Putin reta a Zelenski a un encuentro en Moscú tras meses de evitar una reunión cara a cara
La reciente declaración de Vladímir Putin en Pekín ha reactivado el debate sobre las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania tras unas semanas de enfriamiento. “Si Zelenski está preparado, que venga a Moscú y esta reunión se celebrará”, dijo el mandatario ruso, en un tono desafiante y tras meses de evitar cualquier encuentro directo con el presidente ucraniano. La propuesta llega en un momento en que la presión internacional, en particular desde Washington, intenta forzar avances en el frente diplomático.
El contexto en el que Putin lanzó este mensaje no es menor. El líder ruso viajó a China como invitado de honor del líder chino Xi Jinping en el marco del 80.º aniversario del fin de la II Guerra Mundial y la rendición de Japón en la segunda guerra sino-japonesa. Allí, entre actos oficiales, se establecieron las condiciones para un posible cara a cara con Zelenski, destacando que, si las conversaciones tenían sentido, deberían celebrarse en territorio ruso.
Kiev reaccionó de inmediato y con dureza. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, calificó la propuesta como “inaceptable”, recordando que existen ofertas serias de países como Austria, Turquía, Suiza, el Vaticano o incluso Estados del Golfo pérsico para albergar un encuentro neutral. “El presidente Zelenski está listo para una reunión allí en cualquier momento”, escribió el diplomático en X, marcando la distancia entre las exigencias rusas y la postura ucraniana.
Detrás de este cruce de declaraciones, la postura rusa responde a una estrategia del Kremlin para dilatar los procesos diplomáticos y así ganar tiempo en el campo de batalla. Moscú ha insistido repetidamente en que un encuentro directo entre mandatarios solo será posible si Ucrania acepta de antemano las condiciones rusas, lo que en la práctica bloquea cualquier iniciativa de diálogo. De ahí que la propuesta de Putin en Pekín se interprete más como un gesto político que como una verdadera apertura.
El presidente ruso no ocultó su escepticismo sobre la utilidad de una reunión con Zelenski. “¿Tienen algún sentido estas reuniones?”, se preguntó de manera retórica, al tiempo que aseguró no haber descartado nunca tal posibilidad. La ambivalencia en sus declaraciones refuerza la idea de que Moscú busca mantener el control del ritmo diplomático, sin ofrecer concesiones sustanciales.
Kiev, por su parte, ha mantenido una línea clara: no reconocer la ocupación rusa ni ceder territorio. Zelenski ha reiterado que un alto el fuego integral es condición previa para cualquier discusión seria. Además, el Gobierno ucraniano sostiene que la adhesión a la OTAN representa la única garantía real de seguridad tras la guerra, un punto que choca de frente con una de las principales exigencias de Moscú: el compromiso de que Ucrania nunca ingresará en la Alianza Atlántica.
El debate sobre la legitimidad de Zelenski también ha sido utilizado por Putin como herramienta política. El líder ruso señaló que el mandato presidencial ucraniano ya habría expirado: “Fue elegido por cinco años. Se acabó. Su mandato ha terminado”. Sin embargo, la Constitución de Ucrania establece que no es posible celebrar elecciones mientras se encuentre en vigor la Ley Marcial decretada para hacer frente a la invasión.
Este intercambio verbal se produce mientras Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha buscado mantener una posición activa en las negociaciones. La Casa Blanca ha presionado para lograr un acercamiento y facilitar un alto el fuego, incluso después de la reunión de agosto en Alaska entre Trump y Putin, que no produjo resultados concretos. Ante el estancamiento de las negociaciones, Washington trabaja en los aspectos técnicos de una posible paz en la región e insiste en que Europa debe ser la primera línea de defensa para que Kiev reciba garantías de seguridad sólidas en cualquier acuerdo.
Más allá del choque diplomático, las declaraciones de Putin en Pekín reflejan una vez más la doble estrategia del Kremlin: proyectar dureza hacia Ucrania y Occidente, mientras deja abierta —al menos en el discurso— una rendija para la negociación que permita aliviar la presión internacional mientras continúa la guerra. Sin embargo, ese margen está condicionado por exigencias que Kiev considera inaceptables.
La firme respuesta de Kiev y la insistencia del Kremlin en imponer sus condiciones confirman que, por ahora, las perspectivas de un diálogo directo siguen atrapadas en la retórica y lejos de una concreción diplomática efectiva. @mundiario