Europa se implica en la guerra de Oriente Próximo: bases abiertas a EE UU tras el ataque de Irán

Donald Tusk, Volodímir Zelenski, Keir Starmer, Emmanuel Macron y Friedrich Merz hablan por teléfono con Donald Trump. / @ZelenskyyUa.
El envío de aviones de combate, fragatas y sistemas antidrones a Chipre, junto con la autorización portuguesa para utilizar la base de Lajes en las Azores, marca un punto de inflexión en la implicación europea en la guerra entre Irán, Israel y Washington.

La guerra en Oriente Próximo ya no es un conflicto lejano para Europa. El ataque con drones atribuido a Irán contra una base británica en Chipre ha precipitado una respuesta coordinada de varios países europeos que, sin entrar formalmente en combate, han dado pasos concretos hacia una implicación directa en la seguridad regional.

El despliegue de cazas, helicópteros antidrones y buques de guerra en el Mediterráneo oriental, así como la autorización de Portugal para que Donald Trump use la base aérea de Lajes bajo condiciones específicas, dibujan un nuevo escenario estratégico para la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha avalado públicamente la ofensiva de EE UU e Israel contra Irán. Durante una visita a Macedonia del Norte, aseguró percibir “un amplio apoyo en Europa” a la eliminación de la capacidad nuclear y balística iraní.

Rutte subrayó que la Alianza no está implicada directamente en la campaña militar, pero sostuvo que una Irán con capacidad nuclear supone “una amenaza existencial para Israel” y también para Europa. Sus palabras evidencian un alineamiento político dentro de la OTAN, aunque no todos los socios comparten el mismo grado de compromiso operativo.

El punto de inflexión llegó con el ataque a instalaciones británicas en Chipre, donde el Reino Unido mantiene bases soberanas como Akrotiri. La respuesta fue inmediata, Londres anunció el envío de helicópteros antidrones y el despliegue de un destructor de defensa aérea en la región.

Chipre, primera línea europea

Atenas, por su parte, reforzó la defensa de la isla con cuatro cazas F-16 y dos fragatas, una equipada con sistemas antidrones y otra con misiles antiaéreos de largo alcance. El ministro de Defensa griego, Nikos Dendias, afirmó que Grecia “seguirá presente” para proteger a la República de Chipre. Además, instaló baterías Patriot en la isla de Cárpatos para blindar el flanco suroriental.

Francia también envió medios militares, consolidando un eje de cooperación bilateral que, de momento, evita activar formalmente el artículo 42.7 del Tratado de la UE —la cláusula de asistencia mutua— pero que en la práctica materializa solidaridad militar. Nicosia, además, ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, se enfrenta así a una paradoja.

En paralelo, Portugal autorizó a EE UU a utilizar la base aérea de Lajes, en las Azores, tras el inicio de la ofensiva. El ministro de Exteriores, Paulo Rangel, precisó que la autorización está sujeta a tres condiciones: carácter defensivo, necesidad y proporcionalidad, y limitación a objetivos militares.

Unos cinco aviones de reabastecimiento KC-46 Pegasus despegaron desde Lajes, reforzando la logística estadounidense en el teatro de operaciones. Lisboa insistió en que no participa en el conflicto, pero la decisión evidencia una voluntad de cooperación estratégica distinta a la de otros socios europeos más reticentes a ceder sus instalaciones militares.

Europa entre la cohesión y la fragmentación

La implicación europea responde a tres vectores de preocupación. El primero es la seguridad directa, la proliferación de drones de largo alcance convierte el Mediterráneo oriental en una zona de riesgo tangible para territorio comunitario.

El segundo es energético. La escalada bélica ya ha tensionado los mercados de gas y petróleo, con subidas significativas en los precios mayoristas. Europa, aún marcada por las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania, teme un nuevo shock energético.

El tercero es migratorio y geopolítico. Un conflicto regional ampliado podría desestabilizar aún más Oriente Próximo y desencadenar nuevos flujos de refugiados hacia el continente, en un momento de endurecimiento del debate político interno sobre inmigración.

Sin embargo, más allá de los movimientos militares, la Unión Europea no ha logrado articular una posición unificada clara sobre la legitimidad o conveniencia de los ataques contra Irán. Algunos gobiernos han expresado apoyo explícito; otros han optado por la prudencia o la crítica indirecta, como el de España. Esa falta de cohesión estratégica es, quizá, el elemento más revelador de esta crisis. @mundiario