Yemen al borde de la fragmentación: la ofensiva separatista que desafía a Riad
Yemen vuelve a situarse ante una encrucijada histórica. Cuando el país parecía encaminarse —con enormes dificultades— hacia una contención del conflicto que lo desangra desde hace casi una década, la ofensiva del Consejo de Transición del Sur (CTS) ha reabierto un frente que amenaza con fracturar definitivamente el mapa político y territorial del país.
La toma de amplias zonas de las provincias orientales de Hadramaut y Mahra por parte de fuerzas secesionistas ha puesto en evidencia la fragilidad de la coalición anti-hutí y ha obligado a Arabia Saudí a intervenir diplomáticamente para evitar un colapso mayor.
Desde 2014, Yemen vive dividido de facto. Los rebeldes hutíes controlan el norte y la capital, Saná, mientras que el sur quedó bajo la órbita de una heterogénea alianza respaldada por Riad. El alto el fuego de 2022 congeló el frente militar, pero no resolvió las profundas tensiones políticas internas. La reciente expansión del Consejo de Transición del Sur —un actor armado y político que aspira abiertamente a restaurar un Estado independiente en el sur— ha reactivado esas fracturas.
La toma de posiciones en Hadramaut y Mahra no es menor. Se trata de regiones estratégicas, ricas en recursos energéticos y con salida al mar Arábigo, claves para cualquier proyecto de viabilidad económica futura. El control de estas zonas permite al CTS proyectar una imagen de poder territorial y, al mismo tiempo, debilita al gobierno reconocido internacionalmente, cuya autoridad se limita cada vez más.
Arabia Saudí ante una coalición que se resquebraja
Riad, que lideró la intervención militar contra los hutíes desde 2015, se encuentra ahora en una posición incómoda. Por un lado, busca consolidar un proceso de distensión con los rebeldes respaldados por Irán para reducir el costo político, económico y militar de la guerra. Por otro, observa cómo su socio financiador de la coalición, Emiratos Árabes Unidos, respalda a un actor —el Consejo de Transición del Sur— que desafía abiertamente la unidad territorial de Yemen y debilita al gobierno que Arabia Saudí dice apoyar.
El nuevo llamamiento saudí a que los secesionistas se retiren de las provincias ocupadas revela tanto su preocupación como su margen limitado de maniobra. Aunque Riad intenta presentarse como mediador, la realidad es que la rivalidad estratégica con Emiratos Árabes Unidos, también visible en otros escenarios regionales, condiciona cualquier intento de imponer disciplina dentro del bloque anti-hutí.
El discurso del Consejo de Transición del Sur se apoya en agravios históricos. El sur fue un Estado independiente hasta 1990 y muchos de sus habitantes consideran que la unificación trajo marginación política y económica. Ese sentimiento, cultivado durante décadas, ha encontrado ahora un contexto favorable: un Estado central debilitado, una guerra prolongada y el respaldo de un actor regional poderoso como Emiratos.
Sin embargo, la expansión territorial del CTS no garantiza estabilidad. Al contrario, corre el riesgo de abrir un nuevo conflicto interno entre facciones del propio sur, tribus locales y fuerzas alineadas con Riad. Además, una secesión de facto podría enterrar cualquier posibilidad de una solución nacional inclusiva y convertir Yemen en un mosaico de entidades rivales.
La presión saudí para revertir los avances del Consejo de Transición revela el temor a que la fragmentación se vuelva irreversible. También muestra hasta qué punto el tablero yemení ha dejado de ser un conflicto binario entre gobierno y hutíes para convertirse en una lucha de múltiples actores con agendas divergentes.
Mientras continúan las negociaciones discretas y las maniobras diplomáticas, Yemen se acerca a una encrucijada decisiva. Si no se logra contener el caos en el sur, el país podría encaminarse no solo hacia una partición de facto, sino hacia una nueva fase de inestabilidad que complique aún más cualquier salida política tras casi una década de guerra. @mundiario