Israel eleva la presión sobre Líbano con un plan para ocupar el sur hasta el río Litani
El Ejecutivo de Israel ha dado un paso decisivo en su estrategia militar al anunciar que pretende extender su presencia en el sur de Líbano hasta el río Litani, una línea geográfica situada a unos 30 kilómetros de la frontera común. Esta franja representa cerca del 10% del territorio libanés y abarca alrededor de 150 localidades, muchas de ellas ya prácticamente vacías tras las órdenes de evacuación y los bombardeos de las últimas semanas.
La operación, que no tiene un calendario definido, se justifica desde Tel Aviv como una medida de seguridad frente a la actividad de la milicia chií Hezbolá. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha defendido que la presencia de infraestructuras utilizadas por este grupo armado convierte la zona en un objetivo militar prioritario. Bajo ese argumento, Israel ha intensificado los ataques contra carreteras y puentes —incluidos varios sobre el Litani— con el objetivo de aislar completamente el sur del resto del país.
El impacto humano de esta estrategia es significativo. Más de 200.000 personas han abandonado sus hogares ante el avance de las tropas y la amenaza de nuevos ataques, mientras decenas de miles permanecen en la zona en condiciones cada vez más precarias. Además, Israel ha advertido que no permitirá el regreso de los desplazados mientras considere que persiste el riesgo para su seguridad.
El anuncio también genera incertidumbre sobre la continuidad de la misión de Naciones Unidas en la zona, donde operan cerca de 10.000 efectivos internacionales —incluidos centenares de militares españoles— encargados de supervisar el cumplimiento de los acuerdos de alto el fuego. La ampliación del control israelí podría alterar profundamente este equilibrio y dejar en entredicho la capacidad de la ONU para mediar en el conflicto.
Desde el punto de vista político y estratégico, la decisión refleja la desconfianza de Israel hacia las autoridades libanesas y su capacidad para contener a Hezbolá, pese a que el Ejército libanés había declarado recientemente el control de la región. En este contexto, el Gobierno de Benjamín Netanyahu apuesta por una “zona de seguridad” que implicaría no solo la presencia militar, sino también la destrucción de infraestructuras y la reconfiguración del territorio.
El plan evoca inevitablemente la larga ocupación israelí del sur de Líbano entre 1982 y 2000, un episodio marcado por altos costes humanos, controversias internacionales y una fuerte contestación interna en Israel. Aquella experiencia terminó con la retirada de las tropas tras años de desgaste, pero su recuerdo sigue pesando en el debate actual.
En paralelo, sectores más duros del Gobierno israelí van incluso más allá y plantean la posibilidad de una anexión permanente de la zona, lo que añadiría una dimensión aún más compleja al conflicto. Mientras tanto, sobre el terreno, la intensificación de los combates y el deterioro de la situación humanitaria anticipan un escenario de inestabilidad prolongada en la frontera norte de Israel. @mundiario