El tratado que limitaba el arsenal nuclear ya no existe: qué implica el vacío que deja el acuerdo entre EE UU y Rusia
El 25 de diciembre de 1991, en plena disolución de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov telefoneó a George H. W. Bush para comunicarle su dimisión. Aquel gesto simbólico sellaba el final de la Guerra Fría y consolidaba una arquitectura de seguridad internacional basada en el control del armamento nuclear. Más de tres décadas después, ese sistema ha perdido su último pilar.
Este jueves ha expirado el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New Start), el único acuerdo vigente entre Estados Unidos y Rusia que limitaba el número de ojivas nucleares desplegadas por ambas potencias. El tratado fijaba un máximo de 1.550 cabezas nucleares, además de topes en lanzaderas, misiles balísticos intercontinentales y bombarderos estratégicos. Washington y Moscú han dejado morir el pacto sin relevo ni negociaciones a la vista.
El fin de la arquitectura de control nuclear
El New Start era heredero directo del primer tratado Start, firmado en Moscú en julio de 1991 por Gorbachov y Bush padre, con el objetivo de reducir el arsenal estratégico concebido para atacar territorio enemigo. Ese marco se reforzó en 2010, cuando Barack Obama y Dmitri Medvédev rubricaron en Praga el nuevo acuerdo, prorrogado en 2021 por cinco años más.
Más allá de los límites numéricos, el tratado establecía mecanismos de verificación clave, como hasta 18 inspecciones anuales recíprocas, que garantizaban transparencia y previsibilidad. “Sin ese sistema, cada parte tenderá a imaginar el peor escenario posible”, advierte Pavel Podvig, director del Proyecto de Fuerzas Nucleares Rusas, con sede en Ginebra.
La pandemia primero y la invasión rusa de Ucrania después terminaron de dinamitar ese hilo de comunicación. En febrero de 2023, Moscú suspendió su participación en el tratado, en respuesta al apoyo militar de la Administración Biden a Kiev. Desde entonces, las amenazas nucleares han reaparecido en el discurso político ruso, aunque sin materializarse.
Un mundo más armado y menos seguro
La desaparición del New Start coincide con un contexto de rearme global. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri) ha alertado de que los arsenales nucleares del mundo no solo se mantienen, sino que se modernizan y amplían. Según sus datos, existen más de 12.200 ojivas nucleares, de las que unas 9.600 estarían operativas. Entre el 80% y el 90% están en manos de Estados Unidos y Rusia.
Ambos países superan actualmente las 1.700 ojivas desplegadas, una cifra que, en la práctica, ya roza o supera los límites del tratado extinguido. “Es probable que, por ahora, sigan respetando de facto el acuerdo para evitar perturbaciones mayores”, señala Paul van Hooft, analista del centro Rand, aunque admite que sin un marco legal el riesgo de escalada aumenta.
China, el factor que bloquea cualquier acuerdo
El principal escollo para un nuevo pacto es China. Washington considera que Pekín es su principal rival estratégico y exige que cualquier futuro tratado incluya al gigante asiático. Sin embargo, China se resiste. Aunque su arsenal —unas 600 ojivas— es muy inferior al estadounidense y ruso, su ritmo de producción es el más rápido del mundo, con unas 100 nuevas cabezas al año desde 2023.
Pekín sostiene que son las grandes potencias nucleares las que deben reducir primero sus arsenales. “Rusia quiere un acuerdo bilateral porque le otorga un estatus simbólico de igualdad con Estados Unidos”, explica Podvig. “China no siente que necesite firmar nada”, añade.
El reloj del juicio final avanza
La falta de acuerdos, la erosión de la confianza y la modernización de los arsenales han tenido reflejo simbólico en el Reloj del Juicio Final, que el Boletín de los Científicos Atómicos situó en enero a 85 segundos de la medianoche, el punto más cercano a la catástrofe desde su creación en 1947.
La muerte del New Start no implica un conflicto inmediato, pero sí marca un punto de inflexión: por primera vez desde el final de la Guerra Fría, el mundo carece de un marco efectivo que limite el poder destructivo de las dos mayores potencias nucleares. Un vacío que, según los expertos, hace el escenario internacional más imprevisible y, en última instancia, más peligroso. @mundiario