Michel Barnier, el hombre clave del Brexit asume el reto de liderar el Gobierno de Francia

Gabriel Attal y Michel Barnier, primer ministro de Francia. / RR.SS.
El nuevo primer ministro cohabitará con el presidente Emmanuel Macron, tras haberse consagrado como negociador de prestigio durante la salida del Reino Unido de la UE.

Francia contará con un nuevo primer ministro, el conservador Michel Barnier, exministro y excomisario europeo. El presidente Emmanuel Macron ha optado por Barnier dos meses después de las elecciones legislativas, lo que pone fin a semanas de especulaciones y rechazos de candidatos de distintos espectros políticos que mantenían al país en un complicado bloqueo. Barnier, quien será el quinto primer ministro en la era Macron, enfrenta un futuro incierto debido a la fragmentación de la Asamblea Nacional, que podría cesarlo con una moción de censura en cualquier momento.

El nuevo primer ministro asumió el cargo con un discurso que subrayó la necesidad de “cambios y rupturas” y “respeto hacia todas las fuerzas políticas”, lo que sugiere la inclusión de los extremistas a la derecha e izquierda del arco parlamentario de Reagrupamiento Nacional (RN) y La Francia Insumisa (LFI). “Es un momento grave”, reconoció Barnier en sus primeras palabras desde el patio de Matignon, haciendo referencia a la compleja situación parlamentaria actual en la que ninguno de los tres grandes bloques, irreconciliables entre sí, tiene la mayoría de escaños.

Los resultados de las elecciones legislativas dejaron a Francia en un escenario de fragmentación política. El Nuevo Frente Popular (NFP), la coalición de izquierdas formada para contener el auge de la ultraderecha, se posicionó como la primera fuerza con 193 diputados, lejos de la mayoría absoluta de 289 escaños. El bloque presidencial, que incluye partidos de centro y centroderecha, obtuvo 166 escaños, mientras que el ultraderechista RN alcanzó los 126. Esta dispersión ha generado temores de bloqueo político, similar a los tiempos de la IV República, caracterizados por la ingobernabilidad.

El nombramiento de Barnier llega 51 días después de que Macron aceptara la renuncia de Gabriel Attal, el anterior primer ministro y su delfín político que se marcha quemado políticamente tras un breve mandato. Sin embargo, el principal reto de Barnier será lograr el apoyo suficiente en la Asamblea Nacional para llevar a cabo su proyecto de gobierno. Su nombramiento, como un conservador de Los Republicanos (LR), ha generado controversia, especialmente en la izquierda, que esperaba gobernar tras haber ganado más escaños en los comicios y reivindicaba formar un Ejecutivo progresista encabezada por la alta dirigente del Ayuntamiento de París, Lucie Castets.

El negociador del Brexit

En julio de 2016, Jean-Claude Juncker, entonces presidente de la Comisión Europea, eligió a Michel Barnier para liderar una de las negociaciones más complejas de la historia de la Unión Europea: el Brexit. Este encargo marcó un punto decisivo en la carrera política de Barnier, un veterano político francés de 73 años, oriundo de La Tronche. Con una trayectoria que lo había llevado a ocupar cargos de ministro en tres ocasiones en Francia y dos veces como comisario europeo, Barnier estaba frente a una misión que lo llevaría al éxito o al fracaso, en un contexto internacional lleno de incertidumbres bajo la inquisidora actitud de la diplomacia británica.

Nacido en la región montañosa de Saboya, Barnier se forjó un carácter resistente y perseverante, cualidades que resultaron esenciales en sus enfrentamientos con Londres. Aunque su conocimiento del inglés era limitado al inicio, Barnier no solo dominó el idioma, sino que también desarrolló un equipo de expertos que lo apoyaron en las arduas negociaciones. Su paciencia y determinación lo convirtieron en una figura respetada a ambos lados del canal de la Mancha, a pesar de los intentos británicos de minar su autoridad y negociar directamente con los jefes de gobierno europeos. Finalmente, Barnier se consolidó como el principal interlocutor de la Unión Europea, reconocido por su capacidad de resistir la presión y mantener una postura firme.

Ahora, ese mismo carácter será puesto a prueba nuevamente, pero esta vez en el escenario político interno de Francia. Como nuevo primer ministro, Barnier deberá enfrentarse a un Parlamento profundamente dividido en tres bloques. Las tensiones políticas auguran dificultades desde el primer día, con la constante amenaza de una moción de censura. Su capacidad para forjar consensos y construir equipos, habilidades que lo llevaron a obtener el respeto de los Veintisiete durante el Brexit, serán cruciales para garantizar la estabilidad de su gobierno.

La tarea inmediata de Barnier será formar un Ejecutivo que represente las diversas sensibilidades de la Asamblea Nacional. Esto será esencial para su supervivencia política, especialmente dado que su principal apoyo, fuera del bloque presidencial de Emmanuel Macron, proviene de Reagrupamiento Nacional, el partido liderado por Marine Le Pen. Si bien Barnier ha sido descrito como un trabajador incansable, su capacidad para gestionar un Parlamento tan fragmentado será puesta a prueba.

El beneplácito de Le Pen

El NFP, con figuras destacadas como el polémico Jean-Luc Mélenchon, ha mostrado un profundo rechazo hacia la decisión de Macron. Mélenchon ha prometido luchar contra el nuevo Gobierno tanto en el Parlamento como en las calles, con una manifestación convocada para el sábado. Además, el Partido Socialista, parte más moderada de la coalición, ha expresado su malestar por la situación. “La negación democrática llevada a su apogeo: un primer ministro proveniente del partido que quedó en cuarta posición y que ni siquiera participó en el frente republicano. Estamos entrando en una crisis de régimen”, publicó el secretario general socialista, Oliver Faure, en sus redes sociales.

El futuro de Barnier como primer ministro dependerá, en gran medida, del tipo de Gobierno que logre formar y de las concesiones que esté dispuesto a hacer para obtener el apoyo del RN de Marine Le Pen. La líder de la extrema derecha ha condicionado su apoyo a tres principales exigencias: dejar de ser tratados como “apestados”, reformar la ley electoral para transitar hacia un sistema proporcional, y abordar temas de seguridad, inmigración y poder adquisitivo. Por ahora, Le Pen ha mostrado una disposición a escuchar las propuestas del nuevo primer ministro antes de decidir si apoyarán su Ejecutivo o presentarán una moción de censura.

Barnier enfrenta grandes desafíos, incluyendo la necesidad de construir un Gobierno que represente las diferentes sensibilidades de la Asamblea Nacional y de resolver el déficit público francés, una de las preocupaciones principales de Bruselas.

La cohabitación con Macron

A pesar de su trayectoria, Barnier no se ajusta al perfil tradicional de los líderes políticos franceses. Nunca asistió a la Escuela Nacional de Administración (ENA), institución que forma a la élite política del país, y aunque ha ocupado varios cargos de relevancia, su figura no ha sido particularmente carismática. Esto quedó en evidencia en las primarias de su partido, Los Republicanos, donde solo obtuvo el 23 % de los votos. En un intento por ganar popularidad, Barnier propuso un referéndum constitucional sobre política migratoria, lo que generó críticas en la Comisión Europea.

A nivel internacional, Barnier es más conocido por su trabajo en Bruselas que en Francia. Sin embargo, su carrera política ha sido prolífica. A los 22 años fue elegido consejero general, convirtiéndose en el más joven de Francia en ese momento. También fue ministro en cuatro ocasiones, gestionando diversas carteras como Medio Ambiente, Asuntos Europeos, Exteriores y Agricultura. Una de sus primeras hazañas políticas fue la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992 en Albertville, un proyecto que impulsó su carrera fuera de su región natal.

En su propio partido, Barnier ha sido percibido con cierta reserva, especialmente por su sintonía con Macron en temas europeos y económicos. Sin embargo, también ha sido crítico con el presidente francés, acusándolo de liderar una presidencia “vertical, arrogante y solitaria”. Ahora, como primer ministro, Barnier deberá encontrar un delicado equilibrio en su relación con Macron y con un Parlamento hostil.

Uno de los retos más inmediatos que Barnier enfrentará será la crisis económica que afecta a Francia. Con un déficit público que alcanzó el 5,5 % del PIB en 2023, la Comisión Europea ha puesto a París bajo vigilancia. Si no se implementan medidas urgentes, el déficit podría empeorar en los próximos años, alcanzando el 6,2 % en 2025. Este será uno de los primeros asuntos que Barnier deberá abordar desde su nuevo despacho en Matignon. @mundiario