Hasan Nasralá: el clérigo que transformó a Hezbolá y desafió a Israel hasta su muerte

Hasan Nasralá , líder de Hezbolá asesinado por Israel en Beirut. / RR SS
Un ataque aéreo israelí en Beirut terminó con la vida del clérigo que, durante más de tres décadas, fue la figura más prominente de la resistencia chií en la región.

La muerte de Hasan Nasralá, líder del partido-milicia chií Hezbolá, marca un punto de inflexión en el Líbano y en la relación de las fuerzas en el conflicto árabe-israelí. Este viernes, un ataque aéreo israelí en Beirut terminó con la vida del clérigo que, durante más de tres décadas, fue la figura más prominente de la resistencia chií en la región. Sin embargo, su muerte no solo afecta al liderazgo de Hezbolá, sino que podría reconfigurar el equilibrio de poder en Oriente Medio.

Hasan Nasralá, nacido en 1960, escaló en las filas de Hezbolá desde su juventud, posicionándose como un líder que encarnaba la lucha chií contra la ocupación israelí y la influencia occidental en la región. Al asumir la secretaría general de Hezbolá en 1992, tras la muerte de Abbas Moussavi, consolidó al grupo como una organización capaz de equilibrar su componente militar con un creciente rol político en el Líbano. Bajo su liderazgo, la milicia se consolidó como una fuerza influyente en el Parlamento libanés y como un actor decisivo en el entramado político regional, siempre bajo el auspicio de Irán.

Nasralá no solo fue un símbolo de resistencia frente a Israel, sino también un estratega político. Fue capaz de negociar intercambios de prisioneros y mantener a su grupo en la esfera política, lo que le permitió expandir la influencia de Hezbolá más allá del ámbito militar. Su capacidad de combinar retórica populista con acciones concretas, como el acuerdo histórico de intercambio de prisioneros en 2004, le otorgó un estatus casi mítico entre sus seguidores.

Una guerra interminable con Israel

El conflicto con Israel fue un eje central en la vida de Nasralá. Hezbolá nació, en gran medida, como respuesta a la invasión israelí del Líbano en 1982. Desde entonces, el grupo chií ha protagonizado algunos de los ataques más notorios contra objetivos israelíes y occidentales. El atentado de 1983 contra las fuerzas estadounidenses y francesas en Beirut, que dejó 241 marines y 58 paracaidistas muertos, fue un claro mensaje de la naturaleza implacable de la lucha de Nasralá contra las potencias extranjeras que apoyaban a Israel.

Durante su liderazgo, Hezbolá se enfrentó a múltiples ofensivas israelíes, entre ellas la “Operación Uvas de la Ira” en 1996 y la guerra de 2006, en la que Nasralá emergió como una figura invulnerable a los ataques israelíes. Tras cada enfrentamiento, Hezbolá y Nasralá lograron mantener su postura combativa, consolidando su imagen de resistencia. La habilidad de Nasralá para sobrevivir a estos ataques le otorgó un aura de invencibilidad, hasta ahora.

Un actor clave en la política regional

El apoyo de Irán fue crucial para Nasralá y Hezbolá. Desde la revolución iraní de 1979, la República Islámica ha financiado y armado al grupo, utilizándolo como una pieza clave en su estrategia de proyección de poder en la región. Nasralá fue siempre un aliado fiel de Teherán, apoyando la causa iraní en Siria al intervenir en la guerra civil en favor del régimen de Bashar al Asad.

La participación de Hezbolá en la guerra de Siria, luchando junto al régimen contra los rebeldes, fue un movimiento arriesgado pero clave para mantener la influencia iraní en el Levante. Aunque esta intervención desgastó al grupo, Nasralá supo justificarla como parte de una lucha más amplia contra Israel y sus aliados.

Ahora, la desaparición de Nasralá deja un vacío de liderazgo que se espera sea difícil de llenar. Hezbolá es una organización jerárquica y fuertemente estructurada, pero su figura era única, tanto por su capacidad de movilizar a sus seguidores como por su habilidad para negociar y consolidar alianzas. Aunque el grupo ha prometido continuar con su "yihad" contra Israel, la muerte de Nasralá debilita su cohesión interna y abre interrogantes sobre su capacidad para seguir siendo una fuerza decisiva en el Líbano y la región.

Israel ha presentado la muerte de Nasralá como una victoria en su lucha contra el terrorismo. Sin embargo, el legado de Nasralá no desaparecerá con su muerte. Su figura seguirá siendo un símbolo de resistencia para muchos, y es probable que su fallecimiento no detenga la actividad de Hezbolá, al menos en el corto plazo. A largo plazo, sin embargo, la falta de una figura de su calibre podría generar divisiones dentro del movimiento.

Un futuro incierto para Hezbolá

El futuro de Hezbolá es incierto. Si bien la organización ha sobrevivido a múltiples crisis, la muerte de Nasralá podría ser un catalizador para cambios internos. Irán seguirá siendo un actor clave, pero la capacidad del próximo líder de Hezbolá para mantener la cohesión interna, en un Líbano fracturado y bajo una constante presión internacional, será crucial para su supervivencia.

En conclusión, la muerte de Hasan Nasralá representa el fin de una era para Hezbolá y un momento crítico para la resistencia chií en la región. Mientras Israel celebra su desaparición, el futuro de la milicia libanesa dependerá de cómo sus sucesores gestionen su legado y la presión creciente de sus enemigos en un entorno regional cada vez más volátil. @mundiario