El horror de Darfur: la ONU documenta las atrocidades de los rebeldes tras la caída de El Fasher
La caída de El Fasher, capital del estado de Darfur del Norte, marca un punto de inflexión en la guerra civil sudanesa. Tras semanas de asedio, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una milicia supremacista árabe liderada por el general Mohamed Hamdan Dagalo, alias Hemedti, consolidaron el domingo su dominio sobre la ciudad. Los testimonios recogidos por Naciones Unidas y diversas ONG describen un escenario de violencia extrema: ejecuciones sumarias, violaciones de mujeres y niñas, y una masacre de más de 460 civiles en un hospital.
La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos calificó la situación como “terrible”. Su representante en Sudán, Li Fung, advirtió que “nadie está a salvo en El Fasher” y denunció la inexistencia de corredores humanitarios para evacuar a la población. Según Fung, muchos de los ataques estarían motivados por razones étnicas, con especial ensañamiento contra la comunidad zaghawa, de origen negroafricano y no árabe.
El líder de las RSF, Mohamed Hamdan Dagalo, no es una figura nueva en el tablero de poder sudanés. Durante el genocidio de Darfur (2003-2005), comandó una de las facciones de las milicias Janjawid, responsables de miles de asesinatos, saqueos y violaciones. Amparado por el entonces dictador Omar al Bashir, Hemedti construyó su poder sobre la violencia y el control de las minas de oro de la región, que lo convirtieron en uno de los hombres más ricos del país.
Tras eliminar a sus rivales, Dagalo transformó a las Janjawid en las actuales Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una estructura paramilitar bajo su mando directo. Aunque inicialmente apoyó al régimen de Al Bashir, posteriormente se volvió contra él, participando en el golpe de Estado de 2019 que derrocó al dictador. Desde entonces, su pugna por el poder con el general Abdelfatah Al Burhan, jefe del Ejército y actual presidente del país, ha derivado en una guerra civil abierta.
Una guerra alimentada por intereses externos
El conflicto sudanés, que estalló en abril de 2023, ha generado una la mayor crisis humanitaria del mundo: más de 12 millones de desplazados, 30 millones de personas en necesidad urgente de ayuda humanitaria y entre 60.000 y 150.000 muertos, según las estimaciones disponibles.
Las alianzas internacionales han agravado la crisis. Moscú, que fue uno de los principales proveedores de armas durante el régimen de Al Bashir, respaldó inicialmente a las RSF mediante el Grupo Wagner, atraído por el control del oro en Darfur. Sin embargo, tras la muerte del empresario Yevgueni Prigozhin, el Kremlin ha desplazado su apoyo hacia Al Burhan, interesado en la base naval rusa de Port Sudán, estratégica para su proyección en el mar Rojo.
Por su parte, las RSF cuentan con financiación y armamento procedente de Emiratos Árabes Unidos (EAU), según informes de inteligencia regional. El flujo de oro desde Darfur hacia Dubái y los vínculos personales de Dagalo con el presidente emiratí Mohamed Bin Zayed son piezas clave en esta red. Además, el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia, habría colaborado con las milicias rebeldes facilitando rutas de suministro y apoyo logístico desde su territorio.
El Fasher: la llave del control total de Darfur
Con la toma de El Fasher, las RSF dominan prácticamente toda la región de Darfur, un territorio del tamaño de Francia. Este avance les permite redirigir sus fuerzas hacia el centro de Sudán, en la región de Kordofán, mientras el Ejército intenta reorganizarse para defender Jartum.
Dagalo, consciente del impacto internacional de las denuncias, reconoció públicamente los “abusos” cometidos por sus hombres y anunció una investigación. Sin embargo, para Naciones Unidas y los observadores humanitarios, sus palabras no bastan: las violaciones sistemáticas y los asesinatos por motivos étnicos reproducen los patrones del genocidio de hace dos décadas.
Sudán, una nación ya golpeada por décadas de guerras internas, sanciones y dictaduras, se enfrenta ahora a su peor crisis desde la independencia. El control territorial de las RSF sobre Darfur, su respaldo exterior y la debilidad del Gobierno de Al Burhan auguran una guerra prolongada y cada vez más violenta.