París advierte: sin Ucrania y sin Europa no habrá acuerdo de paz real

Emmanuel Macron, presidente de Francia. / RR SS.
Europa intenta recuperar influencia mientras Estados Unidos y Rusia aceleran sus contactos para definir un posible acuerdo en Ucrania. La visita de Zelenski a París busca asegurar que el futuro del país no se decida sin quienes llevan tres años sosteniendo su resistencia.

La visita de Volodímir Zelenski a París no ha sido una más en la larga lista de encuentros diplomáticos desde que Rusia invadió Ucrania. Emmanuel Macron lo recibió en el Elíseo con una advertencia que resume el ambiente actual: las negociaciones avanzan, pero no necesariamente en la dirección que desean los europeos. Estados Unidos ha puesto sobre la mesa un borrador de 28 puntos, aún impreciso, que incluye concesiones territoriales que Kiev considera inasumibles. El simple hecho de que esas opciones circulen ya marca el tono de esta fase del conflicto, una fase donde cada gesto pesa como si fuera una ficha en una partida de ajedrez que nadie puede permitirse perder.

Macron insiste en que solo Ucrania puede decidir sobre su territorio, una obviedad jurídica pero una realidad política que a veces parece diluirse entre las prisas de Washington y la aparente comodidad del Kremlin, que sigue atacando ciudades como Dnipró mientras se habla de paz. Resulta difícil construir un acuerdo cuando una de las partes dispara mientras negocia, una contradicción que Macron definió como “insulto y obstáculo”. No es una metáfora: es la constatación de que la brutalidad militar sigue marcando el ritmo.

Las grietas de un posible acuerdo

Zelenski tampoco suavizó su mensaje. Recordó que Rusia debe pagar el coste de haber iniciado esta guerra, no como castigo simbólico, sino como garantía de futuro. Ucrania teme que cualquier cesión territorial termine siendo interpretada en Moscú como una recompensa. Y tiene motivos: las guerras suelen repetirse cuando el agresor siente que no perdió nada esencial.

El borrador estadounidense incluye propuestas como renunciar a parte del Donbás, restringir la entrada en la OTAN o incluso reducir el ejército ucraniano. Son líneas rojas que, si se cruzan, pueden dejar a Ucrania con fronteras más estrechas y con una vulnerabilidad mayor. Europa observa esto con inquietud, porque lo que ocurra allí no se quedará allí. La seguridad continental depende de que un acuerdo no abra un precedente peligroso.

Es aquí donde Macron eleva el tono: recuerda que el papel europeo no puede ser decorativo. La UE y los países que sostienen a Kiev militar y económicamente no pueden limitarse a ser invitados a una mesa donde otros reparten el futuro del continente como si se tratara de un mapa antiguo.

Un cierre que exige claridad

Las conversaciones se aceleran por la visita a Moscú del enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, que busca avances rápidos. El propio Trump ha insinuado que un acuerdo es posible, tal vez demasiado posible para quienes viven la guerra desde dentro. Europa, entretanto, trata de no quedar reducida a espectadora, mientras la corrupción interna en Ucrania —como la dimisión del jefe de gabinete de Zelenski— amenaza con debilitar la legitimidad del Gobierno en el peor momento.

Frente a todo esto, el mensaje que deja París es simple pero contundente: la paz no puede ser fruto de la impaciencia. Para que sea duradera debe respetar la soberanía ucraniana y reforzar la seguridad europea. Lo contrario sería repetir errores que ya conocemos y cuyo precio siempre pagan los mismos. La diplomacia, cuando se hace con prisa, se parece demasiado a un edificio mal cimentado; tarde o temprano acaba cediendo. Ahora toca construir algo que pueda mantenerse en pie. @mundiario