Un freno judicial a la reforma electoral de Trump: ¿qué alcance tiene el plan del presidente?

Donald Trump y "su Biblia". / RR.SS
Una jueza federal ha bloqueado parcialmente la orden ejecutiva que busca reformar el sistema electoral de EE UU, que, de prosperar, simplificaría la centralización de los procesos democráticos del país.

El debate sobre la integridad y el control del sistema electoral en Estados Unidos ha escalado un nuevo peldaño. Esta vez, por cuenta de un fallo de la jueza federal Colleen Kollar-Kotelly (Distrito de Columbia) que detuvo parcialmente el intento del presidente Donald Trump de reformar cómo se llevan a cabo las elecciones federales en el país. El fallo bloquea de forma inmediata una de las medidas más controvertidas: el requisito de prueba de ciudadanía para registrarse como votante a través del formulario federal.

En una extensa resolución de 120 páginas, la jueza del distrito de Washington concluyó que la administración Trump no tenía autoridad para imponer unilateralmente tales reformas, argumentando que, según la Constitución, las reglas electorales son competencia exclusiva de los estados y del Congreso. De este modo, detuvo temporalmente el requisito de prueba de ciudadanía y la obligación de verificar el estatus migratorio de los beneficiarios de programas de asistencia pública como condición para acceder al formulario federal de registro electoral.

La jueza sostuvo que esta medida podría causar "un daño irreparable" a los votantes y organizaciones que promueven la participación cívica, y añadió que el gobierno federal presentó “casi ninguna defensa sustancial” del decreto presidencial.

Aunque la decisión judicial representa un revés para los planes de Trump, no invalidó la totalidad del decreto. La jueza permitió que sigan vigentes otras disposiciones, como la de exigir que todas las boletas enviadas por correo lleguen antes del día de las elecciones —una medida que ha generado controversia por sus posibles efectos sobre los votantes en zonas rurales o con servicios postales lentos.

Tampoco se bloqueó la orden de abrir ciertas bases de datos a la recientemente creada Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), encabezado por Elon Musk, con el objetivo de examinar listas de votantes y detectar posibles casos de no ciudadanos registrados. Sobre este punto, la jueza consideró que los argumentos presentados eran prematuros o deberían ser planteados por los estados directamente.

La reforma de Trump: ¿en qué consiste?

La orden ejecutiva firmada en marzo por Donald Trump plantea una transformación significativa del sistema electoral estadounidense. Aunque presentada bajo la bandera de fortalecer la confianza en las elecciones, ha sido criticada por opositores que la consideran una maniobra para restringir el acceso al voto.

Uno de los ejes centrales de su plan es la implementación de un requisito que obligue a los votantes a demostrar su ciudadanía al registrarse para votar en las elecciones federales. Aunque esta medida se presenta como un esfuerzo por asegurar la integridad del voto, los críticos argumentan que podría resultar en la exclusión de un número significativo de ciudadanos, especialmente aquellos de comunidades minoritarias que enfrentan dificultades para acceder a la documentación necesaria.

Otro aspecto controvertido de la propuesta es la participación del sector privado en el análisis de datos electorales. Si bien la colaboración con empresas tecnológicas podría ofrecer soluciones innovadoras para mejorar la eficiencia y la seguridad del proceso electoral, también genera preocupaciones sobre la privacidad de los datos y la posibilidad de manipulación. La intervención del sector privado en un ámbito tan crítico como el electoral podría erosionar la confianza pública en la imparcialidad del proceso.

Además, está la sugerencia de Trump de reducir las atribuciones de la Comisión de Asistencia Electoral (EAC), lo que plantea un debate sobre el equilibrio de poder en la gestión electoral. La EAC ha desempeñado un papel crucial en la supervisión y asistencia a los estados en la administración de elecciones. Al proponer que el gobierno federal asuma más responsabilidades en áreas tradicionalmente manejadas por esta agencia independiente, se corre el riesgo de centralizar decisiones que deberían ser gestionadas de manera descentralizada, lo que podría llevar a una mayor politización del proceso electoral.

Desde la perspectiva de la administración Trump, estas medidas buscan frenar el "fraude electoral" y restaurar la confianza del electorado. Sin embargo, los críticos argumentan que no existen pruebas de fraude generalizado en elecciones anteriores, y que los cambios podrían marginar a sectores vulnerables, como personas con bajos ingresos, ciudadanos que recientemente cambiaron su nombre o dirección, y votantes sin fácil acceso a documentos oficiales.

Reacciones encontradas

Los grupos demandantes, entre ellos el Comité Nacional Demócrata (DNC) y organizaciones de derechos civiles como la League of Women Voters, celebraron el fallo como una victoria parcial para los derechos electorales. Aria Branch, abogada del DNC, destacó que implementar el requisito de ciudadanía habría dificultado la labor de registro en comunidades diversas y con menos recursos.

Por su parte, la Administración Trump y el Departamento de Justicia expresaron su decepción. Harmeet Dhillon, subsecretaria de Derechos Civiles, defendió el plan del Gobierno y afirmó que "pocas cosas son más sagradas para una sociedad libre o más esenciales para la democracia que la protección de sus sistemas electorales".

Implicaciones a corto y largo plazo

Este fallo no significa el fin del plan de Trump. Otras demandas están en curso, y varios estados —como Washington y Oregón, que celebran elecciones 100 % por correo— ya han presentado demandas paralelas. La decisión de Kollar-Kotelly, sin embargo, establece un precedente claro sobre los límites del poder presidencial en materia electoral.

Además, el caso subraya una peculiaridad del sistema estadounidense: a diferencia de otros países, EE UU no cuenta con un organismo federal centralizado que organice las elecciones. En su lugar, los procesos están descentralizados y dependen de cada estado y miles de jurisdicciones locales. Esta fragmentación complica cualquier intento de reforma amplia desde el Ejecutivo federal.

El fallo judicial representa una victoria para quienes defienden un acceso amplio y equitativo al voto, pero también deja abiertas varias avenidas para que el plan de Trump siga avanzando en otras formas. El litigio evidencia la continua polarización en torno al sistema electoral y plantea preguntas fundamentales sobre la distribución del poder en la democracia estadounidense.@mundiario