Recuperar Bagram: ¿cómo es la idea de Trump para rehabilitar la mayor base de EE UU en Afganistán?

El presidente de EE UU, Donald Trump. / White House
La propuesta de retomar la base aérea de Bagram se presenta como una oportunidad para reforzar la presencia estratégica frente a China y abrir un canal de negociación con los talibanes para la liberación de rehenes.

Durante su visita de Estado al Reino Unido, el presidente Donald Trump sorprendió al anunciar que su administración está trabajando para “recuperar” la base aérea de Bagram, abandonada en 2021 durante la caótica retirada estadounidense ejecutada por Joe Biden.

Trump justificó la propuesta por la ubicación estratégica del complejo militar, a “una hora de donde China fabrica sus armas nucleares”, y sugirió que podría lograrse un acuerdo con los talibanes, que actualmente controlan el país desde entonces.

El anuncio supone un giro llamativo: fue el propio Trump quien, en su primer mandato, negoció con los talibanes el acuerdo que estableció el calendario de retirada de las fuerzas internacionales. La idea de un retorno, por tanto, podría ser percibida como un intento de corregir lo que el presidente considera un error de ejecución de la Administración Biden, al tiempo que se reposiciona frente al principal rival geopolítico de Washington.

Pero más allá del golpe de efecto político, la propuesta enfrenta enormes obstáculos. Según actuales funcionarios y exoficiales consultados por Reuters, reocupar Bagram no sería una operación limitada: de ser requeriría al menos 10.000 efectivos, defensas aéreas avanzadas y una logística de reabastecimiento compleja en un país sin salida al mar. Además, el perímetro de la base tendría que ser asegurado de forma permanente para evitar ataques de las milicias yihadistas que proliferan en el país, lo que supondría un compromiso militar prolongado y costoso.

Aun si los talibanes aceptaran formalmente un retorno estadounidense, el terreno seguiría siendo hostil. Grupos rivales como el Estado Islámico del Gran Jorasán (ISIS-K) o facciones de Al Qaeda podrían convertir la base en un objetivo prioritario. También se contemplan riesgos externos, como un posible ataque con misiles por parte de Irán, que en el pasado ha demostrado capacidad para golpear instalaciones estadounidenses, como ocurrió en junio en la base de Al Udeid, en Qatar.

En el plano político, la propuesta podría reabrir heridas en Washington. La retirada de Afganistán fue objeto de intensas críticas y generó un consenso entre sectores del establishment en torno a priorizar otros desafíos estratégicos, como la competencia con China en el Indo-Pacífico. Volver a desplegar tropas podría interpretarse como una distracción y un riesgo de quedar nuevamente atrapado en un conflicto abierto.

Es posible que el objetivo del presidente estadounidense vaya más allá de habilitar una base militar; también está en juego el componente diplomático. Trump insinuó que los talibanes podrían aceptar la presencia militar a cambio de concesiones económicas o políticas, en un contexto en el que el régimen busca legitimidad internacional y alivio para su golpeada economía. Esto podría facilitar negociaciones sobre la liberación de rehenes estadounidenses y abrir un canal de diálogo más estable entre Washington y Kabul.

Sin embargo, cualquier acuerdo con los talibanes podría generar controversia entre aliados europeos y en la propia opinión pública estadounidense, que en su mayoría apoyó el fin de la guerra más larga de la historia del país. Una reocupación podría verse como una “reinvasión” y requerir explicaciones claras sobre sus objetivos y su viabilidad.

El Pentágono, por ahora, no ha confirmado planes para regresar a Afganistán y continúa revisando las lecciones de la retirada de 2021. El resultado de esa revisión podría influir en la viabilidad de un proyecto como el planteado por Trump.

La propuesta de Bagram, en suma, refleja la visión estratégica de la actual Administración sobre la necesidad de mantener una presión directa sobre China y asegurar posiciones avanzadas en Asia Central. No obstante, su ejecución plantea desafíos que podrían obligar a Estados Unidos a replantearse el tipo de compromiso militar que está dispuesto a asumir en la región. @mundiario