Ebrahim Raisí, el presidente iraní que falleció en un accidente de helicóptero

Ebrahim Raisí, presidente de Irán. / RR.SS
Ebrahim Raisí, presidente de Irán. / RR.SS
El mandatario estaba llamado a ser el sucesor del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, y era reconocido por su talante, su defensa de la ortodoxia ultraconservadora y hostilidad a Occidente.
Ebrahim Raisí, el presidente iraní que falleció en un accidente de helicóptero

La trágica muerte del presidente de Irán, Ebrahim Raisí, en un accidente de helicóptero cerca de Varzeqan, ha reavivado el debate sobre su polémico legado. Raisí, fallecido el domingo pasado, era conocido tanto por su lealtad al régimen islámico como por su oscuro papel en la ejecución de miles de presos políticos en el verano de 1988, según denuncian organizaciones de derechos humanos.

Una comisión de cuatro altos funcionarios del régimen islámico, entre ellos Ebrahim Raisí, ordenó la ejecución masiva de presos políticos en Irán. Según numerosos testimonios, Raisí, quien se desempeñaba como fiscal adjunto de Teherán, fue uno de los responsables directos de estas ejecuciones. Estas acciones le valieron el apodo de “juez de la horca”, de acuerdo El País, una reputación que lo acompañó durante toda su vida y que nunca fue olvidada por muchos iraníes.

Un informe de Amnistía Internacional, titulado “Secretos empapados en sangre”, documenta que entre los al menos 5.000 ejecutados se encontraban jóvenes de veinte años, hombres adultos, mujeres e incluso adolescentes que después se sepultaron en fosas comunes.

Raisí, nacido en Mashad hace 63 años, casado y con dos hijos, fue un fiel servidor del régimen desde su juventud, aproximadamente a los 18 años. Estudió en el seminario de Qom, una prestigiosa institución religiosa, y rápidamente ascendió en la jerarquía judicial apuntalado por su condición de sayyid, como se le conocen a los descendientes del linaje del profeta Mahoma. Fue nombrado fiscal a los 20 años y, antes de cumplir 30, ya participaba en decisiones cruciales como las ejecuciones de 1988.

Presidente desde 2021

El presidente que falleció este domingo en el accidente de helicóptero ocupó varios puestos de poder, incluyendo la vicepresidencia del Tribunal Supremo (2004-2006) y el asiento de fiscal general (2014-2016). En 2017, se postuló por primera vez a la presidencia, pero fue derrotado por el moderado Hasan Rohaní y en 2019 se le concedió el cargo de jefe del Poder Judicial.

Sin embargo, su derrota fue solo temporal; en 2021, llegó a la presidencia gracias al respaldo del Consejo de Guardianes, el organismo prácticamente gobernado por el líder supremo Alí Jamenei, que vetó a cerca de 600 aspirantes, al grueso de los candidatos moderados excepto a uno que terminó desertando de la contienda.

La victoria de Raisí en 2021 fue vista como una confirmación del control ultraconservador sobre Irán de tendencia “principalista”. Su Gobierno se caracterizó por una dura represión, especialmente notable tras la muerte de la joven Mahsa Yina Amini en 2022, detenida por llevar mal colocado el velo.

El legado de Raisí

La respuesta violenta del régimen a las protestas resultantes, que incluyó la muerte de al menos 550 manifestantes y la detención de 60.000 personas, solidificó su imagen de líder autoritario. La represión continuó con ejecuciones masivas; en lo que va de 2024, Irán ha ejecutado a 226 personas, siendo también el país con el mayor número de liquidaciones de mujeres en el mundo.

El legado de Raisí es profundamente controvertido. Para algunos, fue un guardián de la ortodoxia ultraconservadora del régimen islámico; para otros, un símbolo de la represión y la ausencia de derechos humanos en Irán. Su ascenso y permanencia en el poder reflejan la lucha interna dentro de Irán entre la modernidad y el conservadurismo. Su muerte podría marcar un punto de inflexión en la política iraní, pero su impacto y el futuro del país bajo la influencia de su legado siguen siendo inciertos.

La desaparición de Raisí deja un vacío en el liderazgo iraní que podría influir en la dirección futura del país. Con la resistencia interna creciendo y la presión internacional intensificándose, el régimen se enfrenta a desafíos significativos. La muerte de Raisí podría abrir nuevas oportunidades para el cambio o, por el contrario, reforzar aún más el control conservador. El futuro de Irán, en medio de estas tensiones, será decisivo para la región y el mundo.

El fallecimiento de Ebrahim Raisí marca el fin de una era en la política iraní, pero también resalta las profundas divisiones y el legado de represión que persiste en el país. Su vida y muerte seguirán siendo un punto de referencia para entender la compleja dinámica de poder en Irán. @mundiario

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