El nuevo presidente de Perú se enfrenta a su primer reto: disipar las dudas de su legitimidad
El mandatario interino juramenta a su Gabinete apenas cinco días después de asumir el poder a raíz de la destitución de Dina Boluarte, en la víspera de una movilización nacional que reclama su dimisión.
Perú vuelve a vivir un momento de alta tensión política. José Jerí, quien asumió la presidencia tras la vacancia de Dina Boluarte, presentó este martes a su Consejo de Ministros de transición, en medio de un clima de escepticismo y creciente malestar social. El nuevo mandatario, designado al ser presidente del Congreso y siguiente en la línea de sucesión del Poder Ejecutivo, intenta proyectar autoridad institucional, pero lo hace con una base de apoyo frágil y una calle que se prepara para protestar.
El Gabinete, compuesto por 19 ministros, fue juramentado tras varios días de negociaciones, renuncias y negativas de figuras convocadas para integrar el Ejecutivo. Jerí prometió un “Gobierno de amplia base y reconciliación nacional”, pero la composición final del equipo ha despertado controversias por los antecedentes judiciales y políticos de algunos de sus miembros. Analistas constitucionales ya advertían de que el país no podía continuar sin un Consejo de Ministros, lo que acentuó la presión sobre el presidente interino para completar los nombramientos.
La figura central del nuevo Gobierno es Ernesto Álvarez Miranda, expresidente del Tribunal Constitucional, ahora designado como primer ministro. Vinculado históricamente al Partido Popular Cristiano (PPC), Álvarez pidió licencia a su militancia para asumir el cargo. Su nombramiento, sin embargo, ha sido criticado tanto por su pasado judicial —fue investigado por presuntos delitos de corrupción y violencia sexual— como por su retórica agresiva hacia los movimientos sociales. En redes sociales, llegó a tildar a los manifestantes de la Generación Z como “terroristas en potencia” y a los transportistas de “radicalizados con fines políticos”. Tras su juramentación, eliminó su cuenta de X (antes Twitter).
El resto del gabinete no está exento de polémica. La nueva ministra de Economía, Denisse Miralles, enfrenta denuncias por presunto favorecimiento a empresas “cascarón” en contratos públicos. En Defensa, el general retirado César Díaz Peche carga con una condena de tres años de prisión —posteriormente absuelta— por abuso de autoridad cuando fue comandante general del Ejército. Otros nombramientos, como los de Vicente Tiburcio (Interior) o Luis Quiroz Avilés (Salud), han sido recibidos con cautela por la opinión pública, que reclama experiencia y transparencia en medio de la crisis institucional.
El presidente Jerí busca ganar tiempo y legitimidad política antes de que su primer ministro solicite el voto de confianza al Congreso. En un mensaje a principios de esta semana, pidió a la ciudadanía “el beneficio de la duda” y defendió su derecho a tomarse una “pausa prudente” en la formación del Gabinete para no “caer en errores”. Sin embargo, la paciencia social parece agotarse: para este miércoles está convocada una marcha nacional de protesta que exige su renuncia inmediata y el adelanto de elecciones.
La vacancia de Boluarte, inestabilidad en Perú
El contexto no podría ser más delicado. Con siete presidentes en menos de una década, Perú atraviesa una crisis crónica de gobernabilidad, alimentada por la desconfianza en las instituciones, la fragmentación del Congreso y la corrupción estructural. La vacancia de Dina Boluarte —aprobada por 123 votos— desató un nuevo ciclo de inestabilidad que amenaza con hundir aún más la credibilidad del sistema político. Muchos recuerdan el precedente de Manuel Merino, quien duró solo cinco días en el poder en 2020 tras una ola de protestas similar.
Mientras los analistas advierten de que el margen de maniobra de Jerí es mínimo, la presión social y mediática aumenta. La calle interpreta su designación como una maniobra parlamentaria más que como un proceso democrático, y los sectores opositores denuncian que el nuevo Gabinete no representa el consenso prometido cuando decidieron censurar a Boluarte. La comunidad internacional, por su parte, observa con cautela la situación, consciente de que un nuevo estallido social en Lima podría tener repercusiones regionales.
José Jerí enfrenta su primera gran prueba: sobrevivir políticamente a su propia investidura. La pregunta, una vez más en la historia reciente de Perú, es cuánto tiempo podrá resistir un Gobierno nacido del vacío y sostenido sobre la desconfianza. @mundiario