Ucrania pide más presión sobre Rusia, pero Trump confía en su postura moderada con Putin
Ucrania ha vuelto a ser blanco de un ataque masivo por parte de Rusia. Esta vez, más de 360 misiles y drones impactaron en más de 30 ciudades del país, lo que ha dejado al menos 12 muertos y decenas de heridos. Frente a esta ofensiva, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha denunciado "el silencio" de Estados Unidos ante la intensificación de los ataques rusos y ha urgido a sus aliados a aumentar la presión económica sobre Moscú. Las demandas de Kiev contrastan con la postura más contenida del presidente estadounidense, Donald Trump, quien privilegia el diálogo con el Kremlin y rechaza el uso de sanciones económicas en las negociaciones con Vladímir Putin.
El reciente ataque aéreo no fue sólo una operación militar: fue también un mensaje político. Coincidió con la finalización del mayor canje de prisioneros entre ambos bandos hasta ahora, en el que se espera intercambiar mil detenidos por cada parte. Esta dualidad —el resultado de un avance diplomático por un lado y escalada bélica por el otro— refleja una vez más un patrón en la estrategia de Moscú: combinar gestos de apertura con demostraciones de fuerza para condicionar cualquier proceso de negociación.
Zelenski, al informar sobre el ataque, subrayó que su país ha propuesto varias veces un alto el fuego incondicional de 30 días ante la amenaza de Trump sobre retirar a EE UU de las conversaciones de no lograrse avances concretos. Sin embargo, el mandatario ucraniano señala que cada ofensiva rusa desmiente la voluntad de paz de Moscú. En su opinión, solo una presión sostenida, en forma de sanciones adicionales a sectores estratégicos de la economía rusa, puede alterar los cálculos del Kremlin. “Cada ataque terrorista ruso es motivo suficiente para nuevas sanciones”, escribió.
Mientras tanto, desde Washington, la respuesta a las constantes peticiones de los aliados europeos ha sido matizada. Aunque el Departamento de Estado ha reiterado que sigue en pie un proyecto de ley para imponer aranceles del 500 % sobre los compradores de petróleo y gas ruso si no se avanza hacia la paz, el presidente Trump ha evitado tomar medidas inmediatas. Su argumento según el secretario de Estado Marco Rubio: no conviene amenazar con sanciones en este momento para no entorpecer el diálogo con Moscú.
Este enfoque marca un cambio importante respecto a la política exterior estadounidense en contraste con la Administración anterior, caracterizada por un firme respaldo a Ucrania. Trump sostiene que mantener abiertas las líneas de comunicación con Putin es crucial para llegar a un acuerdo. De hecho, en la reciente llamada de dos horas con el presidente ruso, pareció renunciar a su anterior exigencia de un alto el fuego de 30 días como paso previo a la negociación.
Ante la cautela estadounidense, la Unión Europea y el Reino Unido han decidido actuar por su cuenta. Han impuesto una nueva ronda de sanciones, centradas esta vez en la llamada “Flota Fantasma” rusa: una red ilegal de buques utilizados para exportar petróleo esquivando las restricciones internacionales. El paquete, el décimo séptimo desde el inicio de la invasión, demuestra la voluntad de Bruselas y Londres de mantener la presión sobre el Kremlin, independientemente del compás diplomático de Washington.
¿Presión o apaciguamiento?
Este desacuerdo en las estrategias —presión versus diálogo— refleja una tensión más profunda en la política occidental hacia Rusia. Mientras Ucrania insiste en que solo el endurecimiento de las sanciones puede forzar a Putin a negociar de buena fe, Trump parece más interesado en facilitar un entorno que permita conversaciones directas, incluso si eso implica ceder terreno en cuestiones clave a corto plazo.
El dilema no es menor. Por un lado, los antecedentes modernos muestran que Moscú ha usado las negociaciones como herramienta táctica más que como vía real hacia un acuerdo. Por otro, una política de confrontación total podría cerrar definitivamente cualquier ventana para una solución diplomática.
En este contexto, el desafío para Occidente es doble: mantener el apoyo a Ucrania y, al mismo tiempo, evitar que el conflicto se estanque indefinidamente. Zelenski ha dejado claro que Kiev no aceptará presiones para rendirse ni negociaciones que partan de condiciones impuestas por el agresor. “Sin presión, nada cambiará”, ha afirmado Andrii Yermak, su jefe de gabinete. @mundiario