Israel destruye los puentes del sur del Líbano para aislar y “evitar el traslado” de Hezbolá

Donald Trump, presidente de EE UU y Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @IsraeliPM

La ofensiva de Netanyahu para contener al grupo islamista chií al sur del río Litani mantiene aislados a miles de habitantes que han permanecido en la región meridional libanesa, pero amenaza con desbordarse en una crisis humanitaria.

La guerra en Oriente Próximo entra en una etapa de mayor intensidad e incertidumbre. La decisión de Israel de bombardear sistemáticamente los puentes que conectan el sur del Líbano con el resto del país representa un movimiento estratégico que busca aislar a la milicia islamista chií Hezbolá, redibujar el frente libanés en el conflicto y condicionar su evolución en paralelo a la confrontación abierta con Irán. Aunque el futuro del sur del país de los cedros no está claro tampoco.

El eje de esta ofensiva gira en torno al río Litani, una barrera natural que históricamente ha delimitado el sur del Líbano, considerado bastión operativo de Hezbolá. Al destruir los puentes que lo atraviesan, Tel Aviv persigue cortar las líneas de suministro, impedir el movimiento de combatientes y consolidar una de amortiguamiento en la franja fronteriza.

El portavoz militar israelí en árabe, Avichay Adraee, fue explícito al afirmar que cualquier tránsito hacia el sur podría convertirse en un riesgo mortal. Horas después, los primeros ataques confirmaban que la advertencia comenzaba a cumplirse con los primeros dos puentes secundarios en las localidades de Burj Rahal y Qasmiyeh, al norte de la ciudad de Tiro. “Por vuestra seguridad, moveos hacia el norte y evitad movimientos hacia el sur que pongan vuestra vida en peligro”, alertó el comunicado castrense.

Desde la lógica militar, la maniobra parece responder a una estrategia de aislar el campo de batalla para debilitar a la milicia chií. Sin embargo, en un territorio densamente poblado por musulmanes y una minoría cristiana, esta estrategia tiene efectos colaterales que podrían desatar una crisis humanitaria al tiempo que se registra un éxodo de habitantes que buscan escapar de la región meridional libanesa para evitar quedar atrapados entre el río Litani y la Línea Azul que demarca la frontera con el norte de Israel.

Un territorio fragmentado: impacto humanitario creciente

La destrucción de los puentes no solo afecta a la movilidad militar, sino que fragmenta físicamente el país. Más de 250.000 personas que habitan al sur del Litani quedan potencialmente desconectados de servicios básicos, suministros y ayuda humanitaria. “Los mercados al sur del río Litani parecen haber cesado en gran medida sus operaciones (…) muchos comercios están cerrados o evacuados y (existe) una reducción significativa en el suministro de provisiones”, denunció temprano este miércoles la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios, antes del anuncio de Israel.

La región, donde se concentran cerca de 150 municipios, ya mostraba signos de colapso económico antes de los ataques con mercados cerrados, escasez de bienes esenciales y dependencia creciente de convoyes internacionales. El aislamiento podría agravar esta situación hasta niveles críticos.

Además, los bombardeos no se limitan a infraestructuras de transporte. En paralelo, Israel ha intensificado ataques en áreas urbanas, incluyendo Beirut, ampliando el radio de acción de una ofensiva que inicialmente se concentraba en el sur. El resultado es una combinación peligrosa de presión militar sobre Hezbolá y deterioro acelerado de las condiciones de vida para la población civil.

Hezbolá y el factor Irán: un conflicto interconectado

El Gobierno de Benjamín Netanyahu ha enmarcado esta operación en la necesidad de impedir el rearme de Hezbolá y reducir su capacidad operativa. Desde el inicio de la ofensiva terrestre, Israel ha incrementado su presencia militar en la frontera y ha avanzado progresivamente en territorio libanés, ocupando posiciones estratégicas y registrando infraestructuras sospechosas.

La milicia chií, respaldada por Irán, ha mantenido ataques con cohetes hacia Israel desde el inicio de la escalada. Aunque fuentes israelíes apuntan a una reducción de su capacidad ofensiva, su presencia en el sur del Líbano sigue siendo un factor determinante. El aislamiento territorial podría debilitar su estructura logística, pero también corre el riesgo de radicalizar su respuesta. En conflictos asimétricos, la presión sobre el territorio suele traducirse en tácticas más impredecibles.

Además, la simultaneidad de operaciones —incluidos los ataques a infraestructuras energéticas en Irán— refuerza la percepción de una guerra regional en expansión, donde cada movimiento en un frente tiene repercusiones en otro. @mundiario