Fumata negra y división: el cónclave más numeroso comienza sin consenso para el nuevo Papa
Más de 45.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro contuvieron el aliento hasta que, finalmente, a las 21.00 horas —con dos horas de retraso sobre el horario previsto— una espesa columna de humo negro emergió de la chimenea de la Capilla Sixtina. La primera jornada del cónclave más numeroso de la historia, con 133 cardenales electores, concluyó sin consenso. El Vaticano no ha dado explicaciones sobre la demora, pero todo apunta a las dificultades logísticas propias de una asamblea inédita, donde 108 cardenales votaban por primera vez.
La señal fue clara y contundente: aún no hay Papa. Ninguno de los candidatos logró alcanzar los 89 votos necesarios (dos tercios del Colegio Cardenalicio), y el proceso continúa este jueves, con cuatro nuevas votaciones programadas, dos por la mañana y dos por la tarde.
El desenlace de esta primera jornada era previsible. Nunca en la historia reciente un pontífice ha sido elegido en la primera votación, y menos aún en un escenario tan polarizado como el actual. La Iglesia Católica llega a esta encrucijada profundamente dividida entre quienes desean seguir la línea reformista de Francisco y quienes claman por una corrección de rumbo hacia posiciones más conservadoras. Lo que ocurre dentro de la Capilla Sixtina, pese al absoluto secretismo, refleja esa fractura.
La jornada ha servido, sin embargo, para que los cardenales tomen el pulso real del equilibrio de fuerzas. Las conversaciones informales en la residencia de Santa Marta, tras la votación, marcan el inicio de una nueva fase: la de los cálculos, pactos y cesiones.
El fantasma del estancamiento y la búsqueda de consensos
Si la elección no se resuelve este jueves, el proceso empezará a parecerse peligrosamente a los largos cónclaves del siglo XX. En 1958 y 1978, por ejemplo, fue necesario buscar candidatos de segunda línea, figuras de consenso que no encabezaban las quinielas, pero lograron unir al Colegio Cardenalicio. Todo indica que algo similar podría ocurrir ahora, si los bloques enfrentados no ceden.
El caso de Pietro Parolin, secretario de Estado y uno de los favoritos, es paradigmático. Se le atribuyen en torno a 40 votos de base, un sólido punto de partida que podría ser suficiente si logra sumar apoyos con rapidez. Pero si las votaciones se prolongan, su estrella podría apagarse, como tantas otras antes. Lo mismo ocurre con una lista extensa de papables: Matteo Zuppi, Pierbattista Pizzaballa, Jean-Marc Aveline, Mario Grech, Pablo Virgilio David, Luis Antonio Tagle, Cristóbal López, Ángel Fernández... hasta 30 nombres han circulado en las últimas semanas, muchos de los cuales podrían desvanecerse este mismo jueves.
Unidad o cisma: una elección trascendental para el rumbo de la Iglesia
Más allá de las cifras, el verdadero dilema es teológico y pastoral. La pugna no solo es por un nombre, sino por una visión del futuro de la Iglesia. El pontificado de Francisco ha provocado una ola de transformaciones, pero también resistencias ferozmente organizadas. La elección del nuevo Papa puede ser la confirmación de ese camino o el inicio de una etapa de reversión. Entre ambas opciones se abre una posibilidad aún más peligrosa: el cisma.
No es casual que el decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re, haya insistido en su homilía previa al cónclave sobre la necesidad de mantener la unidad. “Es fuerte la llamada a mantener la unidad de la Iglesia en la senda trazada por Cristo a los apóstoles. La unidad de la Iglesia es querida por Cristo; una unidad que no significa uniformidad, sino una firme y profunda comunión en la diversidad, siempre que se mantenga en plena fidelidad al Evangelio”, rezó el cardenal italiano. Pero si el humo sigue siendo negro, el mensaje que llegará al mundo será otro: el de una Iglesia sin brújula, atrapada en sus propias contradicciones.
Las señales ya son claras: los bloques existen, las posiciones son firmes, y el consenso no será fácil. Solo una decisión generosa, basada en el bien común y no en las estrategias de poder, podrá evitar que este cónclave entre en la historia no por su resultado, sino por su división. @mundiario