Von der Leyen desata malestar en Europa por su cautela ante Washington y Tel Aviv
El nuevo episodio de tensión en Oriente Próximo ha colocado de nuevo a la presidenta de la Comisión Europea en el centro del debate político dentro de la Unión. Las posiciones adoptadas por Ursula von der Leyen respecto a la ofensiva contra Irán han despertado malestar en distintos gobiernos europeos, que consideran que Bruselas debería haber mostrado una postura más firme en defensa del derecho internacional.
Las críticas se centran en el tono empleado por la dirigente alemana ante las acciones militares de Estados Unidos e Israel. Diversas capitales consideran que su reacción ha sido demasiado cautelosa y que ha evitado señalar con claridad la posible ilegalidad de los ataques contra la República Islámica. Esta percepción ha alimentado un debate recurrente en Bruselas sobre los límites del papel político de la Comisión.
El malestar no se limita a una cuestión de lenguaje diplomático. También se cuestiona el alcance de las intervenciones públicas de Von der Leyen, especialmente después de un discurso reciente en el que afirmó que el viejo orden internacional basado en reglas podría estar llegando a su fin. Para algunos gobiernos europeos, esas palabras chocan con uno de los pilares fundamentales de la política exterior de la Unión, que precisamente se fundamenta en la defensa del sistema internacional basado en normas.
La reacción no tardó en llegar desde otras instituciones comunitarias. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, subrayó poco después que la Unión Europea debe seguir defendiendo con firmeza ese marco jurídico internacional, en lo que muchos interpretaron como una corrección indirecta al discurso de la presidenta de la Comisión.
El impacto de la polémica, sin embargo, varía según los países. En España, por ejemplo, la sensibilidad respecto a las intervenciones militares lideradas por Estados Unidos sigue marcada por el recuerdo de la guerra de Irak en 2003. El actual Gobierno de Pedro Sánchez ha recuperado incluso el histórico lema “no a la guerra” para expresar su rechazo a la escalada militar en la región.
En otros países, como Alemania, el posicionamiento de Von der Leyen se interpreta de forma diferente. Su trayectoria política —marcada por su pasado como ministra de Defensa y por una tradición política claramente atlantista— explica en parte su cercanía a Washington y su firme respaldo a Israel en cuestiones de seguridad.
Aun así, las críticas también han surgido desde sectores de la sociedad civil y organizaciones internacionales. La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, ha acusado a la presidenta de la Comisión de debilitar el respeto al derecho internacional al evitar pronunciarse con claridad sobre la legalidad de los ataques contra Irán.
Las tensiones se arrastran desde la guerra en Gaza, cuando varios gobiernos europeos ya mostraron su incomodidad por la respuesta inicial de Von der Leyen tras los atentados del 7 de octubre de 2023. Su viaje inmediato a Israel fue interpretado por algunos socios como una señal de alineamiento excesivo con el Gobierno de Benjamín Netanyahu.
A esa incomodidad se suman otras decisiones recientes que han sido vistas como iniciativas unilaterales. Entre ellas, el envío de la comisaria europea para el Mediterráneo a un acto en Washington vinculado a un proyecto diplomático impulsado por Donald Trump, una iniciativa que varios gobiernos europeos consideran problemática.
Francia ha sido uno de los países que ha recordado públicamente que cada institución europea debe actuar dentro de las competencias que establecen los tratados. En términos similares se ha pronunciado el ex jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, quien ha insistido en que la política exterior de la Unión solo puede expresarse plenamente cuando existe una posición común acordada por los Estados miembros.
Desde el entorno de la presidenta se rechazan estas críticas y se defiende que su papel consiste precisamente en proyectar el peso económico y político de la Unión Europea en la escena internacional. No obstante, el debate refleja una realidad persistente en Bruselas: la dificultad de hablar con una sola voz en política exterior.
Mientras la guerra en Oriente Próximo continúa elevando la tensión global, la controversia sobre la actuación de Von der Leyen vuelve a poner de relieve las divisiones internas de la Unión Europea y el delicado equilibrio entre liderazgo institucional y consenso entre los Veintisiete. @mundiario