Operación Martillo de Medianoche: así fue el ataque de EE UU contra las bases nucleares de Irán
La madrugada del domingo marcó un punto de inflexión en la política militar de Estados Unidos hacia Irán. Bajo el nombre clave de Operación Martillo de Medianoche, Washington ejecutó uno de los ataques aéreos más complejos y contundentes de su historia reciente, dirigido contra tres de los principales centros nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahán. Con la participación de más de 125 aeronaves, misiles de crucero lanzados desde un submarino, maniobras de distracción global y el uso por primera vez en combate de las bombas antibúnker GBU-57, la ofensiva buscó “destruir por completo” la capacidad de enriquecimiento de uranio de Teherán.
El Pentágono detalló que la operación fue el resultado de "meses" de planificación sigilosa, reposicionamiento estratégico y coordinación global. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, explicó en su comparecencia que el ataque empleó siete de los valiosos bombarderos B-2 Spirit —capaces de cargar las poderosas bombas antibúnker GBU-57, necesarias para penetrar la fortaleza de Fordow—, así como decenas de aviones cisterna, cazas de combate y aviones espía. Mientras tanto, bombarderos señuelo surcaron el Pacífico simulando rutas alternativas para mantener la sorpresa táctica.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, precisó que los B-2 volaron desde Missouri, cruzaron el Atlántico y Europa, se coordinaron con otras unidades en Oriente Próximo y ejecutaron una maniobra de precisión sobre territorio iraní, en un vuelo de 18 horas sin detección por parte de los sistemas antiaéreos iraníes.
El componente más destacado de la operación fueron las 14 Massive Ordnance Penetrator (MOP) GBU-57 A/B, bombas de 13.000 kilogramos diseñadas para destruir instalaciones fortificadas bajo tierra. Estas fueron lanzadas directamente sobre Fordow, considerada la joya del programa nuclear iraní, mientras que alrededor de decenas de misiles de crucero fueron disparados contra Natanz e Isfahán. Según estimaciones preliminares del Pentágono, el daño fue “extremadamente severo”, aunque se requerirá tiempo para evaluar con precisión, y de forma independiente, el alcance de la destrucción.
Además de las MOP, se utilizaron más de 75 armas guiadas de precisión, incluyendo los misiles de crucero Tomahawk lanzados desde un submarino en el golfo Pérsico. El bombardeo de Isfahán fue el último en ejecutarse, sirviendo como distracción final para cubrir la retirada de los bombarderos.
"Cuando el presidente Trump hable, el mundo debe escuchar"
El presidente estadounidense Donald Trump calificó el ataque como un “éxito militar espectacular” y reafirmó que la operación no busca iniciar una guerra, sino evitarla. Los responsables de la operación reiteraron que Estados Unidos no pretende un cambio de régimen en Irán ni atacar a sus ciudadanos o fuerzas armadas convencionales. “Este fue un mensaje directo a los líderes del régimen iraní: no toleraremos un programa nuclear militar”, señaló el mandatario.
Pete Hegseth fue más explícito en su valoración: “La orden que recibimos de nuestro comandante en jefe fue enfocada, poderosa y clara. Devastamos el programa nuclear iraní sin afectar a su ejército ni a su población. Fue una demostración brillante del poder disuasivo estadounidense”, aseveró.
Aunque tanto Trump como los altos mandos insistieron en que el objetivo era evitar un conflicto mayor, la amenaza implícita fue clara. “Cualquier represalia iraní será respondida con una fuerza aún mayor”, advirtió el general Caine. La Administración considera que el elemento sorpresa y la eficacia del ataque refuerzan su capacidad de disuasión, en un contexto donde Irán ha mostrado voluntad de mantener su programa nuclear pese a las presiones diplomáticas y sanciones económicas.
"La operación que planeó el presidente Trump fue audaz y brillante, y mostró al mundo que la disuasión estadounidense ha regresado. Cuando este presidente habla, el mundo debería escuchar", enalteció Hegseth a su comandante en jefe.
Sin represalias inmediatas
De momento, Irán no ha ejecutado una respuesta militar directa. La ausencia de acción defensiva durante la operación —ni misiles tierra-aire activados ni cazas desplegados— sugiere o una falla técnica o una retirada estratégica anticipada. Las autoridades iraníes aseguran que las instalaciones fueron evacuadas previamente, y que algunos daños podrían ser reversibles, aunque los expertos internacionales coinciden en que la operación podría haber provocado un retroceso de años en la capacidad nuclear del país.
Operación Martillo de Medianoche constituye un punto de inflexión no solo en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, sino también en la manera en que Washington proyecta su poder militar. Se trata del uso más significativo de bombarderos B-2 desde los atentados del 11 de septiembre y marca el debut de las bombas GBU-57 en un escenario real. La estrategia se presenta como quirúrgica y disuasoria, pero deja abierto un interrogante esencial: ¿aceptará Teherán el ultimátum implícito o se avecina una nueva fase de represalias en Oriente Próximos? @mundiario