta vida de Spinoza Rodrigues Dos Santos monta una magnífica novela.

Todos los hechos que narra Dos Santos han sucedido, lo que no sabemos, ni lo sabe el autor es si Spinoza los presenció, pero son una buena disculpa para pintarnos un magnífico cuadro de las “Provincias Unidas" a mediados del siglo XVII, en el que el protagonista aparece como el adelantado del siglo de las luces y el creador de la “religión de la libertad” que es la base de la moderna democracia liberal.

Spinoza no tuvo una formación académica, sino que fue aprendiendo y luego enseñando en pequeños círculos marginales de librepensadores que iban siempre a contracorriente del orden cultural establecido. Cuando salía de esos espacios intelectuales se comportaba como el “marrano" que él y su familia habían sido en su país de origen, ocultando su verdadera fe.

Ciencia, especialmente la geometría, y filosofía iban unidas. Es la época en la que aparecen las “sociedades “como la “Royal Society “londinense con cuyo secretario Oldenburg estaba en contacto. Ambos eran amigos de Leibnitz que es el gran exponente de   esa fusión.

El conocimiento ha avanzado enormemente en estos casi 300 años, pero los principios revolucionarios de Spinoza siguen vigentes, aunque para desgracia de Einstein y gracias a la mecánica cuántica se demostró la existencia de incertidumbre en la naturaleza. Resulta que Dios sí juega a los dados. @mundiario

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