Amapolas en Octubre, una novela de Laura Riñón sobre los libros y el duelo

Amapolas en Octubre/ Tres hermanas.
Amapolas en Octubre/ Tres hermanas.
Laura Riñón rinde un homenaje a la vida misma como una épica inspirada en el carpe diem y en la devoción hacia la literatura.
Amapolas en Octubre, una novela de Laura Riñón sobre los libros y el duelo

Leo la novela de Laura Riñón, Amapolas en Octubre, en menos de un día. Eficaz, directa, sin ambages, sin experimentación ni artificio en exceso. Todo ayuda a reconocer en la novela las claves de un género que particularmente no detesto, a diferencia de otros colegas. Si bien Amapolas en Octubre es un testimonio vital de esa asunción del oficio de escribir como una manera de estar en el mundo, la novela es fiel al patrón de esos melodramas de Douglas Sirk en el que la fatalidad y los momentos dichosos se funden en diversas existencias que viven el presente con la euforia del carpe diem, pero también con la nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Basta recordar títulos como Imitación a la vida o Escrito sobre el viento.

A través de Amapolas en Octubre, publicada por Tres hermanas, se conoce el sueño cumplido de Carolina, que no es otro que el de haber montado una librería en pleno centro de Madrid. Desfilan por la novela los retazos de una infancia desdichada y de una juventud, en la que el descubrimiento de la literatura como forma purgativa pero también destructiva, reproducen conductas que se mueven en un continuo desasosiego, donde ni Carolina ni su hermano parecen encontrar su lugar en el mundo. 

No solo se trata de que Laura Riñón acceda a admirar el argumento de Penelope Fitzgerald en su novela La librería, sino que, desde el principio, la devoción hacia Mujercitas, hacia la poesía de Plath o hacia la prosa de Nèmirovsky se involucra en una clase de diario personal, de autobiografía fragmentada, en la que predomina esa aspiración a sublimar el dolor de los ausentes con la literatura, como si, en la lectura de los testimonios de otros, Carolina encontrase una clase de asidero. Los infortunios y las desgracias se comparten con aquellas que también vivieron autores y personajes. El tono melodramático de la novela de Riñón se vislumbra en esas historias trágicas que se ceban a veces con una familia y que se tienen que superar desde la propia certeza de que no todo puede salvarse y mucho menos curarse.

Es ahí cuando la literatura y el amor entre los suyos intervienen como una clase de predestinación que el personaje interpreta como una señal y esa señal conduce a la librería que ahora regenta la propia Laura Riñón en la Calle Pelayo, de Madrid. De hecho, el epílogo es una justificación de la librería y de la novela, un epílogo que quiero ver como parte de ese juego de la ficción donde no queda claro hasta qué punto la obra se inspira en la verdad autobiográfica de la propia autora. Hay un tributo al sentimentalismo que no es ajeno a esa influencia del cine de los cincuenta o de la propia narrativa de Louisa May Alcott en la que la exacerbación de la tristeza o la conmoción busca ese carácter de fábula, ya que cada acontecimiento vital de Carolina conduce providencialmente a esa librería JO que actúa como cielo protector parafraseando a Bowles.

Dentro de ese tributo al melodrama cinematográfico, Laura Riñón relata la traumática experiencia del duelo ante las muertes inesperadas y prematuras, y ante la enfermedad de una madre a la que le cuesta ya reconocerse en el mundo. El hecho de que no renuncie nunca al género añade una constante aura de nostalgia donde el pasado determina las conductas del presente y donde no se escatima con aplaudir esa locura purgativa del personaje de Blanche, en un Tranvía llamado deseo; confiar en la bondad de los desconocidos. Porque como Lana, los secundarios en esta novela aparecen en la vida de Carolina para aliviar el sufrimiento, pues lo han vivido antes de una forma cruel y nefanda.

A través de los libros, algunos amarán todo, pero también otros confirmarán que no merece la pena seguir adelante, así que, además de la literatura, como, en el caso de Otra vuelta de tuerca, los ausentes también conducen a Carolina a hacer frente a las incertidumbres acerca del suicidio, la enfermedad o el amor inquebrantable. Los tópicos sobre la amistad, infancias truncadas, el primer amor o la búsqueda de la felicidad inciden en la propia versión que se extrae de las novelas y poemas que inspiran a los personajes; romanticismo en vena y un intento de esquivar la verdad de la muerte a través de la lectura y la relectura de obras que nos marcan para siempre. @mundiario

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