El régimen de Argelia se refuerza después de las revueltas democráticas

Abdelmadjid Tebboune presidente de Argelia. / RR.SS
Abdelmadjid Tebboune presidente de Argelia. / RR.SS
Han pasado cinco años desde el estallido social del Hirak. La consolidación del régimen y las detenciones a opositores llaman la atención de las organizaciones de derechos humanos.
El régimen de Argelia se refuerza después de las revueltas democráticas

El reciente informe de Amnistía Internacional revela que la represión de los últimos vestigios del Hirak ha llevado a la detención de numerosos opositores y disidentes en el país. Cinco años después del estallido de dicho movimiento social en Argelia, el régimen argelino se muestra consolidado, aunque enfrenta desafíos persistentes en cuanto a libertades individuales y democracia.

Esta situación contrasta con la rara apertura al mundo que se vivió durante una cumbre de Estados exportadores de gas, donde el presidente Abdelmayid Tebún recibió a mandatarios de varios países como Irán, Rusia y Venezuela sin confirmar aún su candidatura a la reelección.

El Hirak surgió hace cinco años como respuesta a la intención del entonces presidente Abdelaziz Buteflika de buscar un quinto mandato, quien se encontraba gravemente enfermo y llevaba un tiempo retirado de la visibilidad pública, lo que desencadenó protestas masivas exigiendo un Estado de derecho "civil y no militar que luche contra la corrupción". Aunque estas manifestaciones llevaron a la retirada de la candidatura de Buteflika, la movilización continuó en busca de una Argelia libre y democrática.

Sin embargo, la pandemia interrumpió las manifestaciones en 2020 y, cuando se reanudaron en 2021, fueron reprimidas por las autoridades bajo el pretexto de atentar contra las instituciones. Esto ha generado preocupación entre organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, que exigen la liberación de los detenidos y el respeto a los derechos fundamentales.

A pesar de estos desafíos, el modelo de Estado protector implantado en Argelia desde su independencia en 1962 ha sido reforzado por el aumento de los precios de las exportaciones de hidrocarburos. Sin embargo, voces críticas como la del exministro y diplomático Abdelaziz Rahabi advierten sobre las limitaciones de este modelo, especialmente en cuanto a la distribución equitativa de la riqueza y el control de la corrupción.

“El aumento de los ingresos de la energía se ha visto compensado por el coste de materias primas como el trigo o las importaciones de medicinas. Todo se ha vuelto caro, no solo el gas”, enfatiza. “Las protestas pacíficas no recibieron apoyo de las democracias occidentales y suscitaron temor entre los regímenes autoritarios árabes”, afirmó el que alguna vez fue embajador de Argelia en España.

En el ámbito político, la sociedad argelina comienza a vislumbrar una posible alternativa al régimen actual, con la aparición de figuras como Zubida Assul, líder del partido Unión Para el Cambio y el Progreso, quien ha anunciado su candidatura presidencial como una opción frente a la hegemonía de Tebún.

En medio de este contexto, la inauguración de la Gran Mezquita de Argel por parte del presidente Tebún simboliza el intento del régimen de mostrar estabilidad y prosperidad. Sin embargo, para muchos observadores, la represión y el retroceso en materia de libertades individuales y de expresión es evidente, lo que plantea desafíos importantes para el futuro político de Argelia. @mundiario

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