Rusia apuesta por intensificar sus ataques a Ucrania en vísperas del ultimátum de Trump
A escasos días del 8 de agosto, fecha límite impuesta por el presidente estadounidense Donald Trump para que Rusia acepte una tregua en su guerra contra Ucrania, Moscú intensificó sus ataques. Al menos cinco personas murieron y más de una decena resultaron heridas en nuevos bombardeos nocturnos. Los ataques alcanzaron zonas clave de las regiones de Járkov y Zaporiyia, reavivando la violencia en el este del país, mientras que las señales diplomáticas se mantienen, en el mejor de los casos, en punto muerto.
En Lozova, en la región de Járkov, un misil impactó en plena zona residencial, dejando al menos un fallecido, varios heridos —entre ellos dos niños— y severos daños en infraestructuras, incluidos edificios de gran altura, líneas férreas y suministros eléctricos. Las autoridades locales describieron el bombardeo como “el más intenso” que han sufrido desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en 2022. Simultáneamente, en Zaporiyia, los ataques dejaron al menos cuatro muertos más y múltiples daños materiales tras más de 400 impactos, según el gobernador Iván Féderov.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Rusia lanzó cerca de 50 drones, en su mayoría del tipo Shahed de fabricación iraní o sus versiones rusas, además de un misil balístico. En su mensaje, reiteró que el Kremlin continúa su campaña contra civiles en ciudades de primera línea, con el objetivo de sembrar el terror y debilitar la resistencia ucraniana. “Esperamos pasos significativos y decisivos”, añadió el mandatario, quien en los últimos meses ha intensificado sus peticiones por un incremento de la presión internacional sobre el Kremlin.
Estos ataques coinciden con la cercanía del plazo fijado por Trump, quien advirtió a Moscú que, de no alcanzarse una tregua para el 8 de agosto, su Administración impondrá sanciones secundarias, incluyendo penalizaciones a países que continúen comerciando con Rusia —como la India o Brasil—, así como nuevos aranceles que podrían afectar al petróleo y otras exportaciones clave del Kremlin. El enviado especial de Trump, Steve Witkoff, prevé viajar a Moscú en las próximas horas en un último intento de mediar antes de que expire el ultimátum.
Sin embargo, fuentes cercanas al Kremlin indican que el presidente ruso, Vladímir Putin, no parece estar particularmente preocupado por las amenazas. Según reporta Reuters, Putin genuinamente considera que la economía rusa puede resistir nuevas sanciones, tras más de tres años de presión económica. Aunque se ha mostrado dispuesto a participar en conversaciones de paz, el mandatario mantendría como prioridad absoluta el control territorial de las regiones ocupadas: Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.
Estas conversaciones, celebradas tres veces desde mayo, han servido más como un gesto hacia Washington que como un proceso real de paz. Moscú insiste en que Ucrania se retire completamente de las regiones bajo ocupación y acepte un estatus de neutralidad y desmilitarización, condiciones que son inaceptables para Kiev. A pesar de la retórica conciliadora, las exigencias del Kremlin y su continua ofensiva militar reflejan una estrategia dilatoria que le permita ganar terreno antes de cualquier negociación formal.
Putin, según fuentes con conocimiento de las discusiones internas en el Kremlin, cree que Rusia tiene la ventaja estratégica y que las sanciones estadounidenses adicionales tendrían un impacto limitado. Además, valora que una tregua forzada ahora debilitaría su posición en futuras negociaciones y podría ser interpretada como una concesión a las presiones externas, algo que busca evitar en plena campaña de consolidación territorial.
En este escenario, el margen para una salida diplomática real parece estrecharse. La tensión entre Moscú y Washington podría escalar si el Kremlin decide ignorar por completo el ultimátum de Trump, lo que abriría un nuevo frente económico y geopolítico, siempre y cuando Putin no sea capaz de convencer a la Casa Blanca de lo contrario.
Mientras tanto, en Ucrania, la población civil sigue pagando el precio de un conflicto selectivo, con nuevas víctimas cada semana, infraestructura destruida y una incertidumbre creciente sobre el rumbo que tomará la guerra tras el 8 de agosto. @mundiario