Lo que revela la muerte de “El Mencho”: un nuevo equilibrio de seguridad entre Sheinbaum y Trump

Claudia Sheinbaum y Donald Trump. / Mundiario
La conversación telefónica de ocho minutos entre ambos mandatarios evidenció cooperación en inteligencia, pero también dejó al descubierto la presión de EE UU para que México refuerce su ofensiva contra el narcotráfico.

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generacion (CJNG), no solo desató una ola de violencia en México. También activó un intercambio directo entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ilustra el nuevo equilibrio —y la tensión— en la relación bilateral en materia de seguridad.

Sheinbaum confirmó que Trump la llamó el lunes, un día después del operativo militar en Jalisco. La conversación, según relató, duró ocho minutos y tuvo un objetivo concreto: “ver cómo estaban las cosas en México”. Ocurrió tras una jornada en la que el CJNG respondió con bloqueos y quema de negocios en buena parte del país.

Durante la llamada, Sheinbaum explicó a Trump que el operativo fue ejecutado por la Secretaría de la Defensa Nacional mexicana, con apoyo de inteligencia proporcionada por Washington. Esa precisión no es menor.

En su discurso sobre el Estado de la Unión del martes, Trump afirmó que los servicios de inteligencia estadounidenses jugaron un papel decisivo y llegó a atribuirse el golpe al cartel. La presidenta mexicana matizó luego esa versión: la colaboración fue “esencialmente en inteligencia e información”, mientras que la ejecución correspondió exclusivamente a fuerzas mexicanas.

El contraste revela una doble narrativa. Para Washington, el abatimiento del narcotraficante más buscado —por quien ofrecía 15 millones de dólares— confirma la eficacia de su estrategia de presión. Para México, subrayar la autonomía operativa es una cuestión de soberanía.

Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha intensificado la presión sobre México. Designó a varios carteles como organizaciones terroristas extranjeras y declaró la emergencia nacional en la frontera sur. Además, ha vinculado el combate al narcotráfico con comercio, migración y aranceles.

El tema del fentanilo —responsable de decenas de miles de muertes por sobredosis en Estados Unidos— se ha convertido en el eje del discurso republicano. México aparece en esa narrativa como territorio de tránsito y producción, lo que refuerza la exigencia de “hacer más”.

La muerte de “El Mencho” se produce, por tanto, en un contexto donde la cooperación ya no es solo técnica, sino estratégica y políticamente condicionada.

Del “abrazos, no balazos” al enfoque operativo

El operativo marca un punto de inflexión respecto al enfoque impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, sintetizado en la consigna “abrazos, no balazos”. Aunque Sheinbaum ha defendido públicamente ese legado, en la práctica su administración ha reforzado el perfil operativo.

La llegada de Omar Garcia Harfuch a la Secretaría de Seguridad consolidó ese giro. Bajo su conducción, el Gobierno reporta miles de detenciones por delitos de alto impacto, decomisos masivos de droga —incluido fentanilo— y el desmantelamiento de laboratorios clandestinos.

El atentado que sufrió García Harfuch en 2020, atribuido al CJNG, añadió una dimensión personal al enfrentamiento con el grupo criminal. La operación contra su líder se interpreta en ese marco.

El operativo dejó al menos 27 agentes muertos, 46 presuntos criminales abatidos y una civil fallecida. La magnitud de la respuesta del CJNG evidenció su capacidad de movilización territorial.

Sin embargo, el mensaje político fue claro: el Estado mexicano está dispuesto a golpear a las cúpulas del crimen organizado. Para Washington, la acción valida su tesis de que la presión produce resultados. Para el Gobierno mexicano, demuestra que puede actuar sin intervención directa extranjera.

Tras los disturbios, Estados Unidos emitió una alerta para sus ciudadanos en México, levantada días después. En paralelo, casi un centenar de presuntos criminales han sido enviados a territorio estadounidense en los últimos meses, en procedimientos que algunos juristas cuestionan por haberse realizado fuera del esquema tradicional de extradición.

La cooperación se ha intensificado, pero también se ha vuelto más asimétrica. Trump ha insinuado la posibilidad de acciones unilaterales contra los complejos de los narcos y sus laboratorios, mientras Sheinbaum ha reiterado que cualquier intervención directa sería una violación de la soberanía mexicana.

México enfrenta el desafío de sostener una estrategia más agresiva contra el narcotráfico sin aparecer subordinado a Washington. Estados Unidos, por su parte, utiliza la seguridad como herramienta de política exterior y doméstica.@mundiario