COP30 en Belém: Lula se catapulta como líder del Sur Global en la lucha climática
La Amazonia, pulmón verde del planeta y símbolo de la lucha climática, se ha convertido desde este jueves en el epicentro mundial del debate ambiental. Belém, la ciudad brasileña situada a orillas del río Amazonas, acoge la Cumbre de Líderes previa a la COP30 de Naciones Unidas, donde el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha desplegado toda su capacidad de liderazgo internacional.
En un discurso que combinó urgencia, crítica y esperanza, Lula defendió la ciencia frente al negacionismo y exhortó a las grandes potencias a asumir su responsabilidad en la crisis ambiental. “Las fuerzas extremistas fabrican mentiras para defender un modelo que perpetúa la degradación ambiental”, afirmó ante 53 jefes de Estado y de Gobierno. Sin embargo, el absentismo de EE UU bajo la Administración de Donald Trump y la baja representación de China, India y Rusia reflejaron la fractura del consenso climático global.
Tras años de aislamiento durante el mandato de Jair Bolsonaro, Lula ha devuelto a Brasil al centro del mapa diplomático. La COP30 es, para el líder del Partido de los Trabajadores (PT), la consagración de esa estrategia: un Brasil que lidera, propone soluciones y une al Sur Global en torno a una agenda climática común.
El veterano dirigente sindical ha recordado que las urgencias geopolíticas —guerras, crisis comerciales y tensiones de seguridad— no deben eclipsar el verdadero desafío de la humanidad: garantizar un planeta habitable. “En un escenario de inseguridad y desconfianza mutua, los intereses egoístas inmediatos se imponen al bien común a largo plazo”, advirtió, en alusión velada a las potencias que han reducido su compromiso ambiental.
El Fondo de Bosques Tropicales para Siempre
El gran anuncio de Lula fue la creación del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forest Forever Facility, TFFF), un mecanismo financiero sin precedentes que busca convertir la conservación de los bosques tropicales en una inversión global rentable. El proyecto, administrado por el Banco Mundial, prevé captar hasta 125.000 millones de dólares, con la participación de fondos públicos y capital privado.
El fondo compensará a los países que preserven su vegetación con cuatro dólares por hectárea conservada, y penalizará la deforestación. Según Lula da Silva, “los bosques valen más en pie que derribados”, y su protección garantizará agua, biodiversidad y estabilidad climática.
Noruega se ha convertido en el primer país en adherirse al proyecto con una aportación de 3.000 millones de dólares, seguida de Francia, que ha comprometido 500 millones de euros adicionales. Colombia, Indonesia, Ghana y la República Democrática del Congo también respaldan la iniciativa, que podría beneficiar a 73 países en desarrollo.
El Sur Global asume el liderazgo climático
Lula ha insistido en que la era de las donaciones debe dar paso a una nueva economía verde, basada en la inversión, la transparencia y el beneficio compartido. Los países del Sur Global tendrán protagonismo en una agenda de bosques “por primera vez” en la historia, declaró el mandatario brasileño.
El mecanismo propone que el 20 % de los recursos se destinen directamente a pueblos indígenas y comunidades locales, actores fundamentales en la preservación de los ecosistemas. Se estima que el fondo podría generar 4.000 millones de dólares anuales en beneficios para las naciones participantes.
Con esta propuesta, Brasil se consolida como el puente entre el Norte industrializado y el Sur emergente, una posición que Lula ha cultivado en foros como el G20 y los BRICS. Su visión: un multilateralismo inclusivo donde las soluciones climáticas no sean impuestas, sino construidas desde la equidad.
La Amazonia como símbolo de esperanza
Belém, una ciudad de 1.3 millones de habitantes rodeada de selva y marcada por la desigualdad, simboliza el desafío global: reconciliar desarrollo y sostenibilidad. Las autoridades locales han aprovechado la COP30 para meterle mano a las infraestructuras, aunque los contrastes siguen siendo evidentes entre el progreso urbano y la precariedad ambiental.
Pese a ello, Brasil llega con resultados concretos: la deforestación amazónica se ha reducido un 50 % en tres años, y el Gobierno se ha comprometido a eliminarla por completo antes de 2030. El estado de Pará es un estado en el que miles de hectáreas se han destinado al ganado y el Ejecutivo izquierdista de Lula ha concedido nuevas concesiones petroleras en el resto del país. @mundiario