Putin ofrece a Trump prorrogar el tratado de armas nucleares y abre la puerta a nuevas conversaciones

Vladimir Putin, presidente de Rusia y Donald Trump, presidente de EE UU. / Casa Blanca
El mandatario ruso ofrece prolongar la expiración del acuerdo START III hasta 2027 para evitar una nueva carrera armamentística, pero condiciona su propuesta a que Washington no despliegue el sistema antimisiles “Cúpula Dorada”.

La propuesta del mandatario ruso Vladímir Putin de extender por un año el tratado Nuevo START, el último gran pacto de control de armas nucleares que queda en pie entre Rusia y Estados Unidos, llega en un momento de máxima tensión geopolítica. Con la guerra de Ucrania estancada y las sanciones internacionales asfixiando su economía, el Kremlin recurre de nuevo a su baza más poderosa: el arsenal nuclear.

Putin anunció ante su Consejo de Seguridad que Moscú está dispuesto a mantener los límites de armamento estratégico establecidos en el START III más allá de su fecha de expiración, en febrero de 2026, siempre que Washington haga lo mismo y evite acciones que “desequilibren el actual potencial de disuasión”. El mensaje no es solo diplomático: es también un recordatorio de que Rusia mantiene la capacidad de responder militarmente si percibe una amenaza a su seguridad estratégica.

La advertencia se centró en la “Cúpula Dorada”, el ambicioso sistema de defensa antimisiles que el presidente estadounidense Donald Trump ha prometido construir en el espacio y que costaría unos 175.000 millones de dólares. Según Putin, el despliegue de interceptores orbitales podría “socavar los esfuerzos por mantener el statu quo” y obligar a Moscú a tomar “medidas técnico-militares” para restaurar el equilibrio. El tono fue inequívoco: Rusia no se limitaría a protestas diplomáticas.

El START III, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev, limita a 1.550 el número de cabezas nucleares desplegadas por cada país y a 700 el número de misiles y bombarderos. Además, incluye inspecciones mutuas, aunque estas se encuentran suspendidas desde 2020 y Moscú dejó de participar formalmente en el tratado en 2023, en respuesta a lo que considera un intento occidental de derrotar militarmente a Rusia en Ucrania. Sin embargo, hasta ahora ha seguido respetando de forma unilateral los límites.

La oferta de prórroga tiene una doble lectura. Por un lado, busca presentarse como una iniciativa en favor de la estabilidad global y el control de armamento, en línea con el argumento de que Rusia sigue siendo un “actor responsable” en el escenario internacional. Por otro, le sirve a Putin para estabilizar el canal de diálogo directo con Washington, algo que podría aliviar parte de la presión diplomática y económica que enfrenta por su invasión de Ucrania.

Trump, por su parte, ha mostrado interés en mantener los límites del tratado y ha dicho que dejar que caduque sería “un gran problema”. Sin embargo, también ha sugerido que China debería sumarse a futuras negociaciones, algo que Pekín ha rechazado por considerarlo “irreal e injusto”. La idea de una prórroga de un año podría dar tiempo a buscar un compromiso más amplio, por lo que también se presenta como una oportunidad para Moscú de ganar tiempo mientras consolida su posición militar en Ucrania.

El trasfondo es claro: Putin utiliza la diplomacia nuclear como instrumento de presión. Sus amenazas de considerar un ataque convencional contra Rusia —si cuenta con apoyo de una potencia nuclear— como motivo para responder con armas atómicas, bajan el umbral para un posible uso de su arsenal y refuerzan el mensaje urgente. Esta doctrina revisada apunta a disuadir a Occidente de permitir que Ucrania reciba armas de mayor alcance.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha señalado que “es importante preservar indicios de diálogo”, incluso en un contexto de confrontación. Ese matiz refleja que el Kremlin no solo busca reabrir activamente los puentes con Washington, sino utilizarlos para condicionar el comportamiento estadounidense en otros frentes.

Al entrar en conversaciones para garantizar un nuevo acuerdo nuclear, Rusia podrá exhibir el pacto como un logro diplomático y obtener más peso en las negociaciones en Ucrania. Si Estados Unidos la rechaza, el Kremlin podría culpar a Occidente de provocar una nueva carrera armamentística, lo que le daría margen para modernizar su arsenal sin quedar como el responsable de romper el equilibrio estratégico.

En cualquier caso, la propuesta muestra que el control de armas nucleares sigue siendo una herramienta clave para la política exterior rusa. Y que, para Putin, sentarse a negociar con Washington puede ser tan importante como el campo de batalla en Ucrania. @mundiario