Un paso adelante en la prevención global: claves del histórico tratado pandémico de la OMS
En un hito diplomático para la salud pública global, los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobaron esta semana un tratado internacional destinado a mejorar la preparación y la respuesta ante futuras pandemias. La adopción del acuerdo, resultado de tres años de negociaciones complejas, marca un punto de inflexión en los esfuerzos multilaterales por evitar que se repitan los errores observados durante la crisis sanitaria de la covid-19.
Desde el inicio, las negociaciones estuvieron atravesadas por tensiones geopolíticas, desequilibrios en el acceso a productos médicos y preocupaciones sobre la soberanía nacional. Pese a ello, la Asamblea Mundial de la Salud logró aprobar el texto por consenso, aunque con algunas abstenciones notables, como las de Polonia, Italia y Eslovaquia.
Según el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el tratado representa “una victoria para la salud pública, la ciencia y la acción multilateral”. Y aunque el texto final no alcanza todas las expectativas iniciales, sí establece una arquitectura global más sólida para prevenir, prepararse y responder de manera equitativa ante futuras crisis sanitarias.
El acuerdo se centra en garantizar una respuesta global más equitativa, rápida y coordinada frente a nuevas amenazas pandémicas. Su objetivo principal es corregir los fallos detectados durante la covid-19, cuando muchos países de ingresos bajos quedaron rezagados en el acceso a vacunas, tratamientos y diagnósticos.
Entre los mecanismos más innovadores del tratado destaca el sistema PABS (Pathogen Access and Benefit-Sharing), que estipula que los países deben compartir muestras y datos genéticos de patógenos con potencial pandémico. A cambio, recibirán al menos un 10 % de los productos médicos derivados en forma de donaciones, y otro 10 % a precios asequibles. Este sistema, sin embargo, aún requiere negociaciones técnicas adicionales, previstas para 2026.
Asimismo, se creará una Red Global de Logística y Suministros (GSCL Network) para evitar interrupciones en la distribución de materiales médicos esenciales durante emergencias, como ocurrió con mascarillas, respiradores o pruebas diagnósticas durante la pandemia.
Limitaciones y críticas: voluntad política sin fuerza legal
Pese a los avances, el tratado presenta carencias notables. La principal es la falta de mecanismos obligatorios de cumplimiento. Muchas de sus disposiciones —incluida la transferencia de tecnología médica— son voluntarias, lo que podría limitar su efectividad si no existe un compromiso político sostenido por parte de los países firmantes.
Tampoco se contemplan sanciones por incumplimiento ni herramientas de supervisión robustas, lo que ha generado críticas por parte de organizaciones del Sur Global, que aspiraban a un marco jurídico más vinculante en cuanto al acceso equitativo a productos médicos.
Por si fuera poco, durante el proceso de negociación, el tratado fue objeto de una intensa campaña de desinformación. Algunas voces, incluyendo a mandatarios de países como Argentina o sectores conservadores en Estados Unidos, afirmaron erróneamente que el acuerdo daría a la OMS poderes supranacionales para imponer confinamientos o controlar sistemas sanitarios nacionales. Sin embargo, el texto explícitamente respeta la soberanía de los Estados, quienes mantienen la potestad de decidir cómo responder a futuras emergencias.
¿Qué sigue?
El tratado entrará en vigor una vez que al menos 60 países lo hayan ratificado. Esto abre un nuevo capítulo de negociaciones nacionales, donde el consenso internacional podría enfrentarse a resistencias internas, especialmente en países donde la salud pública se ha politizado.
Además, el futuro del acuerdo dependerá en parte del desarrollo del anexo técnico sobre el sistema PABS. Su éxito o fracaso podría determinar si el tratado se convierte en un verdadero punto de inflexión o en una oportunidad desaprovechada.
A pesar de sus limitaciones, el tratado pandémico representa un avance significativo en la gobernanza sanitaria global. No es una solución perfecta ni definitiva, pero establece principios y estructuras que, si se aplican con voluntad política, pueden marcar una diferencia real ante futuras amenazas sanitarias. La experiencia de la covid-19 demostró que ninguna nación puede enfrentar sola una pandemia global. Este tratado, con todos sus matices, es un intento serio de no repetir los errores del pasado. @mundiario