Europa no sueña: Francia y España replican a Rutte y reabren el debate sobre un Ejército europeo

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto al presidente de EE UU, Donald Trump. / Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos
El escepticismo del secretario general de la OTAN sobre la capacidad de los países europeos para defenderse sin EE UU en el futuro han provocado el rechazo de los gobiernos de Sánchez y Macron, que defienden avanzar hacia una mayor autonomía estratégica.

Las palabras importan, especialmente cuando proceden del máximo responsable civil de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por eso, el “sigan soñando” con el que Mark Rutte despachó en el Parlamento Europeo la aspiración de que Europa pueda algún día defenderse por sí misma no ha pasado inadvertido. Más allá del diagnóstico —ampliamente compartido de que hoy la UE depende en gran medida de EE UU—, el tono empleado por el ex primer ministro neerlandés ha abierto una brecha política entre los aliados.

Francia y España han sido los primeros en responder. Y lo han hecho desde una posición que no cuestiona la OTAN, pero sí la idea de que la dependencia europea de Washington deba ser permanente o resignada.

Desde París, el ministro de Exteriores Jean-Noël Barrot fue tajante al defender que “los europeos pueden y deben asumir su seguridad. Es algo que le conviene hasta a EE UU. Eso es el pilar europeo de la OTAN”. Es una posición coherente con la línea de autonomía estratégica defendida por el presidente Emmanuel Macron desde hace años y reforzada tras la invasión rusa de Ucrania, una UE incapaz de protegerse a sí misma es una Europa vulnerable política y estratégicamente.

José Manuel Albares ha ido en la misma dirección, pero añadiendo un matiz de defensa común. Para el ministro español de Asuntos Exteriores, aspirar a una soberanía europea en seguridad “no es ningún sueño”, sino una idea fundacional del proyecto comunitario. La Comunidad Europea de Defensa fracasó en los años cincuenta, pero el contexto actual —con un orden internacional en recomposición y una Administración estadounidense cada vez más exigente con sus aliados— ha devuelto vigencia a aquel debate.

Albares insiste en que no existe contradicción entre reforzar la autonomía europea y mantener la seguridad euroatlántica. Al contrario, una Europa más fuerte reduciría la carga sobre EE UU y haría más creíble y equilibrada la alianza.

El Ejército europeo, de tabú a debate central

La mayor fricción con Rutte llega cuando se aborda la posibilidad de un Ejército europeo. El secretario general de la OTAN considera que esa idea “duplicaría” estructuras, complicaría la toma de decisiones y, en última instancia, beneficiaría a adversarios como Rusia. Francia y España discrepan.

La pregunta que formula Albares resume el dilema estratégico en preguntar si “¿queremos 27 ejércitos europeos o intentamos tener uno solo?”. Para el Gobierno español, mutualizar esfuerzos no debilita a la OTAN, sino que racionaliza el gasto y refuerza la capacidad de disuasión europea.

El debate no es nuevo, pero sí más urgente. La guerra en Ucrania ha evidenciado carencias en logística, munición, inteligencia y capacidades industriales de defensa. Y las reiteradas advertencias de Washington —mucho antes de Donald Trump— sobre el bajo gasto militar europeo han colocado la autonomía estratégica en el centro de la agenda.

Realismo frente a ambición

Las críticas a Rutte no ocultan la realidad incómoda de que hoy Europa no puede defenderse sola en un escenario de alta presión sin el apoyo estadounidense, especialmente en ámbitos como el nuclear, el espacial o la inteligencia estratégica. Así lo reconocen incluso voces europeístas dentro del Parlamento Europeo, que hablan de una “ventana de oportunidad” de varios años para reducir esa dependencia.

Pero reconocer esa limitación no implica aceptar que el objetivo sea inalcanzable o indeseable. La irritación francesa y española nace precisamente de esa diferencia, Rutte parece clausurar el debate, mientras que varios Estados miembros lo consideran inevitable.

El cruce de declaraciones revela algo más profundo que una discrepancia puntual. Refleja la tensión entre una OTAN cada vez más marcada por las prioridades estadounidenses y una Unión Europea que busca definir su papel en un mundo más inestable y menos predecible. También evidencia el desgaste político de una relación transatlántica que ya no se basa en certezas automáticas.

En ese contexto, Francia y España defienden que aspirar a una defensa europea propia no es ingenuidad, sino pragmatismo estratégico. No se trata de romper con Estados Unidos, sino de dejar de depender exclusivamente de él. Europa, sostienen, no está soñando: está reaccionando a un mundo que ha cambiado. @mundiario