Las líneas rojas de Ucrania: Zelenski exige una tregua y garantías contra nuevas agresiones
A pocos días de la cumbre en Alaska entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, Ucrania ha trazado con claridad sus demandas y advertencias. El presidente Volodímir Zelenski, respaldado por varios líderes europeos, busca evitar que el encuentro derive en un acuerdo que, en nombre de la paz, comprometa la soberanía y la integridad territorial de su país.
Kiev plantea como prioridad inmediata un alto el fuego duradero, acompañado de garantías de seguridad verificables que impidan cualquier reanudación de la ofensiva rusa. A ello suma la exigencia de que Moscú asuma responsabilidades económicas por los daños de la guerra, valorados en cientos de miles de millones de dólares, y devuelva a los 20.000 menores ucranianos deportados, junto a prisioneros de guerra. Para Zelenski, no se trata de un gesto político, sino de condiciones mínimas para iniciar un proceso de paz real.
El escepticismo en Ucrania es palpable. El temor es que Trump busque proyectar una imagen de pacificador con miras a la obtención de un premio Nobel, incluso a costa de concesiones territoriales peligrosas. En este contexto, Zelenski ha subrayado que “cualquier decisión sin Ucrania es una decisión contra la paz”, y recordó que su país no aceptará acuerdos que ignoren su papel como parte central en cualquier negociación.
La postura ucraniana es tajante respecto a la integridad territorial. Kiev rechaza la propuesta estadounidense de intercambiar territorios, en particular la entrega del Donbás, a cambio de un cese de las hostilidades. Zelenski ha advertido que abandonar esa región estratégica abriría la puerta a nuevas ofensivas rusas hacia zonas estratégicas como Zaporiyia, Dnipró o incluso Járkov. La lógica militar detrás de esta negativa radica en que el terreno irregular del Donbás, bajo control ucraniano, actúa como defensa ante futuras incursiones.
En una videoconferencia de este miércoles con Trump y líderes europeos, Zelenski recibió el respaldo de figuras como el canciller alemán Friedrich Merz, quien subrayó que la secuencia correcta para un proceso de paz debe comenzar con un alto el fuego, seguido de un marco de negociación y, solo después, abordar cuestiones territoriales. Europa, por su parte, respalda la exigencia de que Ucrania esté presente en todas las fases de un eventual diálogo con Moscú.
El debate sobre garantías de seguridad a largo plazo sigue abierto. Ucrania considera la adhesión a la OTAN y a la Unión Europea como la única vía fiable para impedir nuevas agresiones. Sin embargo, Trump ha descartado la entrada de Kiev en la Alianza Atlántica, postura que coincide con el veto absoluto de Rusia, y varios países de la UE mantienen reservas económicas y políticas sobre una ampliación que incluya a un país en guerra con un vasto sector agrícola.
Mientras tanto, la posición rusa permanece inmutable. Según el Ministerio de Exteriores de Moscú, Putin mantiene sus condiciones fijadas en 2024: retirada total de las tropas ucranianas de las zonas aún bajo control de Kiev en Donetsk, Zaporiyia y Jersón; renuncia formal a la adhesión a la OTAN; demilitarización de Ucrania; y reconocimiento internacional de la anexión de Crimea y otras regiones ocupadas. Para Kiev, estos puntos equivalen a un ultimátum inaceptable.
Putin, además, insiste en que tales exigencias deben plasmarse en acuerdos internacionales, lo que daría un marco jurídico a la ocupación. Ucrania, respaldada por la mayoría de la comunidad internacional, sostiene que sus fronteras legítimas son las reconocidas en 1991 y que ceder territorio solo consolidaría la agresión. Sobre el terreno, las líneas de frente actuales implicarían que aceptar la propuesta rusa supondría la pérdida de más de 21.000 kilómetros cuadrados adicionales.
En este pulso diplomático, la cumbre de Alaska se presenta como un escenario de alto riesgo político. Para Trump, existe la oportunidad de mostrar liderazgo en un conflicto que ha desgastado la relación entre Moscú y Occidente. Para Putin, es la ocasión de legitimar sus avances y forzar concesiones. Para Zelenski, el desafío es impedir que su país sea moneda de cambio en una negociación entre potencias.
La reunión, más que un punto final al conflicto, podría marcar el tono de las relaciones geopolíticas en los próximos años. La clave residirá en si Washington logra algún tipo de entendimiento que no comprometa los principios fundamentales que Kiev y sus aliados europeos consideran innegociables: soberanía, integridad territorial y seguridad a largo plazo. @mundiario