Trump admite que habrá “problemas de transición” por sus aranceles y no descarta extender su pausa
En una extensa reunión de gabinete celebrada este jueves en la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido por primera vez que su agresiva política arancelaria podría generar “problemas de transición” para la economía del país. Esta admisión representa una sutil pero significativa concesión tras semanas de tensión en los mercados financieros y presión de los inversores.
Trump, visiblemente desafiante pese a los indicadores negativos, afirmó que el país está en buena forma económica, aunque los mercados parecían opinar lo contrario. Mientras se desarrollaba la reunión, Wall Street registraba fuertes caídas, lo que contrastaba con el tono optimista del presidente. “Estamos en muy buena forma. Creemos que lo estamos haciendo muy bien de nuevo”, declaró sin referirse directamente a los temores de recesión ni al desplome bursátil.
La reunión comenzó con una discusión sobre los beneficios del reciente anuncio de otorgar una pausa arancelaria de 90 días. El presidente señaló que el día anterior, cuando los mercados estadounidenses experimentaron cierta recuperación tras importantes caídas, fue un "gran día". Trump afirmó que, aunque siempre habrá "dificultades de transición", ese día marcó "el más grande en la historia de los mercados".
Además, el presidente sostiene que Estados Unidos genera miles de millones de dólares diariamente gracias a sus medidas proteccionistas, y aseguró que “eso nos convierte en un país muy fuerte”. Sin embargo, los críticos han señalado que los aranceles funcionan como impuestos sobre los bienes importados, que en última instancia son pagados por los importadores en lugar de los países exportadores.
Estos comentarios se hicieron mientras los principales índices bursátiles comenzaban a perder gran parte de las ganancias logradas durante el notable rebote del día anterior.
Trump expresó que los inversores están satisfechos con la dirección del país, ya que "intentan que el mundo nos trate de manera justa". El mandatario también reiteró que "todo el mundo quiere venir y hacer un trato" para reducir los aranceles. Durante la reunión, informó a un periodista que, si no puede asegurar los acuerdos que desea con los socios comerciales de EE UU, los aranceles volverán a sus niveles más altos una vez que termine la pausa actual.
“Eso es lo que sucedería”, afirmó. “Simplemente tiene que ser bueno para ambas partes.” Sin embargo, cuando se le presionó sobre si esto significa que no extendería la pausa, Trump respondió: “tendremos que ver qué sucede.”
Inestabilidad en la estrategia arancelaria
Una de las señales más claras del desorden interno fue el anuncio de un nuevo paquete arancelario contra productos chinos. Trump afirmó que los aranceles alcanzaban un 125 %, pero posteriormente se reveló que la cifra real era del 145 %, al sumarse un 20 % adicional justificado por la crisis del fentanilo. La falta de coordinación fue evidente, ya que el decreto correspondiente se publicó horas después de entrar en vigor, incrementando la incertidumbre entre empresarios y analistas.
Aparte del castigo a Pekín, Trump celebró que la Unión Europea haya suspendido por 90 días sus primeras medidas de represalia comercial, interpretándolo como un triunfo gracias a su estrategia firme frente a China. Sin embargo, esa postura ha provocado restricciones por parte de Pekín, incluyendo nuevas limitaciones al cine estadounidense. Trump respondió con sarcasmo: “creo que podría haber cosas peores”.
Sobre posibles avances diplomáticos, el mandatario aseguró que “los primeros acuerdos están muy cerca”, manteniendo una actitud optimista respecto a una eventual negociación con China, a pesar de la escalada de tensiones.
Trump también reiteró que su política comercial traerá beneficios a largo plazo, aunque reconoció que habrá “dolor de transición” y costes económicos temporales para las familias estadounidenses. El presidente aprovechó para destacar la baja en la inflación registrada en marzo, que cayó al 2,4 %, su nivel más bajo en cuatro años, aunque esa mejora coincide con la etapa previa a la plena implementación de sus medidas arancelarias.
Flexibilidad en la política arancelaria y apoyo legislativo
Durante la rueda de prensa posterior a la reunión, Trump se mostró dispuesto a ofrecer exenciones a ciertos países y empresas, incluyendo una reducción del arancel mínimo del 10% para socios comerciales estratégicos. Además, celebró la aprobación en la Cámara de Representantes de un plan presupuestario, que sienta las bases para aplicar nuevas rebajas fiscales antes de fin de año.
Este respaldo legislativo fue presentado como una victoria política clave, especialmente de cara al receso de Semana Santa, durante el cual los congresistas enfrentarán la reacción de sus electores, muchos de los cuales están preocupados por los recortes presupuestarios promovidos tanto por Trump como por su aliado empresarial Elon Musk.
Biden, en el centro de las críticas del oficialismo
Por otra parte, el discurso durante la sesión de gabinete fue unánime en dos frentes: alabanza a Trump y ataques a Joe Biden. El presidente responsabilizó a su antecesor por el déficit comercial récord de 1,2 billones de dólares registrado el año pasado, argumentando que las importaciones crecieron como reacción anticipada a sus políticas arancelarias.
Sin embargo, fuera de la Casa Blanca, las críticas no se hicieron esperar. Janet Yellen, exsecretaria del Tesoro durante la gestión de Biden, afirmó en CNN que los aranceles de Trump son “la peor herida autoinfligida que una Administración inflige a una economía que funciona bien”. Para Yellen, las decisiones de Trump “han golpeado fuertemente” a una economía que estaba en recuperación sostenida.
A pesar del discurso triunfalista, las inconsistencias en la ejecución, la falta de coordinación institucional y los efectos inmediatos en los mercados muestran que la guerra comercial emprendida por Donald Trump sigue generando más preguntas que respuestas. El reconocimiento de que habrá “dolor de transición” sugiere que incluso en la Casa Blanca empieza a calar la idea de que los efectos colaterales podrían ser más profundos de lo previsto. @mundiario