El Pentágono se enzarza con la prensa por poner en duda el éxito de los bombardeos en Irán
La conferencia de este jueves en el Pentágono, encabezada por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, se centró en la presentación de las pruebas estadounidenses sobre la destrucción de tres instalaciones nucleares clave en Irán: Fordow, Natanz e Isfahán. Sin embargo, el evento se convirtió en una defensa apasionada de la narrativa oficial, una crítica a la prensa nacional y una exposición que contenía más declaraciones que datos concluyentes sobre los resultados de la operación.
Hegseth abrió la rueda de prensa con una afirmación categórica: “fue un éxito rotundo”. Calificó el ataque, bautizado como “Martillo de Medianoche”, como “la operación militar más compleja y secreta de la historia”. Argumentó que las instalaciones nucleares iraníes fueron “obliteradas”, retomando el término empleado por el presidente Donald Trump, y citó como respaldo evaluaciones de la Comisión de Energía Atómica de Israel y del director del OIEA, Rafael Grossi, que apuntan a un daño severo en Fordow.
A pesar del lenguaje contundente, la conferencia no aportó evidencia concluyente que respalde la afirmación de que el programa nuclear iraní fue “irreversiblemente dañado”. Las imágenes y vídeos mostrados por el general Caine exhibieron simulaciones de un impacto de las bombas GBU-57 lanzadas por aviones B-2 sobre la superficie de un objetivo subterráneo, e ilustraron cómo debía romperse la capa de concreto que sellaba la entrada. Se afirmó que varias bombas penetraron a gran velocidad en la instalación, enterrada a entre 45 y 90 metros de profundidad, y que las centrifugadoras de enriquecimiento de uranio ya no estaban operativas. No obstante, no se proporcionaron imágenes internas del sitio o datos técnicos del daño estructural en profundidad.
La presión mediática sobre la veracidad del éxito militar se disparó tras la filtración de un informe preliminar de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), que sostiene que el ataque solo habría retrasado el programa nuclear iraní por algunos meses. Este informe, calificado como de “baja confianza”, generó una tormenta política en Washington. La Casa Blanca, por su parte, respondió endureciendo las reglas de acceso a información clasificada en el Congreso.
Ni Hegseth ni Caine negaron la autenticidad de la filtración. El secretario de Defensa desestimó su contenido como parte de un intento de ciertos sectores por “ensuciar el éxito de una operación histórica”, sugiriendo que fue filtrado por motivos políticos. Caine, por su lado, se limitó a indicar que los ataques “funcionaron como estaba previsto” y que los daños eran “extremadamente severos”, aunque reconoció que las evaluaciones definitivas de los daños tardarían en ser concluyentes.
Una desviación hacia el conflicto con la prensa
Uno de los aspectos más llamativos de la comparecencia fue el tono confrontativo adoptado por Hegseth contra los medios de comunicación. En lugar de concentrarse en la sustancia del ataque o en responder a las dudas técnicas sobre su efectividad, el secretario dedicó buena parte de su intervención a acusar a la prensa de centrarse en escándalos y “perderse momentos históricos” que ha logrado la Administración Trump, como el aumento del gasto en defensa acordado en la cumbre de la OTAN en La Haya.
En un tono elevado, Hegseth señaló directamente a CNN y The New York Times por haber publicado la filtración, e incluso sugirió que el gobierno podría emprender acciones legales contra periodistas por divulgar información clasificada. “Una y otra vez, la información confidencial se filtra con fines políticos para hacer quedar mal al presidente, y lo que realmente hacen es socavar el éxito de nuestros increíbles pilotos”, afirmó.
Aunque los funcionarios aseguraron que la operación se desarrolló según los parámetros establecidos y que las armas funcionaron correctamente, las pruebas exhibidas no bastan por sí solas para confirmar que el programa nuclear iraní ha sido destruido. De hecho, varios analistas y expertos en proliferación nuclear han advertido de que Irán pudo haber trasladado material nuclear sensible fuera de Fordow antes del ataque, lo que pone en duda el verdadero impacto de la ofensiva.
Además, la omisión casi total de detalles sobre las otras dos instalaciones atacadas —Natanz e Isfahán— dejó sin respuesta preguntas fundamentales sobre la escala total del operativo. Tampoco se presentó evidencia de la destrucción de uranio enriquecido ni del equipamiento almacenado en dichas instalaciones, aunque las centrifugadoras probablemente estén dañadas debido a su alta sensibilidad.
La conferencia del Pentágono buscaba ser una demostración de fuerza y claridad frente a la opinión pública y a la comunidad internacional. Sin embargo, terminó exponiendo la fragilidad de los argumentos oficiales frente a la falta de pruebas concluyentes. Al convertir la atención hacia una disputa con la prensa, las autoridades estadounidenses evitaron responder con rigor a las dudas planteadas por los periodistas. El resultado fue una intervención que dejó más preguntas abiertas que certezas sobre la magnitud real del éxito militar. @mundiario