Ucrania se prepara para atacar infraestructuras energéticas rusas con apoyo de EE UU
El conflicto en Ucrania podría entrar en una nueva fase tras conocerse que Estados Unidos está dispuesto a proporcionar inteligencia de largo alcance para apoyar ataques ucranianos contra instalaciones energéticas situadas en el corazón de Rusia. Este paso, que incluye información satelital y datos de monitoreo en tiempo real, refuerza la estrategia de Kiev de golpear la infraestructura crítica rusa y podría transformar el curso de la guerra.
Washington ha estado compartiendo inteligencia con Kiev desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, pero, según el Wall Street Journal, los nuevos datos que proporcionaría EE. UU. facilitarían que Ucrania atacara infraestructuras como refinerías, oleoductos y centrales eléctricas, con el objetivo de privar al Kremlin de ingresos y petróleo.
Según informaciones publicadas en medios estadounidenses, la Administración del presidente Donald Trump también evalúa la posibilidad de transferir misiles Tomahawk a Ucrania, con un alcance de hasta 2.500 kilómetros. Hasta ahora, Kiev había dependido de misiles occidentales de alcance limitado, como el Storm Shadow (530 km), y de drones propios cuya capacidad destructiva es menor. La apertura a compartir inteligencia detallada supone un cambio cualitativo en el apoyo estadounidense.
Durante la cumbre de la Comunidad Política Europea en Copenhague, Volodímir Zelenski confirmó las conversaciones con Washington. “Hablamos sobre armas de largo alcance. Hasta ahora solo usábamos nuestras propias capacidades. Tras mi reunión con Trump, quizá tengamos algo más. Ya veremos. Hacemos todo lo posible para tener a Estados Unidos de nuestro lado”, señaló el presidente ucraniano, que destacó la necesidad de equilibrar la capacidad ofensiva frente a Rusia.
Infraestructura energética en el punto de mira
El objetivo declarado de Kiev es claro: golpear refinerías, oleoductos y centrales eléctricas que constituyen la base de los ingresos energéticos del Kremlin. Según datos recogidos por el Financial Times, Ucrania ya ha dañado cerca del 40% de la capacidad rusa de refinado desde finales de septiembre, provocando escasez de combustible en diversas regiones. En algunos puntos de Rusia, la gasolina se ha limitado a 10-20 litros por cliente, mientras Moscú busca compensar el déficit importando desde China, Corea del Sur y Singapur.
La presión sobre el sector energético ruso se ha intensificado. Con 16 de las 38 refinerías de petróleo atacadas desde agosto de 2025, los costes internos aumentan y la dependencia de importaciones se acelera. Rusia, que había evitado hasta ahora una crisis de combustible a gran escala, se ve obligada a modificar aranceles y a subsidiar precios internos para contener el descontento social.
Por su parte, el Kremlin reaccionó de inmediato a la filtración: su portavoz, Dmitri Peskov, acusó a Washington y a la OTAN de implicarse directamente en el conflicto al facilitar inteligencia a Ucrania. “El suministro y uso de todo el aparato de inteligencia de Estados Unidos para apoyar a los ucranianos es evidente”, declaró. Moscú sostiene que este movimiento “confirma la naturaleza proxy de la guerra” y advierte de represalias si se confirman ataques con armas estadounidenses en su territorio.
La posibilidad de que Ucrania reciba misiles Tomahawk ha abierto un intenso debate. Con un alcance que cubre todo el territorio occidental y central de Rusia, estas armas transformarían la capacidad ofensiva de Kiev. Para Zelenski, disponer de un arsenal de este tipo supondría no solo aumentar la presión militar, sino también generar un coste político interno para los líderes rusos, forzados a responder ante la escasez energética y las consecuencias económicas.
Una escalada calculada
Estados Unidos ha compartido inteligencia con Ucrania desde el inicio de la invasión, pero la diferencia actual radica en el nivel de detalle y la autorización explícita para emplearla en ataques profundos. Este movimiento se enmarca en una estrategia más amplia de Washington: erosionar la capacidad financiera rusa para la guerra, basada en la exportación de petróleo y gas.
Además, Washington también ha instado a los aliados de la OTAN a ampliar su cooperación en esta línea, aunque algunos gobiernos europeos temen que un paso de esta magnitud pueda provocar represalias más agresivas por parte de Moscú. Al mismo tiempo, Zelenski insiste en que Ucrania actúa en legítima defensa y que su objetivo no es atacar infraestructuras civiles, sino responder a la campaña rusa contra la red eléctrica ucraniana.
La entrega de inteligencia y la posible transferencia de misiles de largo alcance a Ucrania suponen un punto de inflexión. Mientras Kiev ve una oportunidad de reforzar su posición ofensiva y de desgastar a Rusia desde dentro, Moscú lo percibe como una escalada directa liderada por Estados Unidos. @mundiario