Trump anticipa un “nuevo régimen” en Irán y amenaza con dejar tierra quemada si no cede en Ormuz
La guerra entre EE UU, Israel e Irán está en su punto más álgido sin certezas de hacia dónde se dirige. Mientras el presidente estadounidense Donald Trump asegura que las negociaciones avanzan, eleva simultáneamente el tono de sus amenazas hasta niveles que apuntan a una posible devastación del país si no hay acuerdo.
El mensaje es claro, pero también contradictorio. Washington afirma estar cerca de un entendimiento con interlocutores iraníes, a los que describe como parte de un “nuevo régimen más razonable”. “Estados Unidos está en conversaciones serias con un régimen nuevo y más razonable para poner fin a nuestras operaciones militares en Irán. Se han logrado grandes progresos”, escribió Trump en un mensaje de Truth Social.
Sin embargo, condiciona ese supuesto progreso a exigencias máximas como la reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz y la aceptación de condiciones que Teherán considera inasumibles. En el discurso público, la Casa Blanca proyecta una narrativa de avances diplomáticos. En paralelo, se despliega una retórica de coerción extrema que incluye la destrucción de infraestructuras clave.
Trump ha advertido de que, en ausencia de acuerdo, Estados Unidos podría atacar centrales eléctricas, infraestructura petrolera, instalaciones energéticas críticas y plantas desalinizadoras que garantizan el acceso al agua potable. Este último punto implica un asunto especialmente delicado desde el punto de vista del derecho internacional humanitario, al tratarse de infraestructuras civiles esenciales para la población.
“Si por alguna razón no se lograse un acuerdo en breve, que probablemente sí se consigue, y el estrecho de Ormuz no se abre al tráfico de inmediato, concluiremos nuestra bonita ‘estancia’ en Irán haciendo saltar por los aires y aniquilando todas sus plantas generadoras de electricidad, sus pozos de petróleo y la isla de Jarg (la plataforma que produce el 90 % del crudo de uso doméstico) ¡y posiblemente todas las plantas desalinizadoras!, que deliberadamente aún no hemos tocado”, amenazó el presidente estadounidense.
El Estrecho de Ormuz en el eje del conflicto
El núcleo de la disputa sigue siendo el control y la apertura del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20 % del petróleo mundial. Su bloqueo parcial ha alterado los mercados energéticos globales y ha elevado la presión sobre las economías occidentales. Para Teherán, el tránsito marítimo se ha convertido en su as bajo la manga en lo que los ayatolás son expertos, el conflicto asimétrico. La amenaza de arrasar infraestructuras iraníes busca, en este contexto, forzar una concesión rápida. Pero también entraña riesgos evidentes de escalada.
Mientras EE UU habla de avances, Irán niega la existencia de negociaciones directas y califica las propuestas recibidas como “maximalistas”. Este desfase entre narrativa pública y posición oficial refleja la complejidad de las negociaciones indirectas, mediadas por terceros países. Al mismo tiempo, Teherán ha dado gestos ambiguos, como permitir el paso selectivo de buques, mientras avanza medidas de presión como estudiar la salida del Tratado de No Proliferación Nuclear o la imposición de un régimen de peajes en el Golfo Pérsico. El resultado es un escenario de señales cruzadas en el que ambas partes intentan ganar ventaja sin cerrar completamente la puerta al diálogo.
El despliegue de refuerzos estadounidenses en el Golfo Pérsico refuerza el carácter coercitivo de la estrategia. La acumulación de capacidad militar sugiere que las amenazas podrían traducirse en acciones si las negociaciones fracasan.
Sin embargo, la propia lógica de estas advertencias no aclara todas las dudas. Una ofensiva centrada en destruir la economía iraní podría generar efectos colaterales globales como una mayor inestabilidad energética, interrupciones en el comercio internacional y presión adicional sobre la inflación mundial.
La estrategia de Trump se sitúa en una línea fina entre la disuasión y la escalada. @mundiario