Una tregua en el horizonte: Trump y Netanyahu aceleran las negociaciones con Hamás

El presidente de EE UU, Donald Trump y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. / White House
Mientras el Gobierno del primer ministro israelí discute con la milicia palestina sobre la duración de un posible alto el fuego, EE UU presiona para materializar un acuerdo lo antes posible.

En medio de una de las crisis humanitarias más intensas de los últimos años, las negociaciones para lograr un segundo alto el fuego entre Israel y Hamás parecen estar en su etapa final. La Administración del presidente Donald Trump ha redoblado esfuerzos diplomáticos en las últimas horas, y las señales indican que se acerca un acuerdo en las próximas semanas. Las reuniones consecutivas entre Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebradas en menos de 24 horas en la Casa Blanca, sugieren un cambio de ritmo y de prioridades en la resolución del conflicto.

Lejos de tratar temas generales o de carácter protocolar, el segundo encuentro —a puerta cerrada y con la presencia del vicepresidente J.D. Vance— se centró exclusivamente en la propuesta de alto el fuego presentada por Trump la semana pasada. Según fuentes cercanas a la Casa Blanca citadas por los medios israelíes, los equipos de negociación han conseguido reducir los desacuerdos de cuatro puntos conflictivos a uno solo. La meta inmediata: un cese del fuego de al menos 60 días y la liberación de 10 rehenes vivos y 9 fallecidos en manos de Hamás.

Trump ha delegado la gestión directa del proceso a su enviado para Oriente Próximo, Steve Witkoff, quien ha señalado que “la tregua podría concretarse antes del fin de la semana”. Witkoff también reveló que el acuerdo prevé reuniones con las familias de los rehenes, así como garantías para el ingreso de ayuda humanitaria durante la tregua. Aunque el grupo palestino aún no ha aceptado plenamente los términos, su respuesta al último borrador fue considerada lo suficientemente constructiva como para mantener vivas las negociaciones.

Por parte de Israel, Netanyahu expresó su respaldo a la propuesta mediada por Estados Unidos, Egipto y Qatar, calificándola de “buena oferta” que “coincide con la idea original” del enviado estadounidense. No obstante, el primer ministro aclaró que Israel no considera que la campaña militar esté concluida. “Aún tenemos que terminar la labor en Gaza”, declaró desde el Capitolio, reafirmando su objetivo de desmantelar completamente las capacidades militares y de gobierno de Hamás.

En paralelo a las reuniones en Washington, las negociaciones indirectas continúan en Doha. Una fuente palestina cercana al proceso aseguró a las agencias internacionales que los puntos clave restantes se centran en la logística de la implementación, especialmente en lo relacionado con la retirada parcial del Ejército israelí y la entrega de ayuda humanitaria. Uno de los principales puntos de discusión gira en torno a quién gestionará la distribución de dicha ayuda: Hamás prefiere que sea la ONU y no la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF) bajo influencia israelí.

A pesar de los avances sustanciales, el nudo central persiste: para Israel, se trata de una pausa táctica en el conflicto; para Hamás, debería representar el comienzo del fin de la guerra. Este desacuerdo conceptual es el escollo que podría alargar las conversaciones, aunque los mediadores internacionales —incluido el propio Trump— parecen decididos a cerrar el acuerdo cuanto antes.

El papel de Qatar ha sido clave como anfitrión de las negociaciones indirectas, mientras que la coordinación entre Washington y Tel Aviv ha sido descrita por funcionarios israelíes como “total”. La presión de la Casa Blanca también se ha intensificado: según los medios israelís, Trump ha pedido expresamente a los mediadores que logren resultados esta misma semana.

A diferencia de otras etapas del conflicto, esta fase cuenta con una combinación "extraña": una inusual disposición israelí a ceder parcialmente, voluntad diplomática de Hamás a flexibilizar posturas y un Estados Unidos activamente involucrado en facilitar un pacto que dure los 60 días establecidos. Esta convergencia de factores genera una ventana de oportunidad, aún frágil, pero tangible.

Mientras las conversaciones continúan en Doha y los contactos políticos se mantienen al más alto nivel en Washington, todo indica que la posibilidad de una tregua real en Gaza está más cerca que nunca. El tiempo dirá si esta iniciativa derivará en un acuerdo duradero o si quedará como otro intento frustrado en un conflicto prolongado e insostenible.@mundiario