El flanco oriental en jaque: los países nórdicos y del Este piden al Sur de Europa mayor implicación
La guerra en Ucrania ya no se percibe como un conflicto lejano en el seno de la Unión Europea. Los recientes incidentes con drones sobre Dinamarca, Polonia y Rumanía han intensificado la sensación de vulnerabilidad en los países nórdicos y del Este, que ahora demandan a sus socios del sur un mayor compromiso militar. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, lo expresó sin rodeos: Europa se enfrenta a una “guerra híbrida” y necesita una estrategia común de defensa para reforzar el flanco oriental.
Frederiksen, anfitriona de la reciente cumbre informal de líderes europeos en Copenhague, subrayó que la situación de seguridad en el continente es “la más complicada desde la II Guerra Mundial”. Su mensaje fue claro: todos los Estados miembros deben rearmarse y coordinar esfuerzos, pues, de lo contrario, la división interna solo beneficiaría a Moscú. Aunque evitó criticar directamente al Gobierno de España por limitar su gasto militar al 2% del PIB, sí insistió en la necesidad de un objetivo común europeo.
El llamado “muro de drones”, un proyecto aún embrionario impulsado desde el norte, simboliza esta brecha. El plan busca desplegar un escudo tecnológico capaz de detectar y neutralizar incursiones aéreas no tripuladas en el flanco oriental. Lituania, Letonia y Polonia lo presentan como prioridad estratégica, convencidos de que las incursiones rusas forman parte de una guerra de desgaste que pone en peligro a toda la UE. Para ellos, defender la frontera oriental significa defender Europa en su conjunto.
El presidente lituano, Gitanas Nauseda, fue especialmente contundente. Recordó que “los documentos no detectan drones” y pidió a los socios que pasen de las declaraciones a la financiación y las capacidades militares reales. Según Nauseda, el este de Europa ha mostrado durante años “solidaridad económica” con el sur, y ahora reclama reciprocidad en materia de seguridad. Su posición refleja un creciente malestar: los países más próximos a Rusia consideran insuficiente el compromiso militar del sur de Europa.
Sin embargo, desde Italia, Grecia y España los compormisos son matizados. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió del riesgo de centrar todos los recursos en el este y olvidar el Mediterráneo, que sigue siendo una región estratégica marcada por la migración, la inestabilidad política y la competencia geopolítica. El griego Kyriakos Mitsotakis reforzó esa idea, reclamando una visión de seguridad “integral” que abarque tanto el norte como el sur.
El Ejecutivo del presidente Pedro Sánchez, por su parte, siempre ha respondido subrayando que ya contribuye al refuerzo del este con despliegues militares en el marco de la OTAN. Fuentes diplomáticas recordaron que los soldados españoles participan en operaciones en los países bálticos y que el compromiso de Madrid con la seguridad europea no se limita al gasto en defensa. Además, plantearon que el muro de drones puede financiarse con fondos ya disponibles, como el programa SAFE o incluso a través de eurobonos, sin necesidad de abrir un nuevo frente presupuestario.
La primera ministra de Letonia, Evika Silina, trató de rebajar la tensión y apeló a la unidad. Recordó que países como España, Portugal e Italia “siempre han estado apoyando a Ucrania”, y defendió la necesidad de no caer en divisiones internas que solo beneficiarían al Kremlin. Silina incluso ofreció un calendario: el muro de drones podría estar operativo en un año y medio, un plazo más corto de lo previsto inicialmente.
El debate en Copenhague mostró cómo los drones se han convertido en un símbolo de la guerra híbrida que Rusia libra contra Europa. No se trata solo de incursiones puntuales en el espacio aéreo, sino de una estrategia destinada a medir la respuesta europea, desgastar sus defensas y tensar la cohesión política dentro de la Unión. Para los países nórdicos y bálticos, esta amenaza es inmediata y tangible; para los del sur, más difusa, pero igualmente estratégica en el marco de una defensa común.
La realidad es que el muro de drones está en sus fases iniciales y todavía carece de detalles técnicos, financieros y operativos claros. Pero el pulso diplomático que ha generado revela algo más profundo: la división latente en la UE sobre cómo repartir los costes y las prioridades de la defensa europea. Mientras el este clama por blindar sus fronteras aéreas, el sur exige que no se descuide el Mediterráneo, consciente de que en esa región se juegan también los equilibrios de seguridad del continente. @mundiario