La Generación Z derriba otro Gobierno: las protestas anticorrupción buscan un cambio en Bulgaria

Rosen Zhelyazkov, primer ministro de Bulgaria. / Consejo Europeo
A menos de un mes después de adoptar el euro, las masivas manifestaciones provocaron la caída de la inestable coalición del primer ministro Rosen Zhelyazkov, en una confrontación frontal con el sistema político búlgaro.

La dimisión en bloque del Gobierno de Bulgaria, apenas once meses después de haber asumido el poder, marca un nuevo capítulo en la creciente influencia política de la Generación Z. Jóvenes organizados, conectados digitalmente y hastiados de décadas de corrupción estructural se convirtieron en el detonante final de un Ejecutivo debilitado desde su nacimiento. Lo que comenzó como un rechazo al Proyecto de Presupuesto para 2026 terminó convirtiéndose en una contestación frontal al sistema político búlgaro.

El gabinete del primer ministro Rosen Zhelyazkov, formado por el partido conservador GERB, el Partido Socialista Búlgaro (BSP) y el populista ITN, nació en minoría y bajo la sombra de seis mociones de censura en menos de un año. La inestabilidad no era un accidente, sino el síntoma de un país atrapado en un ciclo electoral interminable: Bulgaria se dirige hacia sus octavas elecciones desde 2021.

La coalición, unida más por necesidad que por afinidad, se presentaba como un puente hacia la estabilidad. Sin embargo, la presencia indirecta de figuras controvertidas como Boiko Borisov, líder del GERB, y Delian Peevski, oligarca sancionado por Estados Unidos y Reino Unido, erosionaba cualquier legitimidad interna. Aunque no formaban parte del gabinete, su influencia en decisiones estratégicas, en la judicatura y en los medios era ampliamente reconocida por analistas y denunciada por los manifestantes.

El Proyecto de Presupuesto para 2026 fue el punto de inflexión. Este plan, destinado a ser el primero elaborado completamente en euros ante la inminente entrada del país en la zona euro en enero de 2026, contemplaba subidas de impuestos, cotizaciones y endeudamiento. Pero lo que indignó a la ciudadanía no fueron las cifras en sí, sino la sospecha de que el presupuesto encubría prácticas corruptas y buscaba afianzar redes clientelares dentro del aparato estatal y de seguridad.

Aunque el Ejecutivo retiró el texto tras las primeras protestas, la calle ya había cambiado de objetivo: el problema no era un documento, sino la estructura que lo producía.

La Generación Z como fuerza política: el nuevo rostro del descontento

Las protestas comenzaron en Sofía, pero rápidamente se expandieron por todo el país. La Generación Z —estudiantes, profesionales jóvenes y ciudadanos conectados mediante redes sociales y plataformas de protesta— tomó la delantera con una capacidad de movilización inédita. Más de 100.000 personas, según estimaciones de las agencias internacionales basadas en imágenes aéreas, llenaron las calles coreando “¡Dimisión!” y levantando carteles de “¡Estamos hartos!”.

Lo relevante no fue solo la magnitud, sino la diversidad del movimiento: jóvenes liderando, pero acompañados por familias, trabajadores, jubilados y minorías étnicas. La protesta trascendió generaciones, convirtiéndose en una exigencia común de transparencia y limpieza institucional.

Bulgaria ocupa, según Transparencia Internacional, los últimos lugares de la UE en percepción de corrupción, solo por delante de Hungría. El problema no es nuevo, pero sí lo es la falta de avances estructurales, pese a los reiterados avisos de la Comisión Europea sobre la debilidad del Estado de derecho, la limitada independencia judicial y la escasa eficacia de las estrategias anticorrupción.

El desgaste acumulado de sucesivos gobiernos fue convergiendo con el rechazo social a la presencia de Peevski en el poder. Para muchos manifestantes, su influencia simboliza la continuidad de un sistema oligárquico que ha sobrevivido a múltiples ciclos políticos.

La dimisión: un reconocimiento forzado

“Hemos oído la voz de la sociedad”, admitió Zhelyazkov al anunciar la dimisión de su Ejecutivo justo antes de una nueva votación de censura en el Parlamento. El presidente Rumen Radev, conocido por sus posturas prorrusas y críticas hacia el Gobierno, había pedido días antes su renuncia, respaldando abiertamente a los manifestantes.

La caída del gabinete abre ahora un periodo de transición: Radev consultará a los partidos para intentar formar un nuevo Ejecutivo, aunque todo indica que la convocatoria de elecciones anticipadas es inevitable. Serían las octavas en cuatro años, una cifra inédita en la Unión Europea y reflejo del ciclo de inestabilidad que afecta al país.

El momento no podría ser más delicado. Bulgaria se prepara para adoptar el euro el 1 de enero de 2026. Aunque Bruselas mantiene el calendario, la crisis política complica la fase técnica y de credibilidad institucional necesaria para ejecutar el cambio monetario.

A la incertidumbre económica se suma el temor social a un posible aumento de precios tras la adopción de la divisa común, una preocupación muy presente en las protestas. @mundiario