Sobre Ansiada del aire, la poesía rotunda de Fernando Pastor-Mata

El poeta Fernando Pastor-Mata con un ejemplar de su libro de poemas "Ansiada del aire" en sus manos
El poeta Fernando Pastor-Mata con un ejemplar de su libro de poemas "Ansiada del aire" en sus manos.

Dos muestras distintas de una voluntad poética que fuerza las resistencias para implantar una sentida sonoridad, la que se desarrolla a través del audaz manejo de las palabras

Sobre Ansiada del aire, la poesía rotunda de Fernando Pastor-Mata

En Ansiada del aire, de Fernando Pastor-Mata (Editorial Celesta, 2021), nos adentramos en una poesía muy pasional, que busca la música, mejor si reincidente, si implanta un ritmo que borbotee, que eleve los versos sobre su lecho, que los mantenga despiertos, para que ofrezcan sus apretadas capas de comprensión. Es poesía imaginativa, abrazadora de su ardiente posibilidad. Con ella, el poeta se afirma en un monólogo indiscreto, en el atisbo de su propia incertidumbre. Es esto, al menos, lo que me sugiere su primera publicación, que no es más que una muestra —la más experimental— de su abundante producción inédita. 

Sus versos son continuo advenimiento, arribo de un flujo hecho de reminiscencias o de lavas, ofrecido en su reiteración, torrente de fuerzas medidas surgido para reinaugurar. En cada verso, el poeta se impone lo mayúsculo. Estremecido en el humilde ámbito de su poder, lo colma de su mejor sustancia. 

Su discurso no sigue las sendas tranquilas sino los itinerarios en los que no se renuncia a ninguna arriesgada verdad, de aquellas que no admiten antiguas simplificaciones. Lo que se dice contiene una extrañeza íntima que debe ser profanada, que sugiere encuentros en los que tiemblan las palabras en su entregada efusión. La flexibilidad verbal, la impronta de un saber espontáneo, redundan en incursiones aventuradas, que arriesgan su recepción. Es poesía que entona insistencias, se expande fecunda, se retuerce de severa incidencia en el conocer y se erige en imágenes que estallan adheridas a la hondura más enigmática de su proyecto. Se vale de la frase escueta, de la síntesis de un suspendido pensar, de una inmediata evocación de lo dicho. Es la frase que encaja en la inabarcable perfección de lo que se entrega, que se expande aferrada a las partículas de su luz. 

Ansiada del aire se compone de dos poemarios. En el primero, Retracción de tus labios, la canción es el vehículo que despliega, entre la laxitud de sus límites, una profusión de vida recogida, acopio de intensidades sucedidas o presentes. El poeta es ese hombre que no puede callar cuando siente que nace el silencio que sucede a lo exprimido y empieza una nueva y contundente visión. La despliega sin alivio, desde imágenes que golpean la dormida realidad, desde las estribaciones de una posible alucinación. El lenguaje es tratado con el difícil esmero de un rotundo atrevimiento, el léxico busca el amparo en su pertenencia a la poética razón. Todo es aquí pura vehemencia, pero solventada en inscrita lucidez. 

Componen la segunda parte, Ansiada del aire, unos Cantos en los que se construye un singular homenaje a Itálica. Aquí, aún en mayor medida, abunda el neologismo o el vocablo en desuso: desgarrante, opreso, albero, emersible, aneblada, irretornante, nébula, petricidad, mumurea, cílicos. El uso de la repetición de las palabras clave es el énfasis, la búsqueda de un natural estribillo, de un ritmo enunciativo con el que ir avanzando, hasta terminar rizados sobre su rota sintaxis: “La bella la silente la bóveda la”. Estamos ante un fraseo a menudo entrecortado, abrupto, indicador de destellos que exploran lo inédito. Un lenguaje aparentemente desordenado que busca el efecto insólito en un lector que se queda fundamentalmente con sus resonancias, en las que cree percibir un eco ancestral invocado por una voz surgida para una intensa veneración.    

Encontramos así, en Ansiada del aire, dos muestras distintas de una voluntad poética que fuerza las resistencias para implantar una sentida sonoridad, la que se desarrolla a través del audaz manejo de las palabras, y atiende los resquicios descubiertos, las secretas hendiduras del tiempo y del sentir que el poeta ha querido revelar. @mundiario

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