El bloqueo del PP a Ribera siembra la incertidumbre sobre el futuro de la Comisión Europea

Ursula vo der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
La insistencia del Partido Popular Europeo de condicionar su apoyo a la candidatura de la ministra española  retrasa la conformación del Ejecutivo de la UE, y genera malestar en los socialdemócratas.

El Partido Popular (PP), arropado por sus compañeros en el Partido Popular Europeo (PPE), ha iniciado una ofensiva contra la vicepresidenta en funciones del Gobierno español, Teresa Ribera. Esta maniobra busca frenar su nombramiento en la Comisión Europea, un movimiento que ha generado tensión en Bruselas y amenaza con desestabilizar la formación del próximo Ejecutivo comunitario liderado por Ursula von der Leyen, previsto para tomar posesión el 1 de diciembre.

El PPE, encabezado por el alemán democristiano Manfred Weber, ha liderado los esfuerzos para bloquear a Ribera, exigiendo que la ministra se comprometa a dimitir en caso de ser imputada en un proceso judicial relacionado con la reciente crisis de inundaciones en la Comunidad Valenciana por la dana. Las acciones de los populares no solo están dirigidas a la ministra española, sino que también han afectado la dinámica política en el Parlamento Europeo, tensando las relaciones entre las distintas fuerzas políticas y sembrando incertidumbre sobre la futura composición de la Comisión.

La situación ha llevado a un punto muerto en las negociaciones sobre la formación del nuevo Ejecutivo comunitario. Actualmente, hay seis vicepresidentes y un comisario pendientes de aprobación por parte de las comisiones parlamentarias europeas. Sin embargo, las conversaciones están estancadas, con acusaciones cruzadas entre las distintas facciones políticas. Fuentes socialdemócratas señalan que “el PPE ha roto la confianza” al unir fuerzas con la extrema derecha para obstaculizar a Ribera, contraviniendo un acuerdo previo con los liberales de Renew y los socialistas para votar en bloque a los candidatos.

El Partido Popular Europeo ha condicionado reflexionar sobre su apoyo a Ribera a que esta también comparezca ante el Congreso español para explicar su gestión durante la dana en Valencia y comprometerse a renunciar si es investigada judicialmente. La comparecencia está prevista para el 20 de noviembre, un retraso que podría afectar el calendario previsto para la formación de la nueva Comisión Europea.

Un pulso que trasciende las fronteras españolas

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha mantenido su respaldo a Teresa Ribera, a pesar de las presiones del PPE. Según ha declarado un portavoz comunitario, Ribera sigue siendo la candidata propuesta por el Gobierno español, y la presidenta confía en que su nombramiento se lleve a cabo sin inconvenientes. Sin embargo, el retraso en la votación podría tener consecuencias significativas en un contexto internacional complejo, marcado por la reciente victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos, la crisis política en Alemania (la locomotora de la UE) y la continuación de la guerra en Ucrania.

Von der Leyen ha intentado mediar en la crisis, reuniéndose con líderes de los populares, socialdemócratas y liberales para desbloquear el nombramiento de Ribera y del resto de los comisarios pendientes. Sin embargo, las conversaciones no han llegado a un acuerdo, y la situación podría prolongarse hasta después de la comparecencia de Ribera en el Congreso español, lo que algunos consideran una victoria política para el Partido Popular.

El caso de Teresa Ribera se ha convertido en un escenario de disputa política que supera la cuestión nacional española y se proyecta en la política europea. Ribera, designada como vicepresidenta para la para la Transición Verde, Limpia y Justa y responsable de la cartera de Competencia, ha sido objeto de críticas en su comparecencia de examen en la Eurocámara, especialmente por parte del PPE y grupos de extrema derecha como Vox. Las acusaciones sobre su gestión de la dana en Valencia han tensado aún más el clima político en Bruselas, donde el equilibrio de poder ha virado hacia la derecha tras las elecciones europeas de junio, de las que los populares salieron como el grupo mayoritario, el grupo de derecha radical de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) resistió y de las que nacieron otros dos grupos de extrema derecha.

El Partido Popular, además de buscar debilitar a Ribera, aspira a trasladar la crisis de la dana al foro europeo. En la Comunidad Valenciana, la gestión del presidente autonómico Carlos Mazón, miembro del PP, ha sido objeto de críticas por la falta de reacción ante la emergencia. Según algunas fuentes, la estrategia del PP en Bruselas es que las críticas también se viertan sobre Ribera, a quien consideran como responsable de la descoordinación en la gestión de la catástrofe por el monitoreo sobre el nivel del cauce del Barranco de Poyo.

Amenaza los plazos de la Comisión Europea

La ofensiva contra Ribera ha generado tensiones en el seno del Parlamento Europeo, donde las alianzas tradicionales están cambiando. El Partido Popular Europeo, que ha roto en ocasiones con el tradicional “cordón sanitario” que evitaba pactos con la extrema derecha, ha evidenciado su creciente poder en la Eurocámara. Esto ha puesto en riesgo la estabilidad de la mayoría proeuropea que sostenía la gobernabilidad del Parlamento durante años, compuesta por el PPE, los socialdemócratas y los liberales.

El enfrentamiento tiene también implicaciones a nivel nacional. Fuentes europeas apuntan a que Weber, líder del PPE, busca no solo debilitar a Ribera, sino también al presidente español, Pedro Sánchez, uno de los pocos líderes socialdemócratas con influencia en Europa. Esto cobra especial relevancia ante la delicada situación política en Alemania, donde el canciller Olaf Scholz enfrenta problemas internos tras el colapso de su Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas.

El retraso en la aprobación de los nuevos comisarios ha puesto en riesgo el calendario propuesto por Von der Leyen. La presidenta de la Comisión quiere que el nuevo Ejecutivo comunitario esté en funciones para el 1 de diciembre, pero la actual situación complica esa meta. Si la aprobación en la Eurocámara se retrasa, cualquier problema adicional podría dejar a la Comisión sin margen de maniobra antes del voto final, previsto para finales de noviembre.

Las próximas semanas serán clave para la configuración del poder en Bruselas y para la posición de España en la escena europea. La capacidad de Ribera para superar los obstáculos y obtener el respaldo del Parlamento Europeo determinará no solo su futuro personal, sino también el equilibrio de fuerzas en la Unión Europea en un momento crítico. @mundiario