Las visitas de Putin a Pekín y de Blinken a Kiev prueban que China y EE UU son claves en Ucrania

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski y el secretario de Estado de EE UU, Anthony Blinken. / RR. SS.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski y el secretario de Estado de EE UU, Anthony Blinken. / RR. SS.
Ucrania atraviesa horas críticas mientras la ofensiva rusa sobre Járkov pone de relieve la significativa desproporción entre la recuperación militar de Moscú y el cansancio que afecta a las fuerzas de Kiev.
Las visitas de Putin a Pekín y de Blinken a Kiev prueban que China y EE UU son claves en Ucrania

La guerra en Ucrania ha escalado a una nueva fase crítica con una ofensiva rusa lanzada directamente desde la frontera sobre la provincia y la ciudad de Járkov. Esta ciudad, la segunda más importante del país, ya fue escenario de un asalto fallido hace dos años, en los primeros meses del conflicto. La intensidad del actual ataque ha obligado al presidente Volodímir Zelenski a cancelar su gira internacional por España y Portugal para dirigirse a la zona afectada, donde reconoció las enormes dificultades que enfrenta el frente. Entre tantio, las visitas de Vladimir Putin a Pekín y de Antony Blinken a Kiev prueban que China y EE UU son determinantes en Ucrania.

La operación rusa se ve facilitada por la escasez de armamento en Ucrania, resultado de un retraso de siete meses en la aprobación de los 60.000 millones de dólares prometidos por Estados Unidos bajo la administración de Joe Biden. Además, Kiev enfrenta problemas para encontrar tropas frescas, consecuencia del cansancio y la debilitación de la moral entre la población, lo que ha llevado al Gobierno de Ucrania a intensificar un reclutamiento cada vez más impopular.

Pese a estas dificultades, los refuerzos de emergencia enviados por Kiev han logrado estabilizar temporalmente el nuevo frente. No obstante, no se descarta un eventual colapso y una posible nueva entrada rusa en la ciudad. Esta maniobra, ordenada por Vladímir Putin, podría ser una estrategia de distracción para desviar refuerzos ucranianos desde el Donbás y lanzar allí una ofensiva para recuperar las provincias de Donetsk y Lugansk, que Rusia ha anexionado junto con Jersón, Zaporiyia, Crimea y Sebastopol.

El cambio en la estrategia rusa refleja lecciones aprendidas del fracaso inicial de la invasión en 2022 y su evolución a una guerra de desgaste. La destitución del ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, y su reemplazo por el economista Andrei Belousov, subraya la necesidad de una gestión más eficaz de un ejército conocido por su corrupción. Moscú ha mejorado su industria armamentística, controlado las milicias privadas, intensificado el reclutamiento y forjado alianzas para obtener suministros militares de Corea del Norte e Irán, así como componentes tecnológicos de China.

El reciente viaje de Putin a Pekín ha sido una plataforma para discutir una salida diplomática al conflicto con las autoridades chinas. Sin embargo, cualquier solución diplomática parece implicar el reconocimiento por parte de Ucrania de la anexión rusa de parte de su territorio.

El contraataque de Putin ha sido respondido con la visita a Kiev del secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, quien reafirmó el apoyo de Washington a la integridad territorial de Ucrania y mencionó el posible envío de instructores militares de la OTAN a zonas cercanas al frente. Este compromiso se alinea con la postura del presidente francés, Emmanuel Macron, de hacer todo lo posible para evitar una victoria rusa. La alternativa, aceptar la invasión de un estado soberano, supondría la imposición de la ley del más fuerte y dejaría a la Unión Europea ante un abismo, comprometiendo la seguridad y estabilidad regional y cuestionando la candidatura de Ucrania para ingresar en la UE, otorgada en junio de 2022. @mundiario

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